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Flashback || Pretty Hurts [Blaine Z]

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Mensaje hechizo realizado el Vie Jun 26, 2015 4:41 am

Pretty Hurts

El silencio solo indicaba que estaba más sola que nunca. Ni siquiera el sonido de su respiración le ofrecía la posibilidad de estar viva realmente. Se estaba cayendo a pedazos, incluso más que otras veces. El sentimiento de estar rota era bastante fuerte que no había forma de expresar el dolor que sentía.

"Querido Diario:
"Vengo de la nada, vivo en lo ilógico y voy a lo desconocido"
¿Alguna vez te has sentido como una bolsa de plástico a la deriva en el viento, queriendo empezar de nuevo? ¿Alguna vez te has sentido, tan delgada como el papel, como un castillo de cartas, a solo un soplido de caer? ¿Alguna vez te has sentido ya profundamente enterrada, gritando a 6 pies bajo tierra pero nadie parece escuchar una palabra?. Yo sí

¿Alguna vez sientes que no puedes más? ¿Alguna vez te sientes fuera de lugar? Como algo a lo que no perteneces y nadie te entiende. ¿Alguna vez haz quieres salir corriendo? ¿Te encierras en tu habitación con la radio encendida tan alta que nadie te escucha gritar?. Yo sí

¿Alguna vez te haz sentido más solo que nunca? ¿Alguna vez te haz sentido herido y perdido? ¿Te haz sentido abandonado en la oscuridad? ¿Expulsada? ¿Estar al filo de romperte y nadie esta ahí para salvarte? No, tú no sabes cómo es. Bienvenido a mi vida"


Dejo el diario a un costado, sintiendo aun el dolor en las muñecas manchadas de rojo carmesí. Había una navaja a un costado y sangre alrededor, pero eso no parecía de mayor importancia. Myrtle la llorona la miraba desde una esquina, con un gesto indescriptible, parecía estarse decidiendo entre la burla y la empatía—¿Qué miras, Sangre sucia?—ladró Piper haciendo uso de su metamorfomagia para hacer aparecer unas venas en su rostro, los ojos inyectados en sangre y unos pequeños colmillos, como si fuera un vampiro. Myrtle lanzó un grito de frustración antes de desaparecer de la escena y dejar ahora sí a Piper sola. El dolor de las muñecas no era nada comparado con el dolor emocional, psicológico que sentía.

Aunque bueno, no era la primera vez que le pasaba algo así. De uno tiempo para acá había empezado a usar un montón de pulseras que le cubrieran las muñecas. Incluso el tatuaje que tenía en la muñeca-uno de un atrapa sueños con una frase-había quedado desfigurado a causa de los cortes. Una vez más se observó las muñecas. Había un poco de sangre seca, pero lo que más llama la atención no estaba precisamente ahí, sino en su brazo derecho. La palabra "Perfect" resaltaba en la carne viva—Bien hecho Piper, una recaída de nuevo—re prendió a si misma. "Te dije que siempre habías sido una débil" escuchó en su cabeza la voz de Rebekah. Y era ella otra de las razones por las cual se auto destruía. A veces tus demonios te piden un infierno más grande..
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Mensaje hechizo realizado el Lun Ago 17, 2015 4:01 pm

Pretty Hurts

Ajenjo, asfódelos, raíces de valeriana, pereza cerebral, judía soporífera y doce granos de sopóforo, un caldero de peltre, el pequeño calentador, el cuchillo, el palillo para revolver y el pequeño pañuelo de seda para limpiarse las manos. Blaine repasaba mentalmente la lista de los ingredientes e instrumentos que se necesitaban para preparar la poción de los muertos en vida mientras caminaba hacia su destino. Habían aprendido a hacerla en sexto año, sí, y sin embargo, era muy difícil de realizar. Necesitaba practicarla, de hecho siempre que tenía un rato libre, tomaba su set de pocionista y subía al segundo piso, a ese baño abandonado de mujeres, para ejercitar sus habilidades. Era un lugar silencioso, apacible, al que nadie iba por miedo a Myrtle la Llorona. Lo cierto es que al principio si resultaba un poco molesta, pero si se ignoraba sus sollozos y quejas iniciales, al cabo de un rato se escapaba por esos inodoros que eran su hogar. Y bueno, ya llevaba más de tres años con aquella rutina, así que la fantasma gorda y fea apenas se aparecía. Ese lugar era suyo y sólo suyo por un par de horas.

