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Please say something, I´m giving up on you [Sienna Lestrange]

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Mensaje hechizo realizado el Dom Ago 09, 2015 11:48 am


I´m giving up on you

La escena que se sucedía dentro de la Mansión de los Lestrange era la réplica de un cuadro pintoresco. La familia de los prometidos estaba reunida en el elegante comedor, alrededor de una mesa perfectamente servida. Todo en ellos era la imagen de lo correcto. Desde los cubiertos alineados al lado de los platos hasta la mantelería almidonada, pasando por sus pulcras túnicas de gala hasta la manera rígida en que ocupaban sus asientos. La forma en que hablaban entre ellos, en que se hacían cumplidos y se reían. Como si fuera una obra de teatro que se hubiesen aprendido de memoria hasta volverla real. Hasta volverla parte de sí mismos. Comportamientos forzados, impersonales, que marcaban un límite, una línea que no debía cruzarse. La de ser diferente, quizás. Al menos eso era lo que pensaba el hijo menor de los Zabini, que se encontraba ausente y callado en una esquina. No había articulado palabra desde que llegó, se limitaba a asentir con la cabeza cuando le hablaban o a articular algún monosílabo. En la historia de su vida pocas veces había estado tan incómodo. Tan hastiado de la mierda de los sangre pura. O quizás se trataba de que su mal humor estuviera en aumento desde que pisara la casa de Sienna y la viera radiante en su túnica de gala. << Qué bien te sienta el ridiculizarme al salir con ese rubio desabrido, querida >> habría querido decir. En vez de eso, había trabado la mandíbula con fuerza, tragándose todo el veneno que se acumulaba en la punta de su lengua. Ese veneno era el que, con mucha probabilidad, causará la sensibilidad en sus nervios. El hecho de que no pudiera concentrarse en escuchar la única conversación interesante de la velada, las únicas conversaciones interesantes de todas las veladas, las que entablaban su abuela Genobive y Rabastan Lestrange.

Es extraño ver mi anillo, el anillo de la familia, en la mano de la pequeña Sienna —Blaine hizo un imperceptible gesto fastidio cuando la voz chillona de Pansy interrumpió la conversación interesantes entre su abuela y el padre de su prometida. Para bien o para mal, escuchar las luchas verbales entre los dos ancianos era, como mínimo, gracioso. Y Salazar sabía lo difícil que era que algo le resultara gracioso al muchacho. En medio de la tortura que significaba ese tipo de cenas, en las que todos tenían que interpretar un papel, los comentarios filosos y malintencionados de su abuela eran un respiro de aire fresco. Las observaciones falsas de su madre, en cambio, le crispaban aún más  los nervios. Le costaba mucho, más que  nunca, que su mala hostia no se tradujera en su rostro inexpugnable. Mantener la máscara de serenidad—…aún recuerdo cuando Blaise me lo dio, el día de nuestra boda… —la mujer rubia sostenía el dedo anular de Sienna entre sus manos pálidas con delicadeza y les mostraba la alianza de oro blanco incrustada de esmeraldas a los comensales. La piedra preciosa capturaba la luz de las velas encendidas sobre la mesa y brillaba con vida propia, de una manera hipnótica —Yo nunca había visto una joya tan bonita y me sentía hermosa al usarla. Espero que tu sientas lo mismo, querida —Pansy le dedicó una sonrisa aduladora a la muchacha. Blaine sólo quiso que la tierra se lo tragase. Clavó la vista en la fina vajilla de porcelana y reprimió cada uno de sus pensamientos venenosos. La ponzoña debía ser liberada en el momento indicado con la persona indicada. Mejor se dejaba ir.

Se abstrajo por completo de la conversación, para no escuchar las palabras de su madre y las respuestas de su prometida, y se dedicó a mirar la mesa que habían preparado los Elfos de los Lestrange para el encuentro con los Zabini. Los padres de Sienna no escatimaban en detalles. El mantel era blanco e impecable, la cristalería no tenía ni una mota de polvo y los cubiertos de plata estaban perfectamente pulidos. Por encima de ellos las velas del candelabro estaban encendidas e inundaban la habitación de cierta calidez, que contrastaba con la perfecta –pero fría- decoración del comedor y el aspecto regio de los presentes. Todos con sus con sus mejores galas, esbozando sus mejores sonrisas y desplegando los buenos modales inherentes a la aristocracia mágica. Bellos, perfectos y falsos. La cena de final de año con los Lestrange era una tradición para su familia; antes, cuando tenía unos cuatro o cinco años, solía pasarlo en grande en aquellas comidas formales que se alargaban hasta el anochecer. Le parecía emocionante vestirse con túnicas costosas y elegantes, sentirse importante como su abuela y fingir unos modales exquisitos que aún no había aprendido del todo. Sentía que, si conseguía llegar al final del día sin haber cometido un error, sus padres lo apreciarían más.

Ahora todo aquello había perdido su gracia. Rodearse de autómatas que hablaban del mismo tema trillado, que vigilaba con ojo crítico su comportamiento y se forzaban para encajar en el molde de los perfectos sangre le hastiaba.  Las apariencias que deseaban mantener, las apariencias que tanto odiaban y amaban al mismo tiempo, los tenían presos en un teatro constante y cansino. Esas apariencias inútiles que no eran más que una fachada que, día tras día, se caía a pedazos. La estupidez del compromiso entre la que era su mejor amiga y él, por ejemplo, ya no tenía de donde sostenerse. Se estaba derrumbando antes los ojos de sus padres y no se daban cuenta. En toda la noche, los flamantes prometidos ni siquiera se habían dirigido la palabra más que para saludarse cómo indicaba el protocolo. Blaine evitaba mirarla, escucharla, pensar siquiera en que ella estaba ahí.

Blaine, querido, ¿no crees que Sienna se vería bonita con el vestido de novia que use el día de mi boda? —El muchacho ni siquiera levantó la vista de su plato de consomé al ver interrumpidos sus pensamientos y dejo escapar un << sí >> parco y nada convincente. Los ojos incisivos de Blaise se clavaron en él con amenaza muda. —Vaya, hijo, tienes que ser más romántico o Sienna se enamorará de otro muchacho —la pequeña risita de Pansy le perforó los oídos y un calor ya conocido le quemó en el estómago. << Ya está enamorada de otro, madre >>

Deja al chico en paz, Pansy, parece más interesado en su plato de sopa y en su ensalada de chícharos que en los preparativos de la boda. No lo culpo, teniendo en cuenta que tú chillaste hasta último momento sobre lo horrible que era tú vestido, lo mucho que odiabas el anillo y  sobre lo negro y grosero que te parecía Blaise comparado con el rubio caballero hijo de los Malfoy. De hecho sí, Draco, creo que se llama, del partido reliberante, muy galante, encantador y limpio. Lo he visto en Corazón de Bruja, sabe cómo vestirse, cómo sonreír y cómo bañarse y no sé por qué dio por hecho que eso lo hacía digno de ser Ministro de Magia. Los Malfoy siempre han tenido ideas raras, sin duda. Les viene de su sangre Black, muchos matrimonios entre primos. —resopló su abuela, Pansy estaba pálida y el resto de la mesa se quedó en completo silencio. Genobive Zabini, aun siendo diminuta y anciana, aún tenía el poder de cerrar cualquier boca. Blaine se lo agradeció internamente con una sonrisilla —Una vez intentaron casarme con un Black y corté por lo sano.

¡Eso no es verdad, Madre! Yo estaba muy enamorada de Blaise, él es… —la voz más apagada de su progenitora le causó una especie de diversión retorcida. Tenía las mejillas encendidas y era incapaz de devolverle la mirada a su suegra. Genobive la había humillado, sacando a relucir su eterno amor por el patriarca de los Malfoy y la patética relación que tuvo siempre con su padre. — Blaise es…

Silencio, Pansy —dijo con dureza —No me hables en ese tono, y no me llames madre, si te hubiera parido estoy segura de que lo recordaría. Sólo tengo que dar cuentas por tu esposo, y déjame decirte que te encontraba razón al no querer casarte con él, si yo hubiera nacido campesina y con un buen cucharón de madera, habría podido meter algo de sentido común a golpes en esa cabeza. Pero no. Si algún día tienen hijos —miró a Sienna primero, y luego a su nieto Blaine —castíguenlos con frecuencia para que aprendan a tomarte en serio. Sólo tuve un hijo y no le pegué nunca, aquí estamos —Blaine metió la cuchara de plata en el caldo caliente con más fuerza de la usual y se la llevó a la boca para no responder a su abuela. Apenas había probado bocado en toda la noche y fue el momento perfecto para hacerlo.

Madre —dijo Blaise, en tono respetuoso, sin un asomo de sonrisa en su rostro cincelado en ébano negro. — ¿Qué van a pensar Lyarra y Rabastan de nosotros?

Podrían pensar que tenemos neuronas en la cabeza. Al menos una de nosotros —zanjó el asunto y se quedó callada. La temperatura del ambiente parecía haber descendido cien grados  y un silencio tenso invadió en la mesa, únicamente interrumpido  por el chocar de las cucharas de plata en los cuencos de consomé.  Los adultos se miraron los unos a los otros sin saber qué hacer y Genobive sonreía como si no hubiese roto ningún acuerdo implícito. En cierta forma su abuela le recordaba a Adhara y a Genevieve. Quebraban el molde, pateaban el tablero del juego y hacían que todas las piezas se desordenaran. Una filosofía que Blaine no compartía del todo, aunque de cierta manera la admiraba. Los Lestrange y sus padres estaban encorsetados, no sólo por las ideas que les metieron en la cabeza desde pequeños y a las que estaban aferrados como a una tabla de salvación, sino también por la mirada del mundo. Tan encorsetados que un simple cambio en la rutina de las apariencias los dejaba sin habla. Sin reacción.

Señora y Señor Lestrange —ahora fue Blaine quién hablo, todas las miradas teñidas de agravio se centraron en el hijo mayor de los Zabini. Incluso los ojos divertidos de su abuela. Por un momento el muchacho sintió toda la presión que cargaba sobre sus hombros, el peso de las expectativas que los adultos tenían sobre él. Pero estaba cansado, de su padre, de los Lestrange, y de esa pantomima de compromiso —Lamento tener que decir que este año me será imposible pasar el verano en la Mansión. Mi prima Adhara me ha invitado a pasar las vacaciones con ella y sería muy descortés de mi parte rechazarla. Estoy seguro de que entenderán. —dejo la cuchara de plata sobre la mesa de lustrosa caoba y se secó los labios con una servilleta impoluta.

