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We all have memories - E.G. Macmillan

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Mensaje hechizo realizado el Vie Jun 26, 2015 2:05 am


EALASAID
22 años.

IMPORTANTE.
Expediente - E.G. Macmillan

Gringotts - The money

Cronología - Day by day

Lechucería - Aggie
Eala.

Tan frágil y delicada puede parecer, igual que la flor del desierto al florecer. Más valdría poner atención, a quien fascinación siente por las artes oscuras y su aplicación.

Rompemaldiciones
MACMILLAN


© fleur

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Mensaje hechizo realizado el Vie Jun 26, 2015 2:06 am

Espacio para Eggie

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Mensaje hechizo realizado el Vie Jun 26, 2015 2:07 am


Y entonces me pidió que fuera su novia

El mejor viaje de mi vida, muchos dirán que estoy exagerando pero no hay otro calificativo. Había hecho muchos viajes con anterioridad, con mi familia, con mis amigos cuando me graduamos de Hogwarts y después gracias al trabajo, ninguno se puede comparar mínimamente a lo que sucedió en Camerún. Ninguno.

Cuando conocía a Beon jamás pensé que llegaríamos a este punto, era mi segunda semana en el Cairo y mientras lidiaba con el calor infernal del desierto y con el idioma, él se apareció de la nada. Una gota de agua fresca en los labios resecos del infierno, un oasis en el desierto. La sonrisa que me dedicó ese día jamás la olvidaré, ni que me ayudó a anudar la bandolera que se había enmarañado con el resto de mi cabello.

El resto pasó tan pronto y tan lento al mismo tiempo que es un sube y baja de emociones en cada recuerdo, me toca admitir que soy incapaz de siquiera ponerle un nombre a todo lo que sucedió, lo más apropiado (y también lo más cliché) sería admitir que sentía dragones en el estómago cada que lo veía entrar a la habitación. Una combinación fascinante entre quedarme sin respiración y sentir el corazón bombeando sangre caliente por todo mi cuerpo cuando pronunciaba mi nombre.

Después de meses saliendo llegó la pregunta mas no la pregunta que yo había estado esperando. ”¿Te gustaría conocer Camerún?”, me preguntó de repente mientras jugueteaba con los dedos de mi mano y revolvía su bebida. La pregunta me tomó por sorpresa, el corazón habla mucho más rápido que la mente y antes de que pudiera ser consciente de mis actos, ya había aceptado la invitación con más emoción en mi voz de la esperada. Y entonces nos embarcamos.

Tomamos un translador del Cairo a Yaundé, la capital de Camerún y después hicimos el resto del trayecto sin magia. ”Estamos acostumbrados a sus comodidades”, me dijo Beón ”Que no vemos más allá de nuestra realidad”. El calor era mucho más húmedo que en Egipto pero igual de molesto para alguien que está acostumbrado a la neblina y lluvias constantes, las incomodidades fueron varias y bastas a lo largo del camino pero intenté no quejarme demasiado, él siempre intentaba hacerlo más fácil para mí. Siempre he admirado (y me ha gustado) esa parte de su personalidad, su capacidad de dejar de lado a sí mismo para ver por el resto, su empatía inigualable y sus inmensas ganas de hacer este mundo un lugar mejor con pequeñas acciones, concientizando al resto de las personas de la realidad y no sólo del bonito espejismo en el que vivimos. A veces siento que me lleva más de un par de años, es como si Beon fuera un anciano encerrado en el cuerpo de un veinteañero, lo notas en cuanto observas sus ojos oscuros mirándote con una profundidad capaz de taladrarte el alma, me hace sentir pequeña y no en el mal sentido, sino que aún me faltan muchas cosas a las que enfrentarme. Y con él a mi lado no puedo esperar por descubrirlas una a una.

Los paisajes son excepcionales, tanto en la naturaleza como en la urbanidad del país, resultaba un poco incómodo sentir las miradas de todos sobre mi nuca. Estaba en un mundo en el que mi normalidad era la ruptura de su monotonía, comenzando con el color de piel que resaltaba sin querer llamar la atención. Beon siempre se rió de mí por mis deseos de ser menos blanca a lo largo del viaje, pero yo no quería sentirme una turista con sus shorts y sus botas de cuero que iba por los terrenos intentando hacer un libro de aventuras, quería sumergirme en su cultura, en sus tradiciones y en su pensamiento. El color de mi piel era una barrera bastante fuerte, un recordatorio de su paso y de quiénes habían hecho tanto daño a algunas partes de África que la repulsión hacia mi persona era comprensible.

