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Let me teach you || Narella I. Rowle

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Mensaje hechizo realizado el Vie Sep 04, 2015 7:20 am

Tarde en el ministerio


El mundo mágico no podía estar en su mayor auge hasta antes de aquel nuevo año. El 2022 había llegado prometiendo mala fortuna. Una catástrofe tras otra. Por un lado estaba el descontrol en el afamado colegio Hogwarts, donde una niña se había vuelto completamente loca y mató a varios de sus compañeros. Por el otro lado estaba el escándalo en el ministerio. El misterio de los inefables seguía sin resolverse. Y actuar entre tanto caos podía ser peligroso si eso implicaba manchar la impecable reputación de Malfoy, quien sólo era otro político más echando tierra sobre sus defectos para que nadie pudiera notarlos. Un año de elecciones sumado a los demás escándalos simplemente no podía ser bueno. Scrimgeour agradecía ocupar el puesto de jefe en el departamento de seguridad y ni siquiera se le cruzaba por la cabeza postularse a nada más alto, no mientras que la competencia fuera tan clásica como lo era un Malfoy aspirando al poder. Por eso podía preocuparse luego.

Justamente regresaba de tener una seria charla con el Wizengamot, cuando vio aquella cabellera rubia desfilar por el pasillo. Lo que menos deseaba Scrimgeour era tener que encontrarse con Malfoy y saber qué le podía estar motivando para andar en aquel sitio en particular cuando tenía el resto del ministerio para hacer campaña. Ethanael frunció la nariz, impaciente por encontrar la solución que lo llevara lejos del candidato. Por alguna razón estaba seguro de que el hombre regresaba de su oficina, lo cual significaba que estaba siendo buscado por alguna razón. Los ojos plateados de Malfoy no habían reparado aún en el jefe de aurores. Fue entonces que otra cabellera rubia brilló más allá, entre los escritorios y las oficinas. Parecía dirigirse hacia los ascensores. La excusa perfecta, se dijo.

Torció el camino antes de ser interceptado por el otro y apuró el paso. Llegó al interior del ascensor justo antes de que las puertas se cerraran a su espalda. Varios memorandums lograron escabullirse también con él. Una vez sintió que había logrado escapar de Malfoy, el auror soltó todo el aire que contenía en sus pulmones y forzó una sonrisa para la señorita que tenía allí delante.-
Buenas tardes, Narella. ¿Qué tal el trabajo?-saludó con amabilidad. Sus ojos azules delinearon con fugacidad la figura femenina. Scrimgeour formulaba aquella última pregunta con absoluta sinceridad. Aquella chica era una de sus mejores y más importantes aprendices, por eso incluso tenía la absoluta confianza de llamarle por su nombre de pila. Quería decir que era como una amiga, pero lamentablemente no podían escapar de la realidad que los unía: el simple ámbito laboral. Ethanael luchaba consigo mismo constantemente desde que había visto a Narella por primera vez. Ella despertaba su más profundo interés. Pero debían de centrarse en el trabajo, que era lo que más les competía a ambos. El hombre mantuvo el equilibrio mientras el ascensor se movía de un lado a otro y aguardó por oír la voz de su aprendiz.  


Última edición por Ethanael Scrimgeour el Lun Sep 14, 2015 2:28 am, editado 3 veces

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Mensaje hechizo realizado el Vie Sep 04, 2015 10:48 pm


Para las pocas horas de comenzado que llevaba su día, iba siendo un completo desastre. Había recibido una visita temprana bastante desagradable que se había cargado su ya de por sí, escaso buen humor matutino. Sobre que le molestaba sobremanera despertar de forma brusca, el individuo visitante había aporreado la puerta hasta el punto de casi tirarla abajo, por lo que había tenido que acudir a atender con urgencia. Se trataba del encargado de la renta, que una vez más en su estado de ebriedad había acudido a molestarla. "Maldito Squib" pensó para sus adentros, y tuvo que controlarse para no lanzarle un maleficio allí mismo. Se deshizo de él con rapidez, pero su animosidad de querer acabar con algo, no pudo ser saciada. Fue allí cuando cayó en la cuenta, de que se había quedado dormida. Llevaba al menos veinte minutos de retraso para poder llegar a tiempo. Si había algo que Narella detestaba con todas sus fuerzas, era la impuntualidad, y mucho más el permitírsela. Se las tuvo que ingeniar para modificar su rutina metódica de modo tal que pudiera llegar al Ministerio a tiempo.