No miró a Sienna ni por un segundo. No quería mirarla. La decisión estaba tomada: tenía que mantenerse lejos y cortar de una vez el lazo que los unía desde la infancia. Ella ya no lo necesitaba en su vida, tenía a Malfoy para protegerla, para ocupar todos los lugares que antes ocupaba él. No quedaba mucho que decir. Su prometida había elegido y ahora le tocaba elegir a él. Y elegía la distancia. Apartarla de su lado podría cambiar todo para mal o tal vez los llevaría por el rumbo correcto. Eso no importaba, porque era el único camino sensato si no quería volverse loco. Si no quería dañarla o dañarse a él mismo. << Más que un amigo que se acerca cuando uno sufre, importa uno que sabe alejarse cuando es necesario >>

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Mensaje hechizo realizado el Sáb Ago 22, 2015 1:03 am


Please, say something

No era un secreto, siempre le había parecido extraño. Desde que tenía uso de razón aquellos rituales habían sido sagrados para su familia, iniciando con la pomposa decoración, pasando por las glamorosas vestimentas y terminando con los peculiares invitados de siempre, todos con la sangre tan limpia como los más acérrimos purasangre.  Nada cambiaba con el tiempo, año tras año se mantenía todo estático con apenas variaciones sutiles en los temas de conversación durante la cena. ”Tradición”, ese era el pretexto que todos debían aceptar en silencio. No era un problema, por supuesto, no había nada que los mayores disfrutaran más que intercambiar con la elite de su clase. Para ella todo era muy  distinto. No negaba que con el paso del tiempo había aprendido a encontrarle el encanto a esas reuniones tan pulcras y llenas modales rígidos, sobre todo si su mejor amigo se encontraba ahí también para compartir el sufrimiento. Sin embargo, había algo que jamás le había terminado de convencer y que le resultaba cada vez más extraño; Todos parecían vestir, además de las impecables túnicas, máscaras  que ocultaban un discurso reprimido. ”Nadie dice lo que en verdad quiere decir”, pensaba mientras su mirada se deslizaba entre los  asistentes al encuentro de ese año. ”No es normal”.

Jugó unos segundos con la comida en su plato antes de llevársela a la boca, por alguna razón el apetito en ella brillaba por su ausencia desde el accidente en el gran comedor. No habían pasado demasiados meses y su estómago se seguía cerrando con fuerza al pensar en la situación, provocándole náuseas a diario sin importar si comía o no. Había optado por no hacerlo de no ser estrictamente necesario, pero seguramente su madre pondría el grito en el cielo al terminar la velada si no la veía probar bocado. ”Tradición y modales”, el mismo concepto una y otra vez. Decidió que por lo menos esa noche no llevaría la contra y aceptaría las reglas de etiqueta de Lyarra Lestrange, incluso si para lograrlo debía masticar todo veinte veces antes de tragarlo. La conversación del resto la distraía lo suficiente como para no enfocarse en lo molesto que le resultaba comer, por lo que no dudó en prestar atención directa al vaivén de comentarios sarcásticos entre su padre y la abuela de Blaine. Una sonrisa marcada se dibujó en sus labios al escuchar a Rabastan mencionar algo sobre cierto “tejado de vidrio” que algunos tenían. ¿Acaso continuarían en esa danza de espadas inútil e incansable?, era una especie de guerra fría para proteger un secreto que todos sabían a voces. ”No, definitivamente no es normal”.

Le hubiese gustado hacerle algún comentario a Blaine al respecto, pero tras encontrarlo con la mirada no pudo hacer más que continuar presa del silencio. Su amigo tenía la vista fija en el plato, pero lo conocía lo suficiente como para saber que la mente de él volaba mucho más lejos y en una dirección difícil de determinar. Le hubiera gustado preguntarle por qué se había unido al juego de todos, por qué no estaba diciendo lo que quería decir. ”¿Qué ocurre, Blaine?. Mírame”, insistía su mente preocupada, pero las palabras quedaron perdidas en su garganta a la espera de una oportunidad para escapar. La voz tan particular de la madre de su prometido interrumpió las ambiciones  por encontrar una respuesta, haciendo que dirigiera su mirada directamente al anillo de compromiso. Dejó que Pansy tomara su mano y lo exhibiera como una especie de premio que obtuvo el mejor postor, porque a eso se había reducido todo a final de cuentas, un tire y afloje de estrategias a las cuales ambos se habían visto arrastrados. Le otorgó una amable sonrisa que representaba el falso agradecimiento por aquella transacción que habían pactado muchos años antes con los Lestrange, cuando ambos eran apenas unos bebés. —  Me siento muy afortunada. Creo que jamás había visto un anillo tan perfecto — respondió en un tono hasta cierto punto alegre mientras sentía la presión de la mirada de sus padres. Lo curioso de todo aquello era que a pesar de estar en contra de un matrimonio arreglado, realmente creía que la alianza que llevaba en su dedo era hermosa. A menudo pensaba cuánto le hubiera gustado llevarla estando enamorada, compartiéndola con alguien que verdaderamente quisiera estar con ella y cuyo compromiso significara algo real. ”Quizás algún día con Scorpius”, pensó por primera vez a modo de broma, intentando quitarle el peso a todo el asunto.

El “sí” de Blaine hizo que se imaginara a sí misma en el vestido de Pansy, cuadro que le pareció bastante irrisorio, pues estaba segura de que Lyarra jamás permitiría que se usara conjunto alguno que no fuese el suyo. ”Si supieran que no usaré ninguno, al menos no con Blaine”. Se pregunta si su mejor amigo también estaba disfrutando de todo el espectáculo, después de todo él estaba tan en desacuerdo con el compromiso como ella, pero el semblante del slytherin parecía horriblemente serio y sin señal alguna de vida. La mirada de Blaine era un paraje completamente vacío. No pudo evitar el volver a preocuparse y pronto su sonrisa se apagó también, sin siquiera reaccionar ante la broma de su suegra o a la batalla de trapos sucios que se comenzaba a librar en la mesa.   —  ¿Blaine?— murmuró en un tono casi imperceptible, haciendo caso omiso a toda la algarabía de acusaciones que eran lanzadas por la lengua viperina de Genobive. Acostumbraba a encontrarle cierta gracia a esos quiebres provocados por la anciana, al fin y al cabo rompían con la monotonía y los cánones de buenos modales que vestían la ocasión, sin embargo, la extraña actitud de su prometido acaparaba por completo el hilo de su concentración.

No lo entendía y por más que lo intentó en ese momento, no pudo llegar a ninguna conclusión lógica sobre qué ocurría. ¿Lo había hecho enojar sin darse cuenta?, ¿Estaría ya cansado de cargar con ella luego de lo ocurrido en el accidente?, todo sonaba enormemente improbable. La voz de su madre no logró hacerla reaccionar cuando ésta dejó escapar con su tenue voz cantarina “No es problema, ya somos prácticamente familia. ¿Verdad Rabastan?”. Habría pagado por ver la expresión de sus padres en ese momento, tan propios y correctos que ese tipo de desplantes tan apasionados los catalogan por lo bajo como inapropiados, aun cuando intentaran disimularlo para no caer en conflictos con los Zabini. Pero no cambió la dirección de su mirada y, por el contrario, siguió a Blaine cuando este repentinamente se decidió a hablar.

Un nudo pesado se formó justo por en su vientre, haciendo que lo poco que había logrado comer se revolviera en su estómago. Sólo entonces fue capaz de mirar al resto de los comensales, con los ojos tan abiertos que habría jurado que en algún momento saldrían de sus propias órbitas. Sus labios se entreabrieron pero un mutismo impecable los selló, las palabras simplemente no encontraban un orden correcto para salir. ”¡¿Qué mierda haces Blaine?!”. Ambos habían estado de acuerdo en llevar aquel juego juntos hasta encontrar una solución, y ahora su mejor amigo parecía querer abandonarla para perseguir sus propios deseos. ¿Qué mierda quería ir a hacer él donde Adhara?, él sabía cuánto aquel asunto iba a molestar a ambos padres y las repercusiones que eso tendría. Pero aún más importante, al menos para ella, era el hecho de que su mejor amigo estaba decidiendo conscientemente el dejarla sola en ese momento. Sus puños se cerraron mientras afirmaba el mantel al darse cuenta de que todo lo que le había ocurrido desde el accidente había sido una carga para Blaine, él no tenía por qué lidiar con su falta de memoria, sus traumas ni sus heridas. No, él no tenía que hacer absolutamente nada y ahora lo entendía. ”Ni siquiera te atreviste a decírmelo a la cara, cobarde” le reprochó silenciosamente a la vez que batallaba para que sus ojos no se empañaran más. Lo cierto era que en ese momento ni siquiera le interesaba el castigo que seguramente le significaría eso a ella, pues por supuesto que a los ojos de Rabastan Lestrange la culpable sería ella.

Cada músculo de su cuerpo estaba tenso por el enfado, o al menos ese era el único sentimiento que pudo encontrar para justificar su estado, y su mirada corrosiva se centró en los ojos indiferentes de Zabini. ¿De qué valían los pactos y los acuerdos?, ¿El cariño y la amistad?, ¿Incluso los modales y los compromisos?, si nada de eso le iba a importar a su mejor amigo, menos a ella. En un impulso que le fue imposible controlar, se puso de pie con una determinación impetuosa y poco sutil a la vez que sus puños se volvían a cerrar, esta vez golpeando la mesa. Los cubiertos y los platos tambalearon producto del impacto, incluso la copa que tenía frente a ella terminó por derrumbarse y verter todo el contenido líquido sobre el mantel, tiñéndolo de un rojo borgoña característico. —  ¡Sienna! — exclamó horrorizada su madre, volviendo su tono notablemente más grave y lleno de reproche. No le importó la llamada de atención, ni mucho menos hizo caso a la súplica tácita de decoro que sabía todos estarían pidiendo. ¿Para qué seguir en aquella obra de teatro cuando el protagonista había decidido emprender su propio rumbo?. No, ya todo le daba exactamente igual.

Estuvo al borde de gritar que todo se acababa ahí, que el compromiso podía irse al carajo si de ella dependía, sin embargo, optó por no avergonzarse más a sí misma, ya suficiente había hecho Blaine para lograrlo. Sin apagar el fuego que ardía en sus ojos, apartó la silla de golpe y le dio la espalda a todos, marcando un paso firme y rápido que la guiaría lejos. ”Tan lejos como pueda” pensó irritada. ¿Pero dónde se suponía que fuese eso?, se sentía enormemente vulnerable en cualquier lugar y lo último que deseaba era involucrar a alguien más, sobre todo a Piper o a Scorpius. Tomó el corredor derecho que daba a la cocina sin saber exactamente a dónde pretendía ir, pues la única certeza que tenía era que no volvería al comedor. Vagó unos segundos por los pasillos menos concurridos de su mansión, únicamente usado por los elfos domésticos, hasta que un lugar concreto vino a su mente, uno donde nadie había estado jamás y que probablemente sería el último donde la buscarían. ”La buhardilla del último piso”. Solía usarla de pequeña para guardar sus pertenencias más preciadas y usarlo de escondite secreto cuando necesitaba escapar de Blaine, lo que resultaba enormemente adecuado en ese momento, aun cuando no fuese consciente de aquello.