La primera parada fue en el reino de Bana, Beon estaba haciendo una investigación sobre las concepciones de la hechicería, o brujería, en las tribus africanas en la zona. Era su tercer viaje a Camerún por lo que estaba mucho más familiarizado en el entorno que yo, pacientemente me explicaba (y también traducía) cuando salía de mis conocimientos, intentaba con tanto esfuerzo recordar cada una de sus palabras, sobre todo en cuanto a protocolos se trataba porque no deseaba se le cerraran oportunidades por mi comportamiento. Las tribus bamilekes son muy peculiares respecto a la magia, a grandes rasgos piensan que se transmite por el vientre materno y cuando son sometidos los supuestos “brujos”, las madres también perecen por llevar la maldición en su cuerpo.

Los días de la investigación fueron arduos, un conocedor nativo nos acompañaban, había que ser muy cuidadosos con lo que hacíamos y decíamos, al fin entendí las razones de Beon por acostumbrarme un poco a la vida sin magia, si en ese lugar nos descubrían se cerrarían las puertas para siempre. En ocasiones tuve que quedarme a parte, mientras los líderes de las tribus concedían alguna entrevista, fueron cinco días de intensa convivencia. De levantarnos a sus horas, cumplir con sus ritos y respetar sus costumbres, la concepción de arte es muy distinta a la nuestra, así como la de moda y belleza, el mundo es tan distinto de un lugar a otro que no puedes evitar enamorarte del entorno. Las noches eran lo más complicado, no podíamos levantar barreras mágicas y las chozas eran a penas segura, era sentirse desnudo a la intemperie y no poder mover un dedo para remediarlo; lograba dormitar unas horas cada día pero no descansaba del todo, dormíamos en la pequeña choza que nos habían prestado los de la tribu a las afueras del pueblo, Beon, el guía y yo. Mi cama estaba pegada a una pared lisa completamente y justo de inmediato estaba la de él, encerrándome entre la naturaleza muerta de la pared y su presencia, al final era la única forma en la que lograba sentirme segura. El guía dormía en el otro extremo y aunque la puerta se atrancaba nada aseguraba que permanecería cerrada toda la noche.

Por el día era muy distinto, ver a Beon mezclándose con ellos, cambiando sus ropas, usando sus atuendos diarios y comunicándose como si ese fuera el lugar al que había pertenecido toda su vida fue lo que me hizo darme cuenta. No sólo lo admiraba, no sólo me gustaba… estaba enamorada de él. De su sencillez, de su calidez, de su forma de ver el mundo, de la magnífica persona que era y el corazón me latió con más fuerza de la que jamás había hecho. Guarde silencio porque la sensación era nueva, necesitaba asimilarla, necesitaba entenderla y dejarla crecer en mi corazón.

Salimos de la aldea de la tribu cuando Beon obtuvo toda la información posible, si bien no era tanta como le hubiera gustado era suficiente para continuar con su investigación. Dejó ver la posibilidad de volver a esas tierras en un futuro por lo que había quedado en los mejores términos con el líder de la tribu, esperaba siguiera siendo el mismo para cuando volviera. Y entonces la aventura salvaje comenzó, y salvaje en términos de vida porque nos adentramos en una flora y fauna que había visto únicamente en fotografías.

A partir de ahí nos deshicimos del guía, el egipcio conocía perfectamente a dónde teníamos que ir y nos iría bien liberarnos un poco de la escrupulosa vista de un hombre que veía la magia como la peor de las maldiciones del mundo. Camerún tiene parques nacionales con reservas de animales impresionantes, anduvimos en autobuses recorriendo una a uno, sacando fotografías (muggles por supuesto) de todo lo que había a nuestro alrededor. Comenzó una fusión de vida en la que lo ordinario se fundía con la magia para crear algo extraordinario o quizás sólo se debía a que estaba absorta en mi acompañante que todo lo que hacíamos me parecía increíble.

Anduvimos de la mano por todos los rincones que visitábamos, compartíamos de nuestra comida y reíamos. Si había creído que recorrernos todos los parques naturales había sido un sueño, el verdadero sueño llegó cuando dejamos atrás la poca urbanidad y nos adentramos en las maravillas de Camerún.

Ebodje es un puerto de pescadores ubicado muy cerca de Kribi en la costa Atlántica, si bien es popular por sus preciosos paseos marítimos, nada más basta alejarse un poco de lo turístico para disfrutar realmente de sus bellezas. Beon me llevó costa arriba, hacia donde la gente va poco estar a la salida del pueblo. No hay casi nada de urbanización ahí y eso es lo que le da la privacidad, esa noche tenían programada una lluvia de estrellas, la oscuridad de la noche propiciaba a un manto de cielo regado por incontables de los astros, más fuertes y deslumbrantes como nunca jamás había visto en la vida, ahí donde se girara el rostro se veían salpicadas en el fondo oscuro.