Con ese pensamiento en mente destrabó la pesada puerta de madera y se infiltró en los espaciosos baños. En otro tiempo, debieron tener un aspecto grandioso, con esos enormes lavabos de mármol y los ornamentados espejos de las paredes. Sin embargo, después de tantos años de desuso, el óxido había infestado las tuberías de plata y los azulejos de las piscinas estaban verdosos de tanto moho. Blaine tenía que controlar sus demonios internos para no ponerse a lanzar fregotegos como loco. Inhalaba unas diez veces, cerraba los ojos para conjurar la paciencia que le hacía falta y luego limpiaba su pequeño rincón del baño, allí donde ponía el caldero. Claro,  luego de ponerse guantes, sin tocar nada con las manos desnudas.  Pero al penetrar en su santuario, ensu autonombrado templo de aprendizaje, se dio cuenta de que algo no estaba bien.  Para empezar, alguien había abierto los grifos del agua, la mitad del piso estaba inundado, y la otra mitad se veía de un color rojizo como el de la sangre. Los ojos de Blaine recorriero el suelo, los espejos, los lavababos…hasta dar con la culpable de todo ese desastre. Una pequeña rubia a la que conocía muy bien…a la loca, a la mejor amiga de Sienna, que en ese momento no recordaba muy bien cómo se llamaba. Un apellido raro sin duda. Pero la imagen que sus ojos contemplaron no podía ser más hermosa, más dantesca. Una sonrisa cruel, satisfecha, se dibujó en su rostro. Una sonrisa genuina, muy extraña en él. Ahí, medio vida, medio muerta, casi tirada, estaba esa cría que se paseaba por Hogwarts con aires de grandeza. La loca, solía llamarla él.

Y por lo visto tenía razón, esa loca se había rasgado todo el brazo. De él caían gotas de sangre, casi como si fueran diamantes rojos. Hermosos, brillantes. Tenía dibujada la palabra “perfecta” sobre su pálida piel. Pero no era eso, la carne rasgada, lo que más le gustaba…si no la miseria que se podía leer en sus ojos, en su rostro. Estaba agazapada, casi escondida en su propio dolor, y eso hacía que un estremecimiento de placer lo recorriera de la cabeza hasta los pies. Mejor que leer un libro, mejor que la soledad, mejor que el sexo incluso. Lo hacía sentir vivo. No iba a desaprovecha la oportunidad, nunca desaprovecharía las oportunidades de ese tipo. Dejo las cosas en el piso y aplaudió tres veces de manera irónica.

Me parece una muy buena decisión…Piper —ah sí, así se llamaba la loca—El mundo no necesita personas como tú —se acercó a ella dando pasos cortos, casi en cámara lenta, mientras sus ojos se deleitaban con el espectáculo — ¿Te duele? —Se agachó junto a ella y la tomó con fuerza del brazo lastimado —¿Sientes tanto dolor por dentro que necesitas sacarlo de alguna manera? —Hundió dos dedos en las heridas para hacerla gritar  —¿es una forma de luchar contra el vacío? —la sonrisa maquiavélica crecía en su cara a medida que iba vomitando las palabras —Eres débil. Eres cobarde. Me das asco —marcó cada una de sus palabras con alevosía y se levantó, para mirarla desde arriba, como si fuera la peor de las cucarachas, la peor de las impuras. —Le harás un favor al mundo si desapareces.

Ahora lo notaba, alrededor de Piper, había una enorme mancha roja  que bañaba los azulejos blancos del piso. Brillaba muchísimo y  parecía palpitar, como si estuviera viva, y es que estaba en perpetuo movimiento, porque era una mancha de sangre roja, fresca, sin solidificar. Cerca de ella había un cuchillo, cuya hoja resplandecía de una manera casi incitante. Blaine lo tomó entre sus manos agrietadas, sin que la mueca divertida se borrara de su rostro.

Termina de una vez  con ese dolor—le dijo con una voz suave, arrastrada, mientras pasaba sus dedos sobre el filo de la daga —Con un solo corte…tan solo con un corte, tu patética existencia habrá llegado a su fin —tiró el cuchillo a sus pies, esperando su respuesta. Sin duda, había que tener una clase extraña de valor para recurrir al suicidio. Dudaba que Piper la tuviera. —No más sufrimiento. No más lágrimas. No más amigas que te opaquen, no más hombres que te rompan el corazón, no más recuerdos que te atormenten. ¿No estás cansada de todo esto?
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Mensaje hechizo realizado el Vie Ago 21, 2015 6:46 am

¿Sintieron alguna vez esto? Este vacío tremendo que no puede ser llenado con nada. Ese sentimiento de que nada tiene sentido. Que la gente solo finge y finge, es como una gran actuación de las que todos son parte. Pero no quieres fingir, ni tener una vida sin sentido. Y tienes ganas de dejar de existir o de tener una vida mejor ¿Lo sintieron alguna vez? Esas ganas de llorar descontroladamente porque no encuentras un significado, algo que valga la pena. Ganas de que el mundo deje de existir o que la gente empiece a vivir su vida de otra manera. Que ese vacío se llene. Piper necesitaba que algo tuviera sentido, dejar de sentir esa nada constante. Necesitaba encontrar un significado porque sino iba a explotar. Y no sabía de que más podía ser capaz de hacer. Muchas veces se había sorprendió de sus actos, como cortarse al punto de casi morir desangrada.