Apareció en su lugar laboral por una de las redes Flú. A pesar de que se encontraba impecable como cada día, en su rostro llevaba una clara advertencia: no quería ser molestada. Sus zapatos de tacón y su falda hasta las rodillas ajustada no le impidieron avanzar con paso ligero hacia el elevador que la llevaría hasta el segundo piso. Agradeció que se encontrara vacío, así no tendría que lidiar con ningún indeseable y tendría más tiempo para componer su fachada de amabilidad, puesto que su jefe se encontraba en el puesto número uno de las personas más amables en la faz de la tierra. Aún no terminaba de entender si la emoción que eso le causaba era una de completo rechazo o... no.
Al llegar a la oficina del Jefe se había encontrado con el comunicado de que no llegaría hasta la tarde, por lo que trabajaría durante toda la mañana en soledad. Mejor, aquél día no tenía ganas de componer su fachada de "soy encantadora y adorable" para la persona que siempre se encontraba tan radiante a pesar de todo, tan amable, tan correcto, tan noble, tan... argh. Aquél hombre le despertaba sensaciones curiosas. Le detestaba por ser así, pero al mismo tiempo... era como si deseara serlo ella también. Decidió quitar esos pensamientos de su cabeza y no tardó en ponerse con sus responsabilidades.

La mañana había pasado más rápido de lo que esperaba, y su humor había cambiado considerablemente luego de que le jugara un par de bromas pesadas a dos de sus colegas sangre sucia, que aún no lograban adivinar sobre quién había sido el culpable. Idiotas.

Volvía de buscar unas carpetas para Ethan del departamento de Cooperación Mágica Internacional cuando tuvo la buena fortuna de por segunda vez en el día, acaparar el elevador para ella sola. Se tomó la libertad de cerrar los ojos un momento para relajarse incluso antes de que las puertas se cerraran, pero tras tres segundos tuvo que abrirlos nuevamente. Al final no iba a tener la dicha de deleitarse con su soledad. Tendría que compartir su espacio con nada más y nada menos que su jefe.

-Buenas tardes, Ethan -a pesar de que su respiración se había cortado a causa de una sorpresa que no se demostró en el exterior, su sonrisa encantadora y angelical se dibujó de igual manera para corresponder a la del hombre aquél. Odiaba la sensación que la recorría cuando se lo encontraba así, de zopetón, sin que ella pudiera prepararse mentalmente para componer su fachada. -Me ha mantenido ocupada la mayor parte del día, sin lugar a quejas. -repartió su peso en sus dos piernas para mantener el equilibrio sin quitar sus ojos verdes cual esmeraldas de los de su jefe. Aunque hubiera querido, no habría podido. Y odiaba eso.
-¿La reunión bien? Ya he buscado las carpetas del departamento de Cooperación Mágica, son los expedientes que te envía el ministerio francés. -rompió la conexión visual para mostrar rápidamente lo que llevaba entre sus manos, sin quitar en ningún momento su sonrisa amable y respetuosa. Respiró profundo y sintió recorrer por su interior un sentimiento de bienestar por primera vez en el día.

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Mensaje hechizo realizado el Sáb Sep 05, 2015 12:19 am