Llevábamos una tienda de campaña, frazadas y cosas para el interior además de unos mapas astrales que habíamos conseguido en el Ebodje. La noche cayó sobre la playa una vez que estuvimos instalados, realizamos varios encantamientos de protección así como los correspondientes para repeler a los muggles, simplemente no queríamos que nadie nos molestara durante el espectáculo nocturno. Extendimos mantas sobre la arena y nos tumbamos sobre nuestra espalda a esperar, las primeras estrellas comenzaron a caer en el horizonte, fugaces, rápidas, estableciendo un preludio a lo que vendría después.

Seguíamos tendidos en el más absoluto silencio, los ruidos de la noche reinaban a nuestro alrededor y llenaban de vida la oscuridad, el mar chocaba contra la arena con su aparente calma eterna. Mis dedos chocaron con los de Beon en un intento de tomar el mapa que había dejado y ahí se detuvieron, olvidaron su propósito y encontraron su lugar entrelazados con los de él. No nos habíamos mirado siquiera y ya me costaba tragar saliva.

De pronto sentí su mirada en mí, después de pensar por largos segundos qué era lo que debía hacer también giré el rostro para encontrarme con sus ojos. ”Me quemo”, me dijo. Comencé a preocuparme demasiado, podía haberse contagiado de alguna enfermedad rara en lo que llevábamos de viaje, a lo mejor no se sentía bien, mil y un historias se formaron en mi cabeza y él debió haber visto mi preocupación porque sonrió y negó con la cabeza. ”Me quemo por besarte”. Su frase resonó en mi cabeza, para muchas chicas será anticuado y poco práctico, Beon y yo llevábamos unos cuatro meses saliendo y a lo largo de ese periodo jamás nos besamos, no por falta de ganas al menos de mi parte pero no soy de las chicas que besa a todos los chicos con los que sale, simplemente no puedo hacerlo y él lo respetó desde un principio, siempre que estábamos muy cerca optaba por apartarme, porque no quería que fuera un beso del momento y ahí muriera. Le devolví la mirada, no tenía a donde ir ni cómo huir, no llegaría ninguno de nuestros compañeros a interrumpirnos y tampoco podía evadir esa declaración. Soltó mi mano y la llevo a mi rostro en una dulce caricia sobre mi mejilla. ”Pero antes necesito saber una cosa”, el corazón me latía como no lo había hecho en años, incluso juraba que se me iba a salir por la garganta si decía alguna palabra, si lo interrumpía. Puedo recordar la ternura en sus ojos, la dulzura de su voz y su suave tacto sobre mi mejilla como si acabara de pasar hace dos segundos. ”Te quiero, Ealasaid Macmillan de Escocia, y quisiera que fueras mi novia”, pronunció cada una de las palabras con una seguridad abrasadora, con su inglés tintado de su lengua materna.

Mi corazón di un vuelco dentro de mi pecho, desanudó mi garganta y despejó todas mis preocupaciones, era la señal que necesitaba para darle permiso a ese sentimiento recién descubierto de inundarme de su calor, porque era correspondido, porque me quería. ”Si quiero, por supuesto que quiero. Y te quiero”, respondí con la emoción brotándome por los poros, sin pensarlo dos veces me incorporé sólo para inclinarme sobre él besarlo sin pedirle permiso. Era más allá de un simple roce de labios, eran todas mis ganas de estar con él porque creía en nosotros en que esto podía llegar a algo y no ser sólo una parada en el camino, Beon era un destino y llegado a él sólo podías quedarte, era trascendente, esas personas que tocan tu alma y la transforman para siempre. Quería ser lo mismo para él, quería ser mejor por él porque no estaba dispuesta a ser sólo una parada en su camino.

El resto de la noche la pasé recostada sobre su pecho, abrazándolo, besándolo (porque no podía dejar de hacerlo), durmiendo uno a lado de otro. Quizás esto es lo que más alarmaría a todos, a mis padres, a mis amigos, dormir con tu pareja el mismo día en que acaban de formalizar su relación pero se sentía tan bien, se sentía tan correcto que ni siquiera me preocupe por ello. Beon es un caballero con todas las personas a su alrededor por lo que esa noche sólo dormimos abrazados el uno del otro, compartiendo un mismo espacio. Un acto mucho más íntimo de lo que podría ser un encuentro carnal.

Regresé con más de lo que tenía de ese viaje, no sólo con el corazón inundado de esperanza y cariño hacia mi novio (aún suena rara esa palabra para describirlo), sino por todas las enseñanzas que fui descubriendo del mundo. Beon me cambió la vida desde el instante mismo en el que lo conocí, incluso sin saberlo, y quiero seguir ese camino. No sé a dónde llevará pero muero por saberlo, en ser mejor, en crecer con él.

Beon & Eala, vacations 2020




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