Trepó por la escalera de caracol que llevaba al ala sur del tercer piso, justo donde había una pequeña puerta escondida detrás de un buró que permitía seguir ascendiendo hasta la buhardilla. El lugar estaba polvoriento y con un olor que revelaba los años que llevaba sin ser visitado, mezclando el aroma de los pergaminos viejos y las telas cubiertas por moho. —  Lumos — susurró para encender la frágil luz de su varita.  Nada era como lo recordaba y cada memoria estaba cubierta por tantas telarañas como los cuadros que se apiñaban junto a la ventana. Recorrió el lugar con la mirada mientras sus frustraciones iban dando paso a nostalgia, cada paso que daba era un año lleno de recuerdos, tanto buenos como malos.  Se detuvo únicamente cuando se encontró a sí misma frente al vidrio, el cual tuvo que limpiar con la fina tela de su túnica para lograr divisar el patio trasero. ” Todo se ve mucho más pequeño e insignificante que antes”, pensó mientras trazaba algunos dibujos en la mugre que aún quedaba en el resto de la ventana. Todo era simple en ese lugar y deseaba quedarse ahí, junto a la melancolía de años pasados y fuera de la realidad.
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Mensaje hechizo realizado el Miér Ago 26, 2015 3:07 am


I´m giving up on you


Las miradas reprobatorias de los adultos se clavaron en el rostro inexpresivo de Blaine, que alisaba la servilleta que tenía en sus manos con mucho cuidado mientras esperaba la respuesta de sus futuros suegros. El muchacho se esforzaba interiormente para que ningún atisbo de duda se reflejara en sus facciones. Lo que menos deseaba era que su padre, su madre o su abuela lo acribillarán a preguntas cuándo terminará la noche y volvieran a la mansión de los Zabini. El estómago podría quemarle a causa de la furia y de los sentimientos contenidos, pero prefería morirse a dejar que su familia lo notara.  Una visita a Adhara era una buena manera de ocultar la verdad de sus intenciones, de estar lejos de Sienna sin necesidad de que sus padres o los de ella supieran lo destrozada que estaba su relación o las ansias que tenían por romper el compromiso lo más pronto posible. La visita a su prima era la excusa perfecta que ambos necesitaban: Sienna para pasarse todas las vacaciones pegadas a su soso novio y Blaine para no tener que ver esa patética escena.  Su mejor amiga no parecía estar de acuerdo.

La joven, al escuchar los planes de Blaine para ese verano, se levantó de manera impetuosa con la sangre arrebolada en las mejillas a causa del enfado.  Sus manos, pequeñas y blancas se golpearon, contra la mesa, haciendo que la cristalería tintineará y que las botellas de vino oscilarán peligrosamente. Hermosa hasta cuando se enfadaba. << No tienes que comportarte así, Sienna Lestrange, sólo lograrás empeorar la situación >>  

¡Sienna! —la voz de Lyarra resonó en el comedor; Blaine apenas la escucho. Su atención estaba centrada en la figura de su prometida, en sus ojos brillosos por el calor de las lágrimas, en ese mohín de sus labios cada vez que se enfadaba. << ¿Te importa? >> Antes de que pudiera decir algo, o incluso disculpase, la muchacha se dio media vuelta y salió disparada del comedor.  Los comensales se habían quedado paralizados otra vez frente a la escena poco decorosa que los futuros esposos estaban protagonizando, digna de unos adolescentes hormonados sin control de sí mismos. Se estaban saliendo de sus papeles, se suponía que eran la pareja perfecta que nunca discutía y que se amaba sin condiciones. No dos mejores amigos hartos de fingir, de verse, o mejor dicho, dos mejores amigos que empezaban a ser dos desconocidos condenados a un destino que no buscaron y que no merecían.

<< Ustedes, todos ustedes, que fingen que están indignados por nuestra manera de actuar, son los que nos están orillando a hundirnos en esta mierda >> arrojo la blanca servilleta que aún tenía en las manos contra la mesa, los miró a todos con repugnancia y salió casi corriendo detrás de su mejor amiga. Justo para ver el momento en que giraba en un pasillo y se metía por un lugar donde solo transitaban los elfos domésticos de la mansión. Blaine lo supo siempre, desde el día en que sus padres les anunciaron que estaban comprometidos, sabía que esa fue la condena de muerte de su amistad. Supo que se terminarían odiando, hartos el uno del otro, igual que Pansy y Blaise.

¿Sienna? —repitió el nombre de la muchacha mientras apuraba el paso para no perder el rastro de su prometida. Era muy ágil y ligera, además, la mansión de los Lestrange tenía tantos vericuetos  que resultaba fácil perderse. Incluso para Blaine, que pasaba todos los veranos allí desde que tenía memoria. — ¿Sienna? ¿Puedes detenerte? —tuvo la sensación que no lo escuchaba.

La vio trepar una escalera con forma de caracol y rodó los ojos con inmenso fastidio, planteándose seriamente la idea de subir a ese lugar para hablar con ella. ¿Qué le iba a decir? ¿Qué no soportaba la idea de que estuviera con Malfoy? ¿Qué por las noches no podía dormir pensando en ella y en como quizás en ese exacto momento estaba en los brazos de otro? ¿Qué le iba a decir? ¿qué necesitaba alejarse para poder respirar tranquilo? Era mejor dejarla ir y largarse de la mansión de los Lestrange sin mirar hacia atrás. No volver a dirigirle la palabra a Sienna si no era estrictamente necesario. Era lo lógico, era lo mejor para los dos. O al menos eso le decía su lado racional, ese al que últimamente no escuchaba demasiado. Y al que no iba escuchar en ese momento tampoco. La sola idea de perderla o de que lo odiará le partía la cabeza al medio y lo llenaba de una desesperación que lo ahogaba. Un sentimiento asfixiante. La necesitaba lejos para poder respirar, sí, pero si no la tenía cerca el aire tampoco le llegaba a los pulmones.

¿Sienna? —repitió una vez más mientras subía a través de la escalera con mucho asco. Estaba asquerosamente sucia y llena de polvo, como si no la hubieran limpiado en años. —Espero que la residencia de Adhara no sea tan inmunda como este ático —dijo  en broma al entrar a la buhardilla. Su mejor amiga miraba a través de una ventana corroída por la mugre, llena de telarañas. A los costados se apilaban cuadros y otra basura de la que no quería tener consciencia. Ya bastante le costaba controlar los estremecimientos de repugnancia que le sacudían el cuerpo—No sé qué es lo que te ha enojado tanto, Dolly. Pensé que tu noviecito estaría contigo durante las vacaciones de verano y preferí no darte un motivo para que rechazaras su presencia. Volvamos al comedor, ya tendremos suficientes problemas por el espectáculo que hemos montado.—sacó la varita de la túnica con un movimiento rápido — ¡Lumos! — y recitó el hechizo para iluminar el desván. Una pequeña araña descendía desde el techo hasta la cabeza de Sienna y él, sabedor de la fobia que le tenía su prometida a esos bichos, cortó la distancia entre ellos y la apartó de un golpe con las manos —No es necesario tanto drama, tarde o temprano esto iba a suceder. No quiero pasarme todas las vacaciones encerrado aquí y seguramente tu tampoco quieres pasar todas las vacaciones atada a mí y al teatro al que estamos sometidos —le dedicó una media sonrisa —¿No es así? —quizás su intento de razonar la situación era patético y poco creíble. No tenía porque darle una explicación a Sienna de su manera de actuar, no le debía nada y mucho menos desde que era la novia de Scorpius Malfoy. Sin embargo ahí estado, dejando salir excusas a borbotones. Fingiendo que la distancia que imponía entre ellos desde el principio del verano no era más que una consecuencia natural del paso del tiempo y no una decisión meditada. Actuando, valga la redundancia, actuando con la única persona a la que nunca le había mentido en su vida.


Última edición por Blaine A. Zabini el Dom Ago 30, 2015 12:39 am, editado 1 vez
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Mensaje hechizo realizado el Jue Ago 27, 2015 8:47 pm


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Hizo otro trazado indescifrable junto al anterior, dejando un camino de garabatos sin sentido en medio de la suciedad del vidrio. No estaba segura de qué quería conseguir con aquel gesto tan banal, pero lo hacía sin pensarlo demasiado y dejándose guiar por la voluntad propia de sus dedos. Su mente estaba en un lugar por completo diferente, lejos de ese ático viejo y de las mansión de los Lestrange,  quizás en alguno de los jardines de Hungría que no veía hace tanto tiempo. Recordaba cada detalle como si volvieran los años atrás en un abrir y cerrar de ojos, los niños eran niños y las decisiones importantes consistían en qué nuevo juego aprender. ¿Cuándo el camino se había vuelto tan tormentoso?. Lo gracioso de todo, si es que podía pensar en algo así en ese momento, era que no importaba si tenían cinco o dieciséis años, seguían jugando a las escondidas después de todo. Sin embargo, esta vez era diferente a las otras, sentía que por más que esperara Blaine, él no iba a venir a encontrarla. Limpió sus dedos en la túnica, empolvando el rosa pálido de la tela que su madre había conseguido en el extranjero, y por fin puso atención a algo más que no fueran sus propios pensamientos. No lo había escuchado llegar, pero el sólo sonido de la voz del slytherin hizo que volviera a fruncir el ceño   —  ¿Qué haces aquí, Blaine? — preguntó sin mirarlo  mientras intentaba no parecer tan perturbada como se sentía. ”Vete al carajo con tus bromas, Zabini.

No podía evitarlo, simplemente no deseaba escucharlo hablar sobre cómo él prefería pasar sus vacaciones en otro lado, menos aun si era lejos de ella. Su mejor amigo estaba poniendo un límite entre ellos que jamás había existido antes y le frustraba enormemente el no entender por qué. ¿Se había cansado acaso?, ¿Estaba aburrido de tener que lidiar con todos los estragos que el incidente había dejado en ella?. Quizás para cualquiera fuese lógico que ocurriera aquello, pero no para él, se suponía después de todo que su Blaine era incondicional. ”Y ahora me deja expuesta por unos meses de diversión con su prima”   —  Lárgate y déjame en paz. Ambos sabemos que este no es lugar para ti y no tengo ánimos para pretender que quiero charlar — agregó con irritación, pero intentando conservar el temple de su tono con el fin de no darle demasiada importancia al asunto. Con lentitud pasó la mirada por sobre su hombro para encontrarse con la de su prometido —  No me interesan los problemas —  ”Suficiente tengo con tu noticia” completó en su mente, sin intención alguna de volver a bajar las escaleras para continuar con el circo. Prefería enfrentarse al castigo de sus padres que simular siquiera una sonrisa más.