"He llegado al limite de la desolación donde mi mente, mi cuerpo y mi alma ya no tienen conexión. Pesa la vida y duele vivirla, se apagó la luz y no volverá y se está super genial" pensó con tal serenidad que se asustó de lo normal que se escuchaba. Le dolía, no el cuerpo, más bien el alma, sentía que se estaba desgarrando por dentro de una manera lenta, que solo con unas palabras iba a saltar al borde del abismo. Por primera vez en mucho tiempo logró bloquear las voces de sus personalidades sin esfuerzo, se había cansado de lidiar con ellas por tres años. No, no quería llorar de nuevo porque sin duda estaba cansada de escucharse llorar. Aunque en su situación, era inevitable desplomarse cuando las cosas comenzaban a ir mal. Por más que pensaba en una razón para vivir, más razones para morir llegaban a su mente. No más dolor, no más problemas, no más preocupaciones y sobre todo, no más tener que lidiar con ella.

Apenas fue consciente de que alguien había roto su burbuja de soledad, solo los aplausos lograron hacer que apenas reaccionara. Ni siquiera reconoció en un principio de quien se trataba, solo su voz le indicó que era él. Blaine Zabini. Oh sí, el muchas veces había abusado psicológicamente de ella. Loca, desquiciada, esquizofrenica. Ella sonreía de manera burlona cuando le decía algo así, cuando por dentro eran puñaladas con la verdad, el dolor se hizo más intenso. De nuevo sus palabras eran puñadas con la verdad, una verdad que nadie se había atrevido a decirle aunque ella de ante mano la sabía. Sus ojos, vidriosos y aun inyectados en sangre a causa de la metamorfosis le miraron sin ninguna expresión en concreto. Estuvo por responder, pero cuando Zabini la tomo por el brazo, apretando la carne viva no pudo evitar soltar un grito que luego reprimió. No, eso no era nada comparado con el dolor que sentía por dentro, ni siquiera se acercaba al verdadero dolor. Se mordió la lengua con tal fuerza que sintió el sabor de su sangre en ella. No, no le iba a dar el gusto de gritar de nuevo, tenía ya bastante miseria que ver.

La mirada que le dedicó Zabini no le dolió, pero si sus palabras. Eran crueles, las palabras que ella necesitaba para dar el paso hacia el abismo. Trago en seco, sin decir nada se limitó a escucharlo, el sonido metálico del cuchillo capto su atención, estaba a sus pies y las palabras del chico sonaban tan tentadoras que de manera mecánica se arrastró hacia el objeto y lo tomó con las manos temblorosas, no por miedo si no por la falta de fuerza. De un momento a otro en su debilidad, una de sus personalidades tomó el control—¿Y necesita personas como tú?—preguntó Melinoe con una sonrisa elegante en su demacrado rostro—Por que a este paso, la gente comenzará a suicidarse por no poder soportar a la gente como tú, en especial a ti—respondió con la voz entrecortada por el esfuerzo que resultaba hablar.

—¿Dolor?—se burló Reyna, quien había cambiado de lugar con Melinoe—Tus patéticos intentos de dañarme me dan ternura, pero claro, tenías que ser un hombre. ¿Es toda la fuerza que tienes, marica?—se relamió los labios secos, con una mueca de asco por estar cerca de un hombre. Respiró tan profundo como pudo para recuperar el ritmo de su respiración. La espalda le dolía porque estaba mal sentada y como pudo, a pesar de todo, logro sentarse bien—¿Débil? ¿Cobarde? Tu lo eres más por meterte con alguien que esta convaleciendo. Tu eres el que da asco.—esta vez fue la voz infantil de Aphordite quien hablo, indignada y mimada como de costumbre.