Al comenzar el día, por la mañana, se había lamentado la cantidad de tareas que tenía pendiente. Desde muy temprano ya comenzaba a pasear por el ministerio, yendo de un lado a otro para hablar con una y otra persona que le pudiera proporcionar información y datos sobre lo ocurrido tanto en el colegio Hogwarts como en el mismo ministerio. Además le estaban siguiéndole la pista a un grupo de carroñeros que deambulaban por Hogsmeade y podían ser posibles sospechosos de gran parte de lo ocurrido. Le habían comentado que consiguieron atrapar a uno de esos desgraciados y necesitaba ser interrogado. Entre que el Wizengamot lo asfixiaba con problemas, la prensa no se quedaba atrás y sus preguntas eran siempre muy difíciles de contestar. El problema de estos seres increíblemente insistentes era que luego terminaban publicando cualquier cosa menos la información que se les otorgaba. Y aún así Ethanael siempre se mostraba de lo más amable tratando con todo el mundo. Era su deber dar el mejor de los ejemplos y luego esperar lo mismo de los más. Al auror no le molestaba, sólo que cuando la presión comenzaba a superarlo le era mucho mejor no tener que tratar con tanta gente. Le gustaba hacer bien su trabajo y tener a curiosos revoloteando a su alrededor era inaudito. La única persona que realmente le alegraba ver era Narella. Lo cual no estaba del todo seguro que fuera lo más correcto, pero así era. La mujer no era ningún estorbo, aprendía con facilidad y siempre aportaba ayuda cuando era necesario. Además de que era un encanto para la vista, con esa angelical sonrisa. Ethanael se alegró de oír que le había estado yendo bien en el trabajo. Su amable sonrisa se ensanchó por la noticia. Al final algo bueno para deleitar a sus oídos.

-La reunión ha salido bien, el Wizengamot sólo nos trae más trabajo-explicó con calma. Aunque le apenaba un poco tener que encargarse de tantos problemas sin solucionar. Se suponía que el mundo mágico había mejorado y en realidad la decadencia nunca desaparecía. Scrimgeour no podía permitir que todo se alborotara mientras que él fuera el jefe y mayor responsable de la seguridad mágica. Fue entonces que se dio cuenta que mientras divagaba en sus pensamientos había estado perdido en la mirada azul de Narella. Carraspeó para luego mirar los expedientes que llevaba en sus manos.-¿Alguna noticia importante de Francia?-cuestionó. Quería tomar aquellos papeles y ponerse a leerlos allí mismo. Sin embargo no tenía tiempo todavía para ello. Comprobó por qué piso iba el ascensor y luego volvió a fijar la vista en Narella.-En este momento me dirijo hacia una sala de interrogatorio, ¿te molestaría acompañarme?-pidió con amabilidad. No quería obligar a aquella joven mujer a presenciar un interrogatorio, pero le ayudaría a aprender para si, en el futuro, llegaba a tener que enfrentarse a una situación igual. Aquello formaba parte del trabajo, después de todo. Sus ojos le transmitieron confianza a la joven rubia, indicándole que podía rehusarse si quería.  

Estaba tan concentrado en obtener una respuesta de Narella que olvidó las vueltas que hacía el ascensor mágico en ese momento. La máquina dejó de ascender y comenzó a moverse de izquierda a derecha, de atrás a adelante, parecía un toro mecánico sin control. En el ministerio todo el mundo estaba acostumbrado a esos movimientos bruscos y descuidados. De todos modos había algunas veces que podían tomarte por sorpresa. Scrimgeour abrió los ojos con sorpresa cuando de un envión su cuerpo se vio impulsado hacia adelante. Gracias a sus buenos reflejos no aplastó a Narella contra la pared del ascensor, sino que extendió una mano que lo sostuve a una distancia considerable. El jefe bajó lentamente la mirada para encontrarse con los increíbles ojos zafiros de su aprendiz y puso una cara de claras disculpas.-Lo lamento mucho-dijo con voz suave, ya que no era necesario alzar sus palabras para que ella le escuchara. Luego de disculparse continuó en aquella posición por unos eternos minutos. Estaba congelado, a sabiendas que si volvía a moverse podía ocurrir nuevamente una situación por el estilo. No se apartaría hasta que la máquina dejara de sacudirse como una desquiciada. Y mientas disfrutaba de aquella cercanía, la cual no podía permitirse en circunstancias normales. El perfume de Narella estaba embriagando al auror. Aquello era peligroso. En cuando al ascensor volvió a moverse con normalidad se apartó y arregló su traje, procurando que no tuviera una sola arruga. Desgraciadamente ya no podía quitarse de la cabeza aquel perfume femenino. Las paredes parecían cerrarse a su alrededor y necesitaba llegar ya al piso que se dirigía.