En cuando notó la aproximación de su amigo dio media vuelta hacia él, dispuesta a darle un empujón si éste se sentía con el derecho de dar un paso más hacia ella. Con una expresión de asco vio que una araña caía hacia el costado con el movimiento de Blaine y salía corriendo en dirección a los cuadros, sin embargo, ahogó el grito que  el espanto realmente le provocaba. Cerró los ojos por unos segundos, esperando que tal reacción pasara desapercibida también, y luego dio un marcado paso hacia atrás —  Para mí estar atada a ti nunca fue una carga. Por supuesto que no quiero este ridículo matrimonio forzado ni limitarte si quieres estar con otra, pero tampoco deseo apartarme de ti —  dejó escapar sin realmente aclarar su mente antes, todo era tal y cómo aparecía en su mente, sin filtro alguno. Realmente nada de lo que ella quería importaba, y eso la frustraba más que cualquier otra cosa —  Pero entiendo que para ti todo esto sí sea una molestia. Está bien que prefieras revelarte y perjudicarnos a ambos para escaparte de la promesa que hicimos. Sinceramente no hay problema si priorizas tu diversión y tu libertad a tener que cargar conmigo, pero al menos podrías haber tenido los cojones de decírmelo antes del show que montaste abajo —  agregó desbordando veneno sin notarlo del todo. Pocas veces usaba un lenguaje así, pero de la misma forma pocas veces se enfadaba tanto.

En ese momento podía sentir un cúmulo de sensaciones que nunca había experimentado antes, estaba confundida y no podía admitírselo ni a ella misma. Se dejó guiar irremediablemente por el sentimiento que le era más familiar en ese momento, la rabia. ¿Era culpa de Blaine o de ella misma?, no lo sabía del todo, pero de igual forma dio un paso hacia su mejor amigo de manera desafiante y con la mirada fulminante sobre los ojos marrones de él —  Vete, Blaine. Estoy segura de que podré lidiar con esto junto a Piper y Scorpius. Si no me necesitas como yo te necesito a ti, entonces no queda nada más que decir —   porque sí, necesitaba a su mejor amigo, lo necesitaba a él. ¿Cómo no podía verlo?, pero la verdad era que ella tampoco podía explicarlo.
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Mensaje hechizo realizado el Dom Ago 30, 2015 12:36 am


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La frase ponzoñosa salió de su boca con naturalidad, antes de que pudiera darse cuenta de lo mucho que revelaba acerca de sus sentimientos. Sienna no era estúpida, y sin duda, un matiz en sus palabras fue suficiente para que descubriera la mentira de los argumentos que esgrimía con la esperanza de creérselos.  La actitud de la Lestrange, distante y defensiva, dio un vuelco radical ante el desliz de Blaine. Había estado a punto de irse del desván, Zabini iba a lograr lo que se propuso desde el principio de las vacaciones y un impulso imperdonable acababa de arruinarlo. De delatar su verdadera situación. Fue tan fácil para ella verbalizarlo, decirlo en voz alta, que se le antojaron ridículos todos los mecanismos que había utilizado para defenderse de la realidad. << Suenas celoso >> una sentencia simple, tajante, y completamente acertada. << Celoso >> se mordió la cara interna de las mejillas con algo de ira por verse expuesto frente a Sienna, casi como si lo hubiera dejado desprotegido en medio de un campo de batalla. Era difícil, tenía la sensación de que  con su descubrimiento estaba desgarrando una herida demasiado fresca y que aún dolía como los mil demonios.

—le dijo directamente y con decisión. Despegó sus ojos marrones de la oscuridad del desván y los clavó con fiereza en el rostro confundido de su mejor amiga. La palabra quedó flotando entre ellos durante un segundo. Blaine no dijo nada más, seguía impactado por la fuerza de su confesión. Acababa de decirle que estaba celoso. Él, acababa de admitir que algo estaba fuera de su control. ¿Qué era toda esa actuación si no un intento desesperado por soltar algo que se le escaba de las manos sin que pudiera hacer nada? No era más que un patético intento de sentir que él lo había decidido, que él la había alejado, que él había elegido atravesar el infierno de estar distanciado de Sienna a causa de su odio por Malfoy. Pero él no había escogido nada, más que huir. Sólo estaba huyendo porque tenía miedo de los sentimientos que lo asfixiaban al imaginar la mano pequeña de su mejor amiga entre las fofas y pálidas de Malfoy. Las mismas manos que le había extendido el día en que se conocieron. << Eres tú la que has elegido. No yo >> —No me toques —añadió con brusquedad y apartó de un manotazo a Sienna con su intento de caricia. La piel de su rostro ardía allí donde hicieron contacto los dedos de su prometida. —Tenemos que alejarnos a partir de ahora. —no dio motivos, ya no necesitaba darle motivos ni explicaciones. Había insistido en hacerlo de buena manera, había querido restarle importancia a la situación y su mejor amiga eligió ir más allá, por el camino peligroso, hacía un terreno demasiado oscilante. —Mantendremos las apariencias, por supuesto, al menos hasta que demos con la forma de terminar el compromiso. Lo más pronto posible —ahora fue él quien dejo a Sienna clavada en el mugroso ático para dirigirse a la salida. Fue un estúpido error el ir a buscarla, el salir detrás de ella apenas se fue del comedor. Volvía a sentirse rabioso e irritado, además de que las barreras de su mente para ignorar la suciedad del ático empezaban a debilitarse. Sentía a la inmundicia como una serpiente que reptaba por el suelo y por su cuerpo. Igual que dos manos viejas y arruinadas —Nox  —conjuró en voz baja para que se apagase la luz blanca de su varita. El desván se vio engullido una vez más por las sombras. —Espero que ese idiota te haga feliz. O lo despedazaré.

Lo que más quería desde la mañana del accidente era despedazarlo. Tomar su fofo y blanco cuello entre las manos y retorcerlo hasta que el rostro se le pusiera morado. << Lo juro que lo haría si no te viera tan feliz. Estás feliz. Odio eso y lo amo al mismo tiempo >>

Te espero abajo, Sienna. Les diremos a nuestros padres que hemos hablado y solucionado la situación. Que todo está bien y que apruebas mi decisión de pasar el verano en la casa de Adhara. Les regalaras esa bonita sonrisa falsa que tienes y fingiremos que somos la pareja más enamorada del mundo —ordenó todo como si fuera el dueño de la situación aunque no lo fuera en absoluto. Al menos podía tener esa ilusión por un momento más. Era su único consuelo, eso y darle un último vistazo al rostro de su prometida, cuyos ojos brillaban como fuego grisáceo en medio de la oscuridad —Y cámbiate el vestido, se te ha manchado de polvo —se giró una vez más, dispuesto a irse.

<< Lo siento, Dolly, pero yo no puedo soportar que otro te haga feliz >>



Última edición por Blaine A. Zabini el Jue Sep 03, 2015 9:15 pm, editado 1 vez
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Mensaje hechizo realizado el Dom Ago 30, 2015 7:12 pm


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Le encantaba jactarse de que era del tipo de chicas que no maldecía ni llenaba su boca con groserías de baja clase, pero en ese preciso momento, y tras escuchar las primeras palabras de Blaine, se sentía como poco más que un cantinero de Cabeza de Puerco.  A su mente sólo llegaban palabras venenosas y unas fervientes ganas de lanzarle todo lo que tenía atascado en la garganta a la cara, sin filtros, sin consideraciones. ¿Por qué no podía hacerlo?, él después de todo se estaba encargando de dejarla por el suelo con su discurso, limpiaba cada centímetro de suelo empolvado del ático con ella. ”¿Qué nos pasó, Blaini?”, se preguntaba durante el monólogo de su prometido. Desvió la mirada un par de veces, irritada por el hecho de que su mejor amigo no fuera capaz de mirarla a la cara mientras la derrumbaba. Entonces ella tampoco lo vería, estaría tan perdida en la aparente fascinación por los roñosos muebles viejos como lo estaba él. ”No lo hagas, no digas que nuestra amistad sólo fue una cláusula de un contrato”, replicaba su perdida mente sin atreverse a verbalizar nada ”Para mí no lo es”. Eran palabras fuertes, tanto que quizás bajo otras circunstancias no las hubiese creído en absoluto, sin embargo, su Blaine nunca le había mentido. ¿Por qué lo  iba a estar haciendo en ese momento?.  Siguió el trayecto de una mota de polvo que se hacía visible al pasar por los escuetos rayos de sol que se filtraban por el vidrio, sólo entonces se percató de que aquel lugar que siempre la había protegido ahora era sólo un recuerdo, algo que se había estropeado en el camino. ”Como nosotros”.

Él se alejaba y ella únicamente podía seguirle el compás, porque una batalla que se pelea sin aliados siempre está destinada al fracaso y así lo entendía. Sin embargo, no podía negar que la sangre le hervía por la desconsideración de Zabini, quien hablaba como si trece años juntos no significaran nada más que un párrafo de un documento que alguien se le había ocurrido escribir por capricho — Sí, puede que lo sea en el fondo. Ya sabes, no me da la cara para aparentar que me importa alguien cuando no es así. Quizás me debí haber metido más en el personaje como lo hiciste tú. — respondió con un tono cargado de sarcasmo, pero contradictoriamente tan ligero y calmado como el que solía usar siempre. No le iba a permitir ver cuánto la estaba dañando, porque entonces tendría que admitir que Blaine Zabini era capaz de llegar hasta sus capas más profundas, hasta su interior, y eso era algo que ni siquiera Scorpius había logrado. Tensó la mandíbula ante la mera idea de reconocer algo así, lo más sencillo sería mover las piezas en aquel juego al ritmo que había comenzado el slytherin — Por supuesto que lo deseo. ¿Quién podría querer estar atada a alguien que no la ama?, ¿A alguien que se va con la primera chica que le mueve la falda?. Además, Blaine, ambos sabemos que aquí no hay nada más que amistad aparentemente forzada también. ¿Para qué extender la condena de algo sin pies ni cabeza? — comenzó a hablar sin continencia alguna, como si aquellas palabras purgaran por escapar de su boca sin moderación ni real consciencia de lo que significaban, ni tampoco de los vestigios de mentira que se asomaban detrás de ellas.

Estaba  tan enfadada como dolida y no tenía idea de cómo controlar ese mar de sensaciones que la ahogaba. ”Necesito escapar”, insistió en su mente otra vez, al igual que lo había hecho algunos minutos antes en el comedor durante la cena. Ahora era diferente, por supuesto, probablemente Rabastan y Lyarra la estuvieran buscando por cada rincón para obligarla a disculparse con todos, por lo que muchos lugares para huir no habían. Pero en su interior prefería enfrentarse a la ira de su padre que seguir soportando aquel discurso prefabricado de su amigo, por lo que sin decir nada más comenzó a caminar hacia la salida, dispuesta a lanzarse ella misma directo a la boca de los lobos. Lo cierto era que en ese momento incluso habría optado por ser arrastrada al infierno antes de seguir escuchando cualquier cosa, pero algo en las siguientes palabras de su mejor amigo hizo que se quedara estática en su lugar, prácticamente como si el mismo suelo hubiese trabado sus pasos para impedirle moverse. — ¿Qué has dicho? — preguntó en tono que reflejaba por completo su confusión y desconcierto, sin ocultar la sorpresa que le causaba. ” Es con Scorpius con quien te quieres casar y con quien deberías querer pasar el resto de los veranos de tu vida”, repitió su mente con total incredulidad. ¿Acaso de eso iba todo?.