Se concentró en apagar los deseos suicidas que rondaban su cabeza, hizo de la poca fuerza de voluntad que le quedaba para no desplomarse por completo—Mi vida no es una película como para acabar con ella—susurró Zombie Girl como una metáfora. Le costaba ya respirar en sí, pero extrañamente sentía que las fuerzas se le renovaban, solo un poco. Por primera vez Piper se alegró de que ella tomará el control. Una sonrisa casi tan cruel como la de Zabini curvó los labios de la rubia. Se paso el cuchillo entre los dedos con diversión y pronto comenzó a sonreír y reír sin poder evitarlo—Puedo decir lo mismo de ti. No tendrías que lidiar con ese absurdo trastorno de limpiar todo, ¿quién mancho al pequeño bebe Zabini?—preguntó Rebekah—Creo que tienes razón, empezaré a practicar el corte....—no supo ni como lo hizo, pero se impulso hacia a delante con el cuchillo en mano y trazo un corte horizontal en el pantalón de Zabini. Vio la sangre brotar—Conozco perfectamente los insultos como para saber que algo escondes Zabini—sonrió Rebekah mientras con cansancio volvía a su posición original—¿qué le hicieron al pequeño Blaine en casa?—hizo un puchero bastante burlón.
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Mensaje hechizo realizado el Mar Sep 01, 2015 9:57 am

Pretty Hurts

Blaine Zabini amaba las cosas rotas desde que era un niño. Suscitaban su interés, un interés casi enfermizo, malsano. La silla a la que le faltaba una pata, los trozos afilados de un espejo, los brazos de las muñecas que su hermana arrancaba en un ataque de histeria o incluso, esos vestidos rasgados que su madre arrojaba a la basura. Había una belleza extraña en los objetos maltrechos, en la miseria en general. Le gustaba contemplarla…las lágrimas en los ojos de un niño cuando se raspaba la rodilla, el gesto derrotado en el rostro de su madre cada vez que descubría a Blaise con otra mujer, el padecimiento de los elfos domésticos cuando se equivocaban. Imágenes enormemente placenteras, que incluso mientras no era más que un crío, lo llenaban de una sensación excitante…que lo hacía vibrar, sentirse vivo. No paso mucho tiempo para que se diera de que ser el causante de la miseria dejaba un mejor sabor en la boca que sólo presenciarla. Y que las cosas rotas no eran tan fascinantes como las personas rotas, como las mentes rotas. Y si había algo mejor que leer, que tener sexo, o que estar solo…eso era quebrar mentes. Arrastrar a personas hasta su límite, jugar con sus debilidades, con sus miedos, hasta que terminarán rogando por piedad, hasta que terminaran llorando sangre. Revolcándose en su propia mierda emocional.  Y eso era lo que pensaba con Piper Dolohov, jugar.

El mundo necesita personas fuertes —y él lo era, no se dejaba avasallar por sus sentimientos, los mantenía bajo control, igual que a todas las situaciones de su vida.  —Personas que sean útiles. Tú no vales nada, y es bueno que te hayas dado cuenta —soltó una risa despiadada, al notar cómo la menuda rubia se arrastraba hasta el cuchillo que había dejado caer a sus pies —Eres lastimosa. Cortándote para llamar la atención de papi. —Sus cejas se alzaron en una clara muestra de desprecio, de asco —En un baño abandonado…a solas. Ni siquiera así lograrás escapar de tu miseria, querida. Ni arrancándote la piel a tirones lograrás que tu papi te preste atención. Está más interesado en las faldas de las profesoras —una sonrisa divertida le bailó en los labios — ¿Y ahora intentas asustarme hablando como si estuvieses loca de verdad? —soltó una carcajada, y sin embargo, su cuerpo entero estaba tenso, expectante. De repente, sentía como si una tonelada de agresividad estuviera contenida en su organismo. Era una especie de energía muy  poderosa, una energía destructiva, que había aparecido por arte de magia y que necesitaba descargarse sobre aquel ser inmundo que yacía en el piso como la bazofia que era. Una energía arrasadora, violenta. Los insultos, la enorme cantidad de frases hirientes que quería decirle a la rubia, se atropellaban en su garganta hasta el punto de dejarlo sin aire. Tuvo que inhalar y exhalar varias veces para no perder su apariencia calma, para dominar al monstruo. —Yo no soy tu papi, no necesitas actuar ese patético papel.

Los gestos del rostro y los tonos de voz de la rubia cambiaban con cada frase, como si no estuviera hablando la misma persona, sino varias diferentes. Él se quedó en su lugar, mirándola, deleitándose con las lágrimas secas en sus ojos, viendo como la sangre manaba de sus heridas, sintiendo casi en su propio cuerpo esa aura de dolor insoportable que la envolvía. Pero eso desapareció de una manera súbita, impensada, cuando Piper volvió a hablar con una voz muy parecida a la suya. Ahora sonreía, sonreía de manera cruel, como si estuviera disfrutando toda aquella escena en vez de padecerla. Blaine abrió los ojos de manera imperceptible, no, era imposible. Y estaba a punto de responderle, cuando fueron las palabras de ella las que desataron una tormenta en su interior. Un recuerdo afilado lo golpeó como una estaca de hierro, casi desbalanceándolo. Tragó saliva y cerró los ojos por un momento para apartar esos pensamientos, para volver a recobrar el control. Sin embargo, las memorias se aferraron a la conciencia, se materializaron. << ¿Te sientes sucio, Blaine? >> La voz de su abuelo chocó en todos los rincones de su mente << Eres un mal niño. Tu papás no te van a creer >> Aún podía sentir el roce de las manos arrugadas, el calor de su tacto << No le diremos nada  a nadie, este será nuestro pequeño secreto >> Volvía a escuchar el ruido de la lluvia torrencial contra sus oídos, a sentir la frialdad de los sueños de otro baño, en otro lugar, en otro tiempo. Un tiempo en el que el niño aún jugaba, aún reía, aún no estaba obsesionado con las cosas rotas. Porque el todavía no lo era. << Yo te quiero, mi pequeño Blaine >> Bajo sus fosas nasales apareció aquel agrio hedor a vino de elfo. Y las manos ensuciándole…sentía miles de manos arrugadas sobre él, siempre estaban ahí, nunca se iba. Siempre lo sujetaban, siempre lo acariciaban. Era insoportable.