Dio media vuelta sobre sí misma y lo observó unos minutos. Blaine jamás había sido del tipo de amigos que montaba una escena de celos de ese calibre sólo para marcar territorio o por sentirse desplazado. Por supuesto que entendía el sentimiento, pues a menudo ella tenía el instinto de alejar a toda persona que se le quisiera acercar a su prometido, sobre todo a la cabeza de brisa de Pyritte, pero jamás se le habría pasado por la cabeza llevarlo todo a tal punto — Suenas celoso — sentenció sin darle más vueltas al asunto. Dio un par de pasos hacia él, buscándole la mirada para obligarlo a encontrarse con sus ojos — Dime que no has hecho todo esto sólo por celos — insistió, esta vez de forma más relajada. De alguna forma u otra prefería la noción de que su amigo hiciera todo eso por sobreprotegerla  — Sé que detestas a Malfoy. ¿Está bien?. Pero no por eso debes pensar que me tienes que proteger o que te voy a dejar de lado. Es normal sentir celos de los amigos, sobre todo si nosotros dos somos como hermanos. — continuó, dando por hecho que toda la elucubración que hacía su mente era cierta. Con una sonrisa de medio lado llevó su mano hasta la mejilla de Blaine y la dejó reposar ahí. ”Eres un tonto”.

Todo ese asunto se le hacía desde cierta perspectiva gracioso, pues aun recordaba la cantidad de veces que de pequeña había empujado a Pyritte para mantenerla lejos de su amigo, ” Y si pudiera aun lo haría”. Pero todo eso era un juego de niños, aires de posesividad que no podían continuar en el tiempo presente, sobre todo teniendo en cuenta  que no se pertenecían realmente. Eso lo había entendido hace mucho y bajo esas reglas es que había guiado su actuar por todos esos años. ”Aunque me gustaría tenerte, al menos así podría evitar que te fueras con tu prima y me dejaras”, pensó a la vez que borraba de su cabeza inmediatamente la idea y apartaba la mirada hacia un costado. No podía pensar así, no podía dejarse llevar por eso también.
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Mensaje hechizo realizado el Jue Sep 03, 2015 9:19 pm


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La frase ponzoñosa salió de su boca con naturalidad, antes de que pudiera darse cuenta de lo mucho que revelaba acerca de sus sentimientos. Sienna no era estúpida, y sin duda, un matiz en sus palabras fue suficiente para que descubriera la mentira de los argumentos que esgrimía con la esperanza de creérselos.  La actitud de la Lestrange, distante y defensiva, dio un vuelco radical ante el desliz de Blaine. Había estado a punto de irse del desván, Zabini iba a lograr lo que se propuso desde el principio de las vacaciones y un impulso imperdonable acababa de arruinarlo. De delatar su verdadera situación. Fue tan fácil para ella verbalizarlo, decirlo en voz alta, que se le antojaron ridículos todos los mecanismos que había utilizado para defenderse de la realidad. << Suenas celoso >> una sentencia simple, tajante, y completamente acertada. << Celoso >> se mordió la cara interna de las mejillas con algo de ira por verse expuesto frente a Sienna, casi como si lo hubiera dejado desprotegido en medio de un campo de batalla. Era difícil, tenía la sensación de que  con su descubrimiento estaba desgarrando una herida demasiado fresca y que aún dolía como los mil demonios.

—le dijo directamente y con decisión. Despegó sus ojos marrones de la oscuridad del desván y los clavó con fiereza en el rostro confundido de su mejor amiga. La palabra quedó flotando entre ellos durante un segundo. Blaine no dijo nada más, seguía impactado por la fuerza de su confesión. Acababa de decirle que estaba celoso. Él, acababa de admitir que algo estaba fuera de su control. ¿Qué era toda esa actuación si no un intento desesperado por soltar algo que se le escaba de las manos sin que pudiera hacer nada? No era más que un patético intento de sentir que él lo había decidido, que él la había alejado, que él había elegido atravesar el infierno de estar distanciado de Sienna a causa de su odio por Malfoy. Pero él no había escogido nada, más que huir. Sólo estaba huyendo porque tenía miedo de los sentimientos que lo asfixiaban al imaginar la mano pequeña de su mejor amiga entre las fofas y pálidas de Malfoy. Las mismas manos que le había extendido el día en que se conocieron. << Eres tú la que has elegido. No yo >> —No me toques —añadió con brusquedad y apartó de un manotazo a Sienna con su intento de caricia. La piel de su rostro ardía allí donde hicieron contacto los dedos de su prometida. —Tenemos que alejarnos a partir de ahora. —no dio motivos, ya no necesitaba darle motivos ni explicaciones. Había insistido en hacerlo de buena manera, había querido restarle importancia a la situación y su mejor amiga eligió ir más allá, por el camino peligroso, hacía un terreno demasiado oscilante. —Mantendremos las apariencias, por supuesto, al menos hasta que demos con la forma de terminar el compromiso. Lo más pronto posible —ahora fue él quien dejo a Sienna clavada en el mugroso ático para dirigirse a la salida. Fue un estúpido error el ir a buscarla, el salir detrás de ella apenas se fue del comedor. Volvía a sentirse rabioso e irritado, además de que las barreras de su mente para ignorar la suciedad del ático empezaban a debilitarse. Sentía a la inmundicia como una serpiente que reptaba por el suelo y por su cuerpo. Igual que dos manos viejas y arruinadas —Nox  —conjuró en voz baja para que se apagase la luz blanca de su varita. El desván se vio engullido una vez más por las sombras. —Espero que ese idiota te haga feliz. O lo despedazaré.

Lo que más quería desde la mañana del accidente era despedazarlo. Tomar su fofo y blanco cuello entre las manos y retorcerlo hasta que el rostro se le pusiera morado. << Lo juro que lo haría si no te viera tan feliz. Estás feliz. Odio eso y lo amo al mismo tiempo >>

Te espero abajo, Sienna. Les diremos a nuestros padres que hemos hablado y solucionado la situación. Que todo está bien y que apruebas mi decisión de pasar el verano en la casa de Adhara. Les regalaras esa bonita sonrisa falsa que tienes y fingiremos que somos la pareja más enamorada del mundo —ordenó todo como si fuera el dueño de la situación aunque no lo fuera en absoluto. Al menos podía tener esa ilusión por un momento más. Era su único consuelo, eso y darle un último vistazo al rostro de su prometida, cuyos ojos brillaban como fuego grisáceo en medio de la oscuridad —Y cámbiate el vestido, se te ha manchado de polvo —se giró una vez más, dispuesto a irse.

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Mensaje hechizo realizado el Vie Sep 04, 2015 9:30 pm


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Había creído tener una pista del rumbo que llevaba Blaine, un atisbo pequeño de hacia dónde estaba yendo todo el asunto de sus celos. Sin embargo, y para su sorpresa, él parecía empeñarse constantemente en hacer las cosas más difíciles de lo que eran, complicarlas en su totalidad sin decir lo que realmente pasaba por su cabeza. ”Te estás reprimiendo”, porque sí, tras trece años lo conocía lo suficiente como para interpretar su actuar, o al menos eso le gustaba pensar. Retrocedió un paso de modo defensivo ante el manotazo de su mejor amigo, imponiendo nuevamente esa asfixiante distancia entre ambos. Algo no calzaba, algo estaba fuera de orden. Frunció un poco el ceño y se limitó a mirar a su prometido, como si en sus ojos oscuros esperara encontrar las respuestas que las palabras no podían proporcionar. Pero no había nada que interpretar en ellos, sólo el frío que por igual expedían sus exigencias absurdas. No respondió ni emitió juicio alguno, para librar una guerra primero hay que entender el motivo, y bajo todo punto de vista ella no lo entendía.

Su prometido le pedía estar lejos, mantener las apariencias y pretender que el juego de la amistad que ambos habían forjado por tantos años llegaba a su fin. ¿Cuál era el punto de todo eso?, volver a ser un par de extraños que tan sólo recordarían sus rostros con el pasar del tiempo, y quizás hasta eso se borraría de a poco — No te entiendo, Blaine — murmuró con más pesar en su voz del que le hubiese gustado revelar, pero en un tono tan bajo que existía la posibilidad de que se quedase perdido en el aire que componía la distancia entre los dos. Quería seguirlo, gritarle que se detuviera para que ambos pudiesen arreglar aquel lío que evidentemente castigaba a ambos, pero no podía, su orgullo la mantenía atada a los recuerdos sucios del desván. ”Si no me quiere cerca, entonces es mejor que se vaya”, pensó justo cuando la luz de la varita de Blaine comenzaba a consumir la luz del lugar, dejándolo en las mismas penumbras en las que ella lo había encontrado. Tomó una bocanada de aire y esperó un segundo para contenerse, para no dejar salir todo aquel veneno que comenzaba a dejar un sabor amargo en su boca. ”No lo hagas, Sienna”. Pero fue inevitable, pues había aprendido que las palabras que se quedan a medio camino entre la garganta y la libertad son las más tóxicas de todas — Eres un cobarde, Zabini. Ni siquiera puedes enfrentar lo que te pasa.— escupió por fin, con un desdén con el que pocas veces se había referido a su mejor amigo. Con el mismo ímpetu altivo que había adquirido al pronunciar esas palabras fue que caminó hasta él, pasando por su costado sin siquiera dedicarle la mirada — Me hace feliz, así que no te verás en la necesidad de destrozar a nadie. Por otro lado mi felicidad dejó de ser asunto tuyo.  — agregó sin medirse, bajando los escasos escalones que guiaban a la puerta de la buhardilla con cuidado y sin dejar que la oscuridad fuera un obstáculo. Sólo entonces, antes de girar la manilla, se  dio media vuelta para enfrentar el oscuro rostro de Blaine — Gracias por arruinar mi lugar preferido  —. No era una frase real, ni siquiera lo sentía del todo de ese modo, pero buscaba herirlo… porque él la estaba hiriendo también.