Perra —siseó de manera peligrosa, muy peligrosa, mientras parpadeaba incontables veces para deshacerse de todas las sensaciones que lo estaban arrastrando a un pozo de recuerdos oscuros. Él no era débil, a él nadie podía dañarlo…ni siquiera eso, ya no  —Perra — << Lo que sucede en casa queda dentro de casa >> — ¿será que tú también escondes algo parecido y por eso lo sabes? —su sonrisa retorcida se ensanchó aún más, casi cruzándole el rostro, como una herida sangrienta. — ¿Es por eso que te cortas? ¿No lo soportas?

Apenas era capaz de percibir el ardor del corte que la rubia le había hecho con la daga. Sentía como la tibia sangre se deslizaba por su pierna, sí, y sin embargo, estaba demasiado apabullado como para que le importe. Estaba a punto del colapso inminente, casi como si toda su fachada se fuera a derrumbar. Las manos le temblaban por agarrar a Kuznetkova de su melena rubia y arrancarle la cabeza de un solo tirón. Los labios le picaban por deshacerse en insultos, en palabras hirientes, hasta que su autoestima quedará más minada que un campo de batallas lleno de explosivos. Quería descargarse, quería tantas  cosas. <>

¿Estás sucia tú también? —otra carcajada reptó por su garganta y estalló contra las paredes del baño del segundo piso . —Papi no te cuido. Papi te ignora, Papi no protegió a la niñita como la tenía que proteger por andar detrás de las faldas de otras mujeres —no sabía ya a quién le hablaba, si a la rubia patética que se desangraba delante  de él o a sí mismo, que se desangraba por dentro.
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Mensaje hechizo realizado el Mar Sep 01, 2015 9:59 pm

Y Rebekah permaneció ahí, observando a Blaine con la misma sonrisa cruel que le caracterizaba. Le gustaba tener el control, aunque ahora que lo notaba le dolía todo el cuerpo, en específico las muñecas y los brazos. Estúpida Piper, siempre había sido la más débil, hasta Aphrodite era más fuerte y eso que era la más infantil. Balanceo el cuchillo, mientras concentraba las pocas fuerzas que le quedaban para poder realizar un hechizo con su varita que le ayudara a curarse, sin embargo, los hechizos no serían efectivos como las pociones de la enfermería. Dudaba mucho que Zabini la llevará después de todo, pero bah, no lo necesitaba. Se apartó un mechón de cabello que le estorbaba y luego dirigió su vista hacía las muñecas, varias rayas rojas con sangre secar adornaban las mismas como si fueran pulseras. Agh, odiaba esa sensación de cosquilleo irritante, maldijo en todos los idiomas que conocía.

—Soy fuerte, solo que tengo que lidiar con estas ineptas—se quejó Rebekah con una mueca de asco en su rostro. Las odiaba, a todas y cada una de ellas porque siempre eran un obstáculo para hacerse del control del cuerpo de Piper. Todas le quitaban la oportunidad de deshacerse de ellas, por que ese siempre era su objetivo, quitar a todas del camino y comenzar a llevar a su cuerpo a la meta deseada. El poder. Rebekah lo amaba, saber que no iba uno sino diez pasos por delante de la gente le hacía sentirse poderosa. Y lo ambicionaba, tener poder y control sobre la gente, y esa era también una de las razones por las cual se detenía a eliminar a las demás, al final recapacitaba que necesitaba a todas para engañar a la gente, eso le hacía salir beneficiada.

—Detesto ser el centro de atención, aunque bueno, suele ser divertido cuando no hacen estas tonterías—el concepto de llamar la atención de Piper estaba muy errado, lastimarse solo haría que Hades se enfadará, y entonces tendría que recibir ayuda, cosa para la cual Rebekah no tenía tiempo, otras cosas más importantes debía de ocuparse antes de pisar siquiera San Mungo. Ya lo había hecho una vez, la experiencia aun le dejaba un mal sabor de boca, no quería volver a aquel lugar porque aunque no lo admitiera en voz alta, tenía miedo de ser internada en San Mungo, si la internaban ahí, la poca salud mental y cordura de la rubia terminaría por quebrarse, incluso más de lo que se encontraba en aquel momento.


—En realidad pienso que deberías tenerle miedo a la loca, quién sabe como pueda reaccionar—sonrió divertida, guiñándole un ojo. Le resultaba divertido que intentará dañarla con palabras tan vanas como meter al padre de Piper en esto. Podría ser que a la personalidad original le dolieran aquellas palabras, sin embargo, había que tener en cuenta que Rebekah era la que ocupaba el puesto y a ella no le afectaba en lo absoluto lo que Hades hiciera con su vida, mientras no se entremetiera en los planes de Rebekah, podría irse a revolcar a la cama que se le pegará la gana, acentuó más su sonrisa—Parece que juntarte e ir de compras con Pyrettie te ha hecho una maruja de peluquería también, me alegró que estés aprendido cosas nuevas con ella. Quizás seas el nuevo editor de corazón de bruja—se mordió el labio inferior en un gesto pícaro y burlón.

—Me halaga la consideración de una actriz, sin embargo, soy mucho mejor que una, incluso podría ganar un premio mágico—comenzó de nueva cuenta a pasarse el cuchillo entre los dedos, algo que normalmente hacía—Buen intento, chico pasivo, ¿no tienes algo más insultante? Empiezo a pensar que no tienes nada ahí adentro, querido—suspiro con aburrimiento ante el insulto, como si "perra" fuera algo hiriente—O quizás soy muy buena observadora, gracias por afirmar mi teoría—se río. Y arqueó una ceja—Me hace más fuerte, más valiente, cosa que tu no eres ni de lejos—apartó otro mechón de su rostro, sin dejar de sonreír.

Respiró profundo de nuevo, el dolor comenzó a desvanecerse, tenía fuerzas para levantarse, sin embargo, permaneció sentada en el suelo, podría hacer muchas cosas desde ahí—¿Es así como te sientes tú? ¿Sucio? ¿Inmundo? Já, puedo apostar lo que sea por que tienes la sensación de que unas manos te recorren el cuerpo sin que tu des tu consentimiento. Te sientes deseado pero no te gusta, pobre niño rico—sonrió—Puedo decir lo mismo de ti, ¿dónde estaban papi y mami cuando te mancharon? ¿Ignorándote? ¿Dándoles igual tu miserable existencia? ¿Te creyeron?, no me hagas reír—se carcajeó ella también.

—Tus insultos solo me hacen pensar que te desquitas conmigo por lo que te hicieron, ¿y no eres débil?—arqueó una ceja en forma retadora, aunque su gesto demostraba superioridad.
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Mensaje hechizo realizado el Jue Sep 24, 2015 4:56 am

Pretty Hurts

Ya no escuchaba las palabras de Piper, no sentía el dolor de la pierna, ni las miles de manos que se presionaban contra su cuerpo y lo ensuciaban, ni el placer casi delirante que lo había embargado al presenciar la miseria de otro ser humano, siquiera el latido de su corazón reventando contra su pecho. Había sido arrancado de su propio cuerpo y llevado hasta una noche tormentosa de invierno, muchos años atrás. Lo veía desde afuera, como si fuera un espectador entre las nieblas del recuerdo. Un niño pequeño, de no más de siete años estaba agazapado detrás de una enorme puerta de caoba, oculto entre las sombras de la noche. El viento rugía fuera, los relámpagos quebraban el silencio sepulcral de la mansión de los Zabini. La escalera que llevaba hasta esa habitación crujía bajo los pasos de alguien…que se acercaba hasta su escondite de manera lenta. << No. No >> Gritaba la mente del joven, y la del niño, que abrazaba sus piernas flacas para retener el miedo. Para no gritar. << Grita, Grita. Deja de mecerte hacia adelante y hacia atrás, deja de esconderte. Grita. Corre. Mátalo >> Era imposible, el malo, el monstruo, no dejaba de arrastrar sus pies sobre los escalones. Blaine podía ver como los ojos oscuros del niño, aterrado, se volvían brillosos por el calor de las lágrimas. Podía ver los estremecimientos que le causaba la angustia, la angustia de anticipar que le iba a suceder. Los dedos rugosos contra su piel, los labios húmedos en su cuello y la cosa...la cosa haciéndole daño, mucho daño. << Escápate de aquí, escápate >>