Al salir sus ojos se tardaron en responder a la luz del pasillo, el cuál parecía tan luminoso como los patios en comparación al desván. Limpió el polvo de su vestido y escudriñó cada rincón con la mirada, en busca de cualquier signo que delatara la presencia de su familia. No había nadie, y de hecho todo estaba inusualmente callado. ”¿Dónde se metieron todos?”. Pero la respuesta a aquella preguntaba estaba lejos de importarle, pues a pesar de las indicaciones de su prometido lo último que quería era volver al teatro — Hay algo que debes entender. No estoy de acuerdo con tu decisión, no hemos solucionado nada, no fingiré estar enamorada de ti y definitivamente no le regalaré una sonrisa a nadie. Así que si quieres puedes bajar solo, yo tengo otros planes que no incluyen mentiras ni pretensiones forzadas. — comentó en voz baja al escuchar que estaba acompañada nuevamente por el Slytherin. ”Lo que sí haré será cambiarme el vestido”, completó su mente al imaginarse cómo debía lucir en ese preciso momento. Le dedicó una mirada fugaz por sobre el hombro, intentando que lo que transmitieran sus ojos no fuera más que indiferencia, aunque justamente eso fuese lo último que sintiera. No iba a darle importancia, no iba a dejarle ver cuánto le dolía la actitud que estaba teniendo, porque entonces sabría que el control dependía de él y eso era algo que no estaba dispuesta a ceder. ”¿Por qué me afecta tanto?, es sólo una pelea”, porque eso era ¿No?, otra simple pelea.

Suspiró con pesar. Un solo cambio de ropa era todo lo que necesitaba, luego podría ir a donde quisiera. Pensó en Piper, en Scorpius, en Theo e incluso Pyritte, hasta lidiar con ella parecía mejor opción en ese preciso momento. Pero por más que su cabeza repasara nombres, había sólo una persona con la que realmente deseaba estar en ese momento, ”La única con la que aparentemente no puedo”. Se decidió por la alternativa que quedaba, la soledad. Blaine podía dar la excusa que quisiera con el resto, quizás incluso culparla directamente a ella, lo cierto era que no importaba. Había decidido salir de esa mansión, al menos por la noche, y no iba a detenerse sólo porque era lo que debía hacer. Por una vez deseaba salirse de su esquema, mandar las reglas al carajo y hacer algo nuevo. ”No quiero sentir esto, sea lo que sea”. Estaba enojada, eso podía determinarlo de entre todas las sensaciones que estaba experimentando. Dio un paso firme hacia adelante, quedando a escasos centímetros de Blaine, con la convicción de que eso sería lo último que le diría durante la noche — ¿Te das cuenta de todo lo que estás arruinando? Ni siquiera tienes un buen motivo para estar celoso y eso es lo peor de todo. Eres egoísta — finalizó con la mirada severa fija en él y con el corazón más acelerado de lo común.
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Mensaje hechizo realizado el Vie Sep 04, 2015 11:39 pm


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El muchacho era muy consciente de que la estaba lastimando. Blaine conocía a Sienna de la misma forma en que ella lo conocía a él. No iba a tomar en serio sus palabras porque actuaba igual que siempre, como un animal apaleado que lanza dentelladas para defender su seguridad. Qué ataca para disimular que está herido de muerte. Sus palabras venenosas, su actitud altiva, la manera tan leve en que alzaba el mentón y lo taladraba con la mirada. Todo indicaba que la distancia le dolería tanto como a él. << Lo siento, Dolly. No lo soporto, no hay otra manera >>. La relación entre los dos se estaba desmoronando y si Blaine quería olvidar esos estúpidos  y repentinos sentimientos que lo atormentaban, tenía que prescindir de la amistad. De su presencia entera.  

No me agradezcas… —le dijo con cinismo mientras la seguía hasta la salida del desván. Aliviado por escapar de ese inmundo lugar. Incluso el comedor, con la insoportable presencia de sus familiares y la reluciente cristalería de los Lestrange, era mucho más apetecible que la buhardilla. —Al final, te darás cuenta de que nos estoy haciendo un gran favor —terminó su frase una vez que estuvieron en un pasillo lleno de luz. El vestido de Sienna estaba lleno de polvo y  seguro que su túnica también. Sacó la varita una vez más y con un leve golpecito dejo impecable su traje y luego el de su prometida —No tienes por qué complicarlo tanto. Hazte un favor a ti misma, y hazme un favor a mí, evítanos los regaños de Pansy y Lyarra. Tengo muy pocas ganas de escucharlas — guardó la varita de ébano dentro de sus amplios bolsillos y la miró a la cara por un leve momento. —Cobarde. Egoísta. Celoso. ¿Algo más, Lestrange? —Sus cejas estaban levantadas y había apretado tanto los labios que ya eran una línea fina e inexistente sobre su rostro —Todo lo que quieras. Pero no un traidor —sus ojos fríos y letales la recorrieron casi con decepción. Con una leve nota del desprecio que sentía por Scorpius brillando en ellos. Todo el mundo sabía  la hostilidad existente entre el hijo de los Malfoy y el hijo de los Zabini. Lo poco que se soportaban el uno al otro —Quieres ir a buscar a tu noviecito para contarle lo malo que soy. No puedo creer que te hayas convertido en otro de sus elfos domésticos.

Sonrió de manera algo retorcida, una sonrisa que no compartían sus ojos ni sus facciones tensas. Estaba muy enojado y le generaba cierto placer el hecho de lastimarla. Sienna ni podía imaginar el infierno por el que estaba pasando él. Quería hacérselo sentir en carne propia, que lo sintiera en su propia piel. Pero no iba a lograrlo nunca con palabras, o con la distancia que se veía obligado a imponer entre ambos. No había forma de que ella lo supiera.

Tengo motivos suficientes. Además, querida, la culpa es compartida. ¿Pretendías que nuestra amistad fuera igual luego de que te acostaras con el tipo que más desprecio en todo Hogwarts? —Entornó los ojos, fingiendo una diversión y una jocosidad que estaba lejos de sentir —Eres una ilusa si pensabas que todo seguiría igual.

<< Me hace feliz >> Las palabras de Sienna le retumbaban en la cabeza como un latido, una y otra vez, sin concederle tregua. No podía pensar claramente, la voz dulce y venenosa de su prometida le pegaba en cada rincón de su mente y el eco se expandía por su cuerpo, llenándolo de una furia ardiente. De unas terribles ansias por buscar a Malfoy y asfixiarlo. De destrozar todo lo que se encontrara a su paso, pero no, a la primera persona que iba a destrozar era su mejor amiga y con sus mismas armas. << Me hace feliz >> la frase se repetía una y otra vez en su mente, insidiosa, frustrante. << Me hace feliz >> sentía como su mirada oscura y el peso negro de su alma cargarse más y más.

Te cambiarás el puto vestido. Te pondrás el más hermoso que tengas y bajarás al comedor. Le dirás a nuestros padre lo mucho que me amas y lo bien que nos llevamos y se lo harás creer hasta el puto día en que terminemos esta mierda de compromiso. ¿No te basta con hacerme quedar como un cornudo con mi propio enemigo frente a todo Hogwarts? —Chasqueó la lengua y su sonrisa retorcida se pronunció aún más— ¿No dices que me necesitas? ¿Qué era tu “amigo”? Entonces  deja tu maldita actitud de cría insoportable y hazte cargo de tus responsabilidades. Ni creas que me dejarás a mí la carga de dar explicaciones mientras te vas a revolcar con el imbécil de tu novia como la putilla desconsiderada que eres. —la tomó con algo de fuerza por la muñeca y literalmente, la arrastró hasta la puerta de su cuarto —Te espero aquí afuera.

El corazón le palpitaba con violencia y un sabor amargo se instaló debajo de su lengua. No era la primera vez que trataba así a una mujer. Era la primera vez que la trataba así a ella, quien siempre conoció su lado suave, su lado más…amable, por decirlo de alguna manera. Lo cierto es que el muchacho no conocía las sensaciones que Sienna le causaba, ella encendía algo distinto. Blaine nunca había conocido esa furia arrolladora que quemaba todo a su paso, él había actuado siempre de manera distinta, con frialdad y juegos mentales, manipulando a la gente y haciéndola sufrir de a poco.  Sienna hacía arder un fuego que no sabía que existía dentro de él. Sus sentimientos por su mejor amiga lo transformaban, cambiaban las reglas del juego y lo hacían perder el control. Y no lo soportaba. Era incapaz de soportarlo.
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Mensaje hechizo realizado el Sáb Sep 05, 2015 1:01 am


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”Muchas cosas más Blaine”. Habían mil palabras atascadas en su garganta, pujando por salir e intoxicarlo todo a su paso, como una peste que pretende erradicar hasta el más tierno pétalo de flor. ¿No era justamente eso lo que estaba persiguiendo su mejor amigo?, entonces no tenía reales motivos para guardarse lo que quería decir, por más cruel o frío que sonara el discurso. Respiró con algo de dificultad antes de hablar, en parte porque la opresión en su pecho comenzaba a emerger nuevamente — No puedo creer que me llames traidora por salir con Scorpius, ese no es un motivo.  No tienes derecho alguno a reprocharme con quién salgo o dejo de salir cuando tú te has tirado a medio Hogwarts. —  la insolencia de sus palabras se notaba, palpitaba durante cada segundo que su boca continuaba hablando — Pero claro, que te folles a quien se te pase por delante sí es algo que yo debo aceptar. Me das asco. — . No iba a dejar que él la hiciera sentir mal por haber encontrado a alguien que quería mantener a su lado, no se avergonzaba de eso y, por el contrario, la única actitud que estaba dejando que desear era la de su mejor amigo.  Su mandíbula se tensó, pero no retrocedió ante la violencia de los comentarios de Blaine — Puedo hablarle de lo que quiera, eso no es asunto tuyo. — agregó, sin clarificar que lo último que haría en la tierra sería hablar mal de su prometido. Ella jugaba bajo esos códigos y no consideraba necesario tener que recordárselo a él, menos cuando se comportaba como un crío irracional.

Estuvo al borde de colapsar y mandarlo a besar el culo de Merlín, detestaba escucharlo hablar así y más aún el tener que soportar una escena de celos injustificada. ¿Qué importaba si estaba de novio con su némesis?, estaba convencida de que ella jamás hubiera actuado de tal forma si fuese él quien se ponía de novio con Pyritte. ”Horrible imagen”. Sacudió la cabeza levemente intentando borrar el pensamiento, lo cierto era que no quería siquiera imaginarlo y autoengañarse era una pérdida de tiempo, pero lo hacía. Si quería mantener el control de la situación, debía actuar con recato y moderación, no podía darse el lujo de dejarse llevar por emociones que no podía explicar bien. Pero antes de que siquiera lo intentara, previo a cualquier atisbo de disculpa que quisiera dar, las palabras de Blaine volvieron a abofetearla. Esta vez, sin embargo, le dejaron una dura marca en el rostro. Escuchó todo con los labios ligeramente entreabiertos, como si tras cada declaración quisiera protestar, pero su voz estaba tan cortada como el hilo de sus pensamientos. De un momento a otro se había quedado en blanco, de cierta forma perdida en un vacío que no había conocido antes — Blaine — fue lo único que logró articular mientras era arrastrada hacia su habitación.