Su cuerpo, el que aún estaba en el baño del tercer piso, se movió como un autómata hacia atrás. Su mente estaba lejos, presa de la cataratas de recuerdos que era incapaz de reprimir. Que habían estado contenidos detrás de una represa por mucho tiempo, demasiado tiempo. Presionaban por salir, presionaban tanto que sentía que la cabeza le estaba a punto de reventar en miles de pedazos diferentes. Quizás fuera mejor, necesitaba sacárselos. Necesitaba. Los ojos castaños estaban fijos en la rubia que seguía tirada en el suelo envuelta por un charco de sangre, pero no la veía. Contra la retina sólo se le pegaban imágenes de un niño atrapado bajo un cuerpo viejo, fétido, putrefacto. Que lo había podrido a él. Blaine estaba podrido, rancio, sucio, inmundo. Ni todo el jabón ni toda el agua del mundo lograrían limpiarlo. Se llevó las dos manos agrietadas al estómago porque sentía casi como si lo estuvieran incinerando por dentro. Pero ni así lograrían quemar el asco que sentía, debería arrancarse la piel a jalones, los ojos, el cerebro completo para no pensar.

Cállate —ordenó, sin saber a quién. Quizás a todas las memorias que le estaban llegando una tras otras como una colección de fotografías, o a su niño interior que lloraba, gemía y gritaba dentro de él o a las voces, esas voces que tenían un solo tono y le repetían las mismas frases una y otra vez. << Sé un niño bueno >> << Tu abuela no te va a creer >> << Pórtate bien y estarás bien >> << Al abuelo le gusta así…le gusta así >> — ¡Cállate! —su voz fuerte, imperativa, sonó como un cañonazo en todo el baño. Se sentía enfermo, muy enfermo, una sensación burbujeante y nauseabunda le subía a través del esófago con cada recuerdo que estallaba en su cara. Un líquido ácido y espeso que le quemaba la garganta —Voy a matarte, estúpida —siseó con peligro, mientras daba una paso hacia atrás y se doblaba sobre sí mismo para vomitar. ¿Qué mierda le estaba pasando? Era incapaz de controlarse, las palabras de la estúpida de Piper estaban removiendo demasiado en zonas prohibidas incluso para él mismo —  Te voy a hacer el favor de borrar tu existencia del mapa —se adelantó hacia ella y la cogió con fuerza del brazo rajado, con la misma fuerza que si quisiera hacer que todas sus venas explotarán a causa de la presión. Sería tan delicioso, ver como la sangre de esa estúpida se le escurría en las manos, ver como la vida escapaba a través de sus labios nauseabundos —Podría hacerlo ahora mismo si quisiera… —<< ¿Y qué ganarías más que vengarte? >> — Puta —subrayó la palabra y luego de eso le dio una bofetada tan fuerte que volvió a quedar tirada en el suelo. La muy hija de puta había dado con su secreto mejor guardado, con un secreto que nadie sabía…ni siquiera Razdan o Sienna —Estoy seguro de que tú si lo disfrutaste. Deberías decirme quien fue así les mando unas flores por el estómago que tuvieron. Habría que ser muy asqueroso…incluso más que mi abuelo para hacerlo. Te hizo un favor, Dolohov. Estoy segura de que tú lo provocaste para llamar la atención. Eso es lo único que quieres, llamar la atención. De otra forma, no le importas a nadie. —Los pensamientos de Zabini empezaron a clarificarse un poco. Tendría que encontrar la manera de hacerle pagar a la rubia por lo que había logrado. Por sacarlo de quicio, por entrometerse lo suficiente en su cabeza como para llegar a los rincones oscuros, pérfidos —Acabas de ganarte un enemigo. —la odiaba, se dio cuenta, la odiaba con tanta fuerza que podría patearle el rostro hasta que se le volviera un amasijo de sangre y dientes. La odiaba por descubrirlo...la odiaba casi tanto como se odiaba a sí mismo. Sí, Blaine Zabini se odiaba. Pocos lo sabían.

Odiaba su propia debilidad. Odiaba sus propios fantasmas. Odiaba sus propios demonios. Sobretodo cuando se liberaban y no podía evitarlo.  
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Mensaje hechizo realizado el Dom Sep 27, 2015 8:50 pm

Estaba destrozando a Blaine sin necesidad de herirlo físicamente. A pesar de los insultos, podía ver como se derrumbaba lentamente ante su debilidad, porque él era tan débil como ella. Pero claro que no lo admitiría en voz alta. Quería saber que era lo que pasaba por su mente en estos momentos, que le llevaba a sentirse tan intimidado por el conocimiento de Rebekah sobre su secreto. Y aunque Blaine hubiera pasado por algo similar a lo de Piper, las repercusiones no eran las mismas. Blaine no tenían ningún derecho a llamarla débil cuando ni siquiera el mismo podía lidiar con sus demonios internos, con las imágenes perturbadoras de los abusos. Ni quiera tenía derecho a burlarse de ella si él estaba en la misma situación, si se sentía tan sucio como ella.

La facilidad de herir era un don para Rebekah, las palabras adecuadas para hacer daño siempre habían sido su fuerte. Su poder de observación para ver la miseria de otros le había dado la oportunidad de pisotearlos a todos como cucarachas. No importaba cuando la gente podría insultarla, odiarla, despreciarla o incluso querer matarla, ella los ignoraba con muecas burlonas, acentuando aún más el odio hacia su persona. Y observar el rostro de Blaine le hacía sentir de maravilla. Sentía que las fuerzas lentamente regresaban a ella mientras permanecía sentada en el suelo. El hechizo que había realizado mientras Blaine se sumergía en sus memorias estaba dando resultados, lentos, pero favorables. Al diablo si había perdido sangre, se había encontrado en peores situaciones y seguía viva, afortunada o desafortunadamente.

Lo sentía, podía sentir al mirar a Blaine como estaba reviviendo los momentos de aquella vez. La sonrisa se acentuaba en su rostro al ver la expresión del chico y casi podía adivinar lo que estaba pensando, lo cual le resultaba sumamente divertido. Lo hacía porque ella no quería revivir su propia miseria. Ella era la más fuerte, su origen no le afectaba, había nacido siendo inhumana y mandando al carajo su propia historia porque gracias a eso, había nacido. Blaine retrocedía de manera automática, como alejándose todo mal que pudiera ocasionarle la tóxica presencia de Rebekah. Le sostuvo la mirada, con una sonrisa burlona, pero él no estaba ahí. Ella seguía aprovechando el tiempo en curarse, en sentirse con más fuerza por si las cosas comenzaban a salirse de tu control.

—No puedes soportar tu propia miseria, no puedes soportar tu cuerpo sucio—continuó hablando, pese a las palabras amenazantes que él le dirigía —Me llamas débil, cuando tú no puedes soportar tus propios demonios que te consumen, me llamas débil y tú también no puedes con tu vida—permaneció tranquila y sonriente, sin ni siquiera mostrar temor por la explosión de la voz de él. Comenzó a reír ante la amenaza, tan patética porque la había escuchado tantas veces atrás que siempre le resultaba gracioso. —Ni matándome podrás librarte de lo que eres. Después de que lo hagas, te levantarás igual que siempre, yo no me llevaré tu asquerosa existencia. Seguirás siendo tú por la mañana, porque las cosas se quedan contigo—. Arqueó una ceja cuando lo vio vomitar, ella reprimía las emociones de compadecerse de él.

—Adelante, te reto a intentarlo. Ya te dije, matarme no soluciona las cosas. Podrás sentir placer, pero la sensación de suciedad no se irá, y mis palabras quedarán marcadas como fuego en tu memoria, atormentándote el resto de tu existencia—. A pesar de que la había tomado del brazo afectado, Rebekah no mostró ninguna expresión de dolor, es más, se mostraba excitada por la situación, sin ni siquiera temer a lo que podría hacerle. Aunque sus dedos presionaban peligrosamente los puntos vitales de su vida, ella permaneció tan divertida como al principio.

—Sí, soy la puta que te está destrozando y haciendo que pierdas el control. La puta que no te dejará dormir el resto de tu vida—. A pesar de haber recibido la bofetada no le dio el gusto de mostrarse débil y volvió a acentuar su sonrisa burlona. Se rió de él y sonrió al escuchar justo lo que quería —¿Tu abuelo? Tu dulce abuelito abuso de ti. Dime, ¿Qué se siente que un viejo decrepito haga contigo lo que quería? Ya sabes lo que dicen, la victima tiene la culpa. Seguro tú lo provocaste primero. ¿Cómo tus padres y sobre todo tu abuela pueden permitir que tú te aprovecharas de tu abuelo?—se mordió el labio—Pero te estoy importando a ti, de lo contrario no estarías aquí, ¿Por qué te detienes a torturarme o intento de tortura? Porque te importo, porque quieres ver quien es más miserable que tú, pero adivina que, eres tú lo peor que hay. Hay que tener huevos para llevar tú cara de pasivo que disfruta estar con su abuelo—.

—¿Solo uno?—se burló —Tú acabas de ganarte algo peor—se rió—No debiste levantarme, ni tener compasión por mí—le enterró el cuchillo que permanecía en sus manos en el costado izquierdo, encajándoselo tan hondo hasta que solo el mango quedo afuera. Giro el mango lentamente, removiéndolo en su interior. No le importaría acabar con él, una muerte más una muerte menos, eso no iba a impedir que Rebekah durmiera bien por la noche.
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