Quería gritar, pues la muñeca le dolía por la fuerza que su prometido ejercía sobre ella. ¿Era consciente de que la dañaba?. ”Me duele”, pero nuevamente nada salió de su boca. Entró a la habitación y la puerta se cerró detrás de ella. Por varios minutos la observó con desconcierto, preguntándose si se abriría para dejar entrar a quien fuese que estuviera atrás. Porque era otra persona, no era su mejor amigo. La madera soportó el peso de su mirada por quizás demasiados minutos, primero la contempló de pie y luego, cuando estuvo consciente de lo ocurrido, desde el suelo tras derrumbarse en sus propias rodillas. Sentía absolutamente todo; La opresión en el pecho, lo laboriosa que se había vuelto su respiración, lo seca que se encontraba su boca y, por sobre todo, el dolor de su muñeca. De forma inconsciente deslizó sus dedos por la piel maltratada, como si intentara reconocer el mapa de la agresión. ¿Sentía tristeza?, ¿Decepción?, ¿Ira?. Por primera vez lo que sentía era algo diferente, era miedo.

Se puso de pie sin derramar lágrima alguna, pero sintiéndose como un espectro que debía cumplir las tareas que le habían en encomendado. Estaba ahí sin estar ahí. Caminó hasta su armario y de él sacó un vestido color azul petróleo, el primero que llamó su atención. Se vistió con calma mientras miraba su reflejo en el espejo, sin poder obviar la confusión que veía en su propio rostro. Tomó el cepillo de cabello y desarmó el moño que llevaba, dejándo caer las ondas sobre sus hombros y acomodándolo hacia un costado. Sin siquiera darse cuenta se encontró a sí misma sujetando el objeto con demasiada fuerza, tantas que sus dedos le comenzaban a doler. ”Te detesto”, fue su único pensamiento antes de lanzar el cepillo directamente en dirección a la puerta. El ruido fue fuerte, por lo que dudaba que alguien en la mansión no lo hubiese escuchado,  pero absolutamente nadie apareció para llamarle la atención. ”Nadie”.

Tras cavilar unos segundos para abrir la puerta, finalmente lo hizo, encontrándose con quien de pronto no quería volver a ver. Sus ojos se posaron en los de su prometido, sin demostrar más que lo evidente, decepción — Desde ahora, Blaine Zabini, no somos amigos. No me hablarás más de lo que estrictamente necesario ni interaccionaremos si no es frente a nuestros padres. Para mí no existirás, porque olvidaré que alguna vez fuiste lo más importante en mi vida. —  su voz era aterciopelada, sin enfado ni rencor, simplemente guiada por la aparente indiferencia. Por supuesto que le dolía, por supuesto que se derrumbaba por dentro. Cerró por fin la puerta y se adelantó unos pasos para hacer real la distancia que debía separarlos — Me alejaré, pero no porque me lo pides. Si no porque eres tóxico y no necesito a alguien así a mí lado. Si querías dañarme lo conseguiste. —  completó sin evaluar demasiado lo que decía. Él seguía siendo lo más importante, pero estaba dispuesta a olvidarlo, a dejar a su mejor amigo ir.

Caminó hasta el borde de la escalera e intentó  ocultar su muñeca con la manga del vestido. No habían cardenales ni signos de que Blaine la hubiese afirmado, pero ella los veía ahí quemándole la piel. Subió ligeramente la mano para que el Slytherin viera lo invisible — Quizás Scorpius sea un monstruo, pero jamás me habría hecho esto. — sentenció finalmente mientras esperaba a que Zabini le siguiera el paso, después de todo se suponía que continuaran el circo como la feliz pareja que jamás habían sido. Intentaba reprimirlo todo por el bien de ambos. Con suavidad extendió su mano hacia él para que la cogiera, sintiendo náuseas por primera vez de aquel contacto.
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Mensaje hechizo realizado el Sáb Sep 05, 2015 6:38 am


I´m giving up on you

La mirada de Blaine se quedó incrustada en la puerta blanca que Sienna cerró tras de sí. Una puerta gruesa, de madera de cerezo, que tenía runas talladas sobre la superficie. Los ojos del muchacho siguieron el camino de los grabados. ¿Qué significarían? Quizás la traducción precisa era “eres un idiota” o “deberías matarte”. Sabía que acababa de traspasar un límite, no sólo con sus palabras, sino también con sus acciones. Necesitaba creer que era lo mejor, que había sido necesario para que alejar a su mejor amiga, para termina de una vez por todas con esa relación. Estaba bien. Estaría todo bien. Aunque el malestar que sentía en la boca de su estómago no estaba de acuerdo con tal afirmación. Algo quemaba dentro. Algo diferente a la rabia, al enojo o la ira. No le hacía temblar el cuerpo de repugnancia como los celos ni tenía el sabor ácido y corrosivo de la culpa.

No, no era culpa. Él había experimentado ese sentimiento algunas veces y podía asegurar se trataba de algo más. De algo aún peor. Abrasaba. Mataba. Lo azotaba con una fuerza incalculable cada vez que imaginaba a Sienna cambiándose el vestido o incluso pensando en sus palabras. << Es lo mejor >> volvió a repetirse mientras empuñaba las manos y pasaba saliva. Que lo viera, que Sienna viera quién era Blaine Zabini en realidad, como terminaba rompiendo todo lo que tocaba sin el más mínimo esfuerzo. A ella, a su amistad, a los años y años que habían pasado juntos. Que comenzará a odiarlo y así todo sería más fácil. << Es lo mejor para los dos >>

El ruido estruendoso que hizo un objeto al estrellarse contra la puerta de madera lo distrajo, gracias a Merlín, de sus cavilaciones. No quería pensar demasiado en lo que estaba haciendo; ni dejarse llevar por los sentimentalismos. Sienna era novia de Malfoy, y no había más lugar para Blaine en su vida. Su tiempo, el tiempo de los dos, había llegado a su fin. << No fui yo el que tomó esta decisión, Dolly, has sido tú al enamorarte de él >> pero no se lo creía. Era incapaz de creerse sus argumentos.

Por fin —le dijo con mala hostia al verla salir del cuarto. Zabini tenía el ceño fruncido a causa de la mezcla de sentimientos, y lo frunció aún más al notar la profunda decepción que proyectaba el rostro de su prometida. Sus ojos, grises y chispeantes la mayoría de tiempo, estaban vacíos de todo contenido. El detalle hizo que el corazón de Blaine diera un vuelco. Que latiera dolorosamente contra su pecho, casi como si quisiera romperle el tórax y dificultarle la respiración. Pero eso no fue lo peor, las frases que soltó Sienna lo golpearon aún con más fuerza, tanta que se sintió desorientado durante un segundo. No fue el tono, dulce y aterciopelado, lo que le laceró en los oídos y en el pecho, si no el significado. << Se acabó >> —Me parece bien. Muy bien —dijo con simpleza mientras la miraba acercarse a la baranda de la escalera. Sentía casi en su propia piel como se iba cortando, uno a uno, los lazos que los unieron durante trece años. —No te he dañado tanto cómo tu a mí, Sienna, puedes estar segura.

Lo dejo escapar de su boca con algo de resentimiento. Había tanto que decir entre los dos, dolía tanto el peso de las palabras contenidas, que necesitaba muchísimo esfuerzo para mantener la indiferencia pintándole no sólo la expresión, sino también las palabras. << No sabes cuánto me ha dolido verte con Malfoy. No sabes como la imagen de ustedes dos juntos me atraviesa las pupilas cada vez que cierro los ojos. No tienes idea lo que es consumirte de amor por alguien que está enamorada de alguien a quien desprecias. No lo sabes >>

Tienes toda la libertad para correr con Scorpius cuando terminé la cena. Tendrás la completa libertad para hacer lo que quieras de ahora en adelante —sentenció mientras se acercaba a Sienna y tomaba con suavidad la mano que extendía hacía él. La misma mano que le había tendido cuando no tenía más de tres años y era un niño asustado detrás de la falda de su madre. El tiempo no lo había cambiado mucho, seguía siendo un niño asustado por la fuerza de los sentimientos que tenía por una muchacha que lo llamaba tóxico y que lo tenía en menos consideración que a un monstruo. << ¿Soy peor que un monstruo para ti? >> —No nos veremos más de lo necesario durante el verano, y en Hogwarts no será obligatorio siquiera que nos dirijamos la palabra. Puedes estar tranquila —dio un paso hacia atrás, la miró a los ojos y pudo ver en ellos una retahíla enorme de recuerdos, de memorias que lo atravesaron como una espada. Vio a dos niños corriendo hacia los bosques que bordeaban el castillo de los Lestrange, escuchó la voz de una pequeña cantándole durante las noches en que las pesadillas lo agobiaban, recordó hasta la sensación que hicieron sus cuerdas vocales al vibrar luego de estar mucho tiempo sumidas en un horroroso mutismo. El pasado danzó delante de sus pupilas entre segundo y segundo, sin piedad. Le llegó una imagen precisa, la del día en que perdió a su mejor amiga en el bosque, ella se esforzaba para que el aterrorizado niño le suelte la mano y él la retenía con todo el ímpetu del que era capaz para que no se alejase. Hasta que en un momento ya no pudo evitarlo y la muchacha desapareció entre el follaje de unos arbustos. << Tengo que soltarte antes de que sea tarde >> y lo hizo. —Te espero abajo, le diré a nuestros padres que te estás retocando —añadió, ya incapaz de pasar un segundo más a su lado. —comenzó a bajar los escalones con una lentitud poco propia de él, quizás un poco reticente a terminar de una vez con la amistad que tenían. Quizás esperando que ella lo detuviera, que dijese que dejaría a Malfoy, que no lo necesitaba. Pero nada de eso pasó. Ya estaba al final de la escalera cuando se dio media vuelta para mirar a Sienna con una expresión extraña en los ojos —Te amo —su voz salió tan segura y decidida que hasta se sorprendió a sí mismo —Te he amado siempre, Sienna. Y ya no puedo soportar que estés enamorada de otra persona. Necesito alejarme y sé que lo entenderás. Espero que no me odies.

Se dio media vuelta, y siguió el camino que ambos habían elegido por torpeza o quizás por inmadurez: un camino a través del cual se herirían o se olvidarían. Esa última opción era la que que más lo asustaba. << Yo de ti no me olvido ni muerto, Dolly >>


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Mensaje hechizo realizado el Dom Sep 06, 2015 2:19 am


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Lo observó con la misma mirada vacía y muerta, porque en cierto modo así se sentía. Quizás fuese una exageración de su parte, pero realmente notaba como si una parte de ella se hubiera desgarrado con cada palabra de Blaine y con cada actitud. Se preguntó en ese preciso momento, mientras escuchaba con tranquilidad el discurso de su mejor amigo, si es que lo conocía en absoluto. ”Jamás pensé que harías algo así, Blaini”. No le parecía extraña la reacción violenta ni las palabras cargadas de veneno del slytherin, no, eso lo había visto antes y podía llegar a entenderlo. Era consciente de la mayoría de los demonios que lo asediaban, sin embargo, él jamás los había vuelto en su contra, jamás la había transformado a ella en la víctima. Aun sentía adolorida su muñeca, pero el infierno que tenía dentro la estaba lastimando mucho más, consumiéndola en un fuego difícil de apagar. Estaba asustada, pero no sólo por la agresión de Blaine, sino porque lo estaba perdiendo y eso era algo que no podía soportar. ”No tengo armas para enfrentarte”. No recordaba la primera vez que lo había visto, pero sí cada minuto que había pasado con él desde entonces; Los juegos, las pláticas, los secretos y la incondicionalidad que sólo con él compartía. Ahora todo eso se desvanecía y quedaba tan ligero como el polvo del desván.

Cogió su mano y se aferró a ella sin demasiado ánimo, como quien saluda a un extraño. ¿Siempre su piel había sido así de áspera?, podía percibir las grietas que se dibujaban en las palmas de su prometido producto de la compulsión por la limpieza que éste tenía. Jamás le habían molestado y ahora sólo sentía la incomodidad de su tacto — No te estoy pidiendo permiso, Blaine. Tampoco me importa si es que estás de acuerdo o no. — ”Claro que me importa y ojalá me dijeras que no”,  pero ese pensamiento únicamente formaba parte de la esperanza corroída que se empeñaba en ocultarse en algún rincón de su cabeza. Estúpido como sonaba, aun la mantenía. Permitió que la soltara sin esgrimir un solo gesto de reprobación, ella misma rogaba por no tener que prolongar más de lo necesario aquello — Perfecto entonces, adelántate y yo bajo enseguida. — se limitó a agregar mientras lo seguía con la mirada. No necesitaba maquillaje, ni peinado, ni absolutamente nada, por lo que únicamente esperaría unos minutos para bajar después de Blaine si éste así lo quería.

Tuvo el impulso de detenerlo y quizás bajo cualquier otra circunstancia lo habría hecho, pero simplemente lo dejó ir. Se sentía como un error y lo asfixiante que era la decisión lo comprobaba, pero no podía hacer nada al respecto, era él quien le pedía estar lejos. No podía dejar a Scorpius, no por un simple capricho de Blaine, por muy enemigos que ambos fueran.  ”Eres un egoísta, Blaine”, y aun así el perderlo la estaba matando. Cerró los ojos, esperando a que lo peor ocurriera y que quien había sido su mejor amigo por trece años desapareciera rumbo al comedor, dejándola sola con su oscuridad. Pero no lo hizo, no supo respetar aquel espacio de soledad que su consciencia pedía a gritos y, por el contrario, las palabras de Blaine revelaron lo único que no estaba preparada para escuchar. Te amo, había dicho él. ¿O había escuchado mal?. Podría haber jurado que su corazón se detuvo en ese preciso momento, congelando todo en una especie de retrato que se negaría a abandonarla por quizás mucho tiempo. ”Si esta es otra broma, te juro que yo …”, pero el pensamiento se frenó ahí, pues una parte de ella sabía que era real. Tan real que daba miedo. De pronto, y sin darse cuenta, no le importó nadie más — ¡Espera!— gritó en un volumen desmedido que seguramente había alertado a varios.

¿Qué se supone que debía responder?, sentía las palabras atragantadas y aun así no tenía la menor idea de cuáles escoger. Bajó las escaleras a paso rápido, sin preocuparse si aquella actitud acelerada era correcta para una señorita, después de todo lo último que le importaba en ese momento era continuar con los modales. Su cabello se desordenó en la bajada y tuvo que tomarse unos segundos para recuperar el aliento al llegar a su lado. Lo miró con los ojos abiertos, llenos de confusión e impotencia — ¿Por qué me dices esto ahora? No es justo.. ¡Sabes que no lo es! — le increpó de frente, acortando la distancia entre ambos para no perder su mirada. Ambos habían tenido la oportunidad de hacer las cosas bien, de tomar lo que les habían forjado sus padres y transformarlo en algo más, en algo propio. Sin embargo, habían decidido los dos no tomar ese camino porque eran amigos, porque eran hermanos. Su ceño se frunció, pero esta vez no era por enfado, sino por desesperación ante el recuerdo — Ese día del puente tú ... podría haber sido todo diferente — murmuró en un tono más melancólico, como si se preparara para un duelo inevitable. Había sentido tantas cosas durante esa noche que le costaba determinar qué pasaba dentro de ella en ese momento, era una sensación extraña, algo que no había experimentado antes con Blaine. ¿Qué debía sentir?, ¿Cómo debía actuar?, todas interrogantes que no sabía contestar, lo único verdaderamente cierto para ella era que no quería perderlo.

Sin siquiera percatarse de cómo su cuerpo respondía, se inclinó ligeramente hacia el rostro de su mejor amigo, quedando a escasos centímetros de éste. No tenía claro exactamente qué estaba haciendo, pero algo en ella quería hacerle terminar de acortar la distancia entre ambos.  — Yo.. — dejó escapar de entre sus labios en un último intento por detenerlo todo. Pero las palabras fueron innecesarias, pues pronto la aparición repentina de una tercera presencia, un elfo doméstico a su lado, terminó por hacerla retroceder. ”Gracias a Merlín”.

— Ama Lestrange, su padre solicita la presencia de ambos nuevamente en el comedor. Hace énfasis en que ha sido suficiente tiempo para resolver asuntos pendientes. — murmuró Leaforth con el mentón en alto y la expresión ligeramente preocupada.

Observó al elfo un par de segundos y le respondió — Dile que enseguida vamos, por favor —, pero la esperanza de que se retirara fueron en vano. Leaforth seguía parado ahí, probablemente juzgándolos con la mirada. ”Las manías de la familia son contagiosas”.

— Lo lamento, ama. No quiero interrumpir, pero madame Lestrange me ha ordenado que no vuelva sin ustedes — articuló el pequeño elfo con cierto nerviosismo, pero con determinación en sus ojos. Estaba claro que no se iría, que no la dejaría cometer aquel error con su mejor amigo.

Tras un pesado suspiro asintió, aceptando aquella nueva condición impuesta por sus padres y tomándola como una señal. Su mirada volvió de inmediato hacia quien tenía en frente. ¿Estaba bien aquel impulso que sentía?, no podía siquiera pensar en él sin sentirse culpable, todo estaba realmente complicado ya y no sería ella quien lo complicara más. Debería reprimirlo por el bien de ambos. Con delicadeza puso una mano en el pecho de su prometido y se inclinó aún más hacia él para depositarle un suave beso en la mejilla. ”El show comienza otra vez” — Lo siento, Blaine, no puedo. Yo no siento lo mismo. — le susurró con la voz cargada de pesar. Ahora estaba de acuerdo con que se fuera con Adhara, con que se fuera lo más lejos de ella posible. Todo había sido un error. ”No puedo tenerte aquí jugando con mi cabeza”.  Y sin más se apartó de él, marcando un paso firme y lleno de dudas directo al comedor.
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Mensaje hechizo realizado el Lun Sep 21, 2015 12:28 am


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Blaine quiso apartarse con brusquedad cuando sintió la mano de Sienna deslizándose por su pecho y mucho más aún cuando su prometida le dio un corto beso en la mejilla. Estaba cansado. Casi como si le hubieran caído mil años encima. Como si hubiera estado arrastrando una cruz muy pesada sobre la espalda por mucho tiempo y ya no tuviera más fuerza ni voluntad. Sentía rígida todas sus extremidades y las palabras de Sienna no hicieron más que aumentar el peso en su pecho. El hecho de que supiera con anticipación la respuesta a su estúpida confesión no menguó el golpe. Ese <> fue una fuerte bofetada en el rostro, un dolor agudo que hizo que su corazón se estremeciera.  Apretó los dientes mientras una sensación lacerante le recorría su cuerpo y el rostro inexpresivo, por un segundo, se contrajo por la fuerza de los sentimientos contenidos.

Ya lo sabía. No es necesario que te disculpes —dijo, desviando su mirada desde Sienna hasta el pequeño Elfo doméstico que salía por la puerta. Agradecía internamente que hubiese interrumpido aquel momento incómodo. Ya no quería pasar más tiempo a solas con su mejor amiga o con la que había sido su mejor amiga hasta el día en que se enamoró de Malfoy. Todo había terminado entre los dos y el saberlo no lo aliviaba. Cerca o lejos, Sienna Lestrange siempre formaría parte de la vida de Blaine Zabini. Pero ella no tenía por qué saberlo y él nunca se lo admitiría a sí mismo —Ve al comedor. —dijo en voz baja y sombría.

Lu muchacha no dio señas de haberlo escuchado, y sin embargo, se apartó de él y se encaminó con paso firme hacia el comedor donde se encontraban sus padres. Con mucha, pero mucha facilidad. << No miraste ni una sola vez hacía atrás, Dolly. Tanto años y no me miraste ni una sola vez antes de dejarme atrás >>. Blaine se quedó a los pies de la escalera unos minutos más, intentando de digerir lo que acababa de pasar. ¿Dónde estaba el alivio que tenía que sentir? ¿La satisfacción de haber conseguido lo que se proponía? La tendría lejos para siempre, por su propia decisión…y esa certeza quemaba aún más que imaginarla en brazos de Malfoy o que saber que le pertenecía a otra persona.  ¿No tendría que sentirse bien por tener el control de la situación? Blaine puso la mano en la baranda dorada de la escalera y la acarició con algo de suavidad, mientras su mirada estaba fija en el lustroso piso de mármol del castillo de los Lestrange. << Maldita sea. Maldita sea >>

Todo era culpa de Malfoy, ese gusano rubio, por haber entrado en la vida de su prometida y haberla arrastrado hacia su estúpido círculo. Ni siquiera llegaba a entender que es lo que veía Sienna en él…o sí. << Maldita sea >> apuñó la mano que tenía sobre la escalera y le dio un leve golpe, intentando contener la ola de pensamientos insidiosos que se metían en su cabeza. Algo en su interior se resistía a aceptar la verdad. << Ella no te ama. Y no te amará nunca >> No podía perder el control en ese momento. Sus padres lo esperaban en el comedor, y tenía que fingir el resto de la noche sobre lo enamorado que estaba de su mejor amiga. Cogerla de la mano y sentarse a su lado mientras ella deseaba ir a ver s u novio. << Lo ama a él >> apretó tanto la manos que sus propias uñas se le clavaron en la carne y apenas lo sintió. << Lo ama >>

Apretó los ojos con dolor por un momento mientras la fuerza de la verdad lo traspasaba como una espada. << Se ha alejado sin mirar hacia atrás >>>. Blaine se separó de la baranda, con la mirada un poco perdida aún, pero ya decidido a actuar su papel. Se negaba a dedicarle un solo pensamiento más a esos dos…y en especial a Sienna. Ya había sido suficiente. Esa historia acaba de tener un punto final. << Renuncie a ti y me lo permitiste sin apenas luchar, Sienna Lestrange >>

Con ese pensamiento volvió al comedor a seguir representado su papel en el teatro que habían montado sus padres.


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