 


Última edición por Ethanael Scrimgeour el Lun Sep 14, 2015 2:29 am, editado 2 veces

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Mensaje hechizo realizado el Sáb Sep 05, 2015 2:32 am


-Como para no perder la costumbre...
Añadió el comentario a sabiendas de que al menos el 60% de su trabajo provenía del Wizengamot y que muchas veces resultaban ser insignificantes problemas con los que los indignos magos no podían lidiar. No era algo nuevo para sus oídos. Sin embargo supo que con aquellas palabras lo implícito estaba dado por todo con lo que Ethanael tenía que lidiar.

-Creen haber encontrado a dos sospechosos que participaron probablemente el día del atentado. Es en mi opinión más de lo mismo, pues en los reportes no hay nada significativo. Sin embargo hay una pista a la que te gustará echar un vistazo -su profesionalismo era evidente. Era eficaz y eficiente en su trabajo a pesar de que no fuera algo que ella misma hubiera elegido hacer. Sin embargo, todo lo que Narella Iraia hacía, lo hacía bien, lo mejor que pudiera, por más insignificante que pudiera resultar. Asintió levemente una vez con la cabeza para reafirmar lo de los archivos, los cuales le daría una vez se encontrasen en su oficina de trabajo.
-En absoluto, me encuentro a tu completa disposición. -sonrió a modo de agradecimiento. ¿A que era lo más adorable del mundo cuando se lo proponía? Bajó su mirada para acomodar uno de los papeles dentro de la carpeta que llevaba, por lo que no vio venir lo que le siguió. Había visto a su jefe en acción y sabía  que pocas veces perdía la concentración de las cosas importantes, o al menos eso era lo que dejaba entrever. El movimiento de los elevadores se había tornado en cosa normal para la bruja, era como si su cuerpo sólo hiciera los ajustes necesarios para encajar con la homeóstasis. Sin embargo, a veces eran lo suficientemente bruscos como para tirar la cotidianidad por la borda. Al encontrarse en la misma dirección en la que se había producido el cambio no sufrió ningún percance por sí misma. Pero Ethanael se vio empujado contra ella, acortando las distancias de un modo peligroso e incómodo para la rubia. Su primera reacción fue clavar sus gélidos ojos en los de él. No había sido su culpa, pero aquella cercanía la incomodaba de sobremanera. Había decidido mantener un mínimo espacio personal con el género masculino desde hacía diez años. Ese espacio se había visto quebrado sólo si ella misma lo permitía, pues como siempre, debía de tener el control de absolutamente todo. Pero a veces el universo se empeñaba en demostrarle que muchas veces no era la capitana del barco, y aquella situación se lo confirmaba. Tal vez lo que más le molestó de tener a Ethanael Scrimgeour tan cerca fue que no despertara el odio y desprecio que cualquier otro mortal de su género en el confín de su interior. Y eso era lo extraño para ella, el motivo por el cual a pesar de encontrarse a escasos centímetros de él, se mantuvo lo más alejada posible. El único contacto magnétic con el jefe de aurores fue su mirada verde con la azul de él, y la combinación de sus respiraciones. Sólo cuando Ethan se apartó, fue capaz de formular una contestación.
-No ha sido tu culpa. -admitió, con una leve sonrisa pero evidentemente, dando el tema por zanjado.  

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Mensaje hechizo realizado el Sáb Sep 05, 2015 11:10 pm


Sonrió al escuchar el comentario de Narella. La mujer tenía razón. Era una costumbre esa que tenía el Wizengamot de traerle solo problemas para solucionar. Nunca un agradecimiento, nunca una buena noticia. Sólo le llamaban cuando la seguridad del mundo mágico peligraba. O cuando tenían algún inconveniente que querían solucionar rápido. Scrimgeour estaba más que acostumbrado. Sin embargo los magos y brujas que integraban aquel consejo mágico no eran los únicos en el ministerio que le daban trabajo al jefe de aurores. Narella le estaba comentando que en Francia también tenían noticias e información que podía serles útil. Más sospechosos, lo que menos necesitaba el auror. Su aprendiz era certera con las palabras que comunicaba. A Ethanael le alivió no ser el único que pensaba de ese modo, que todo el mundo siempre le venía con más de lo mismo y él no podía trabajar así. Pero tampoco podía tomarse un descanso, porque sino el caos sería indescriptible entonces.-¿Una pista?-consultó de repente. Aquello consiguió atrapar su interés. Narella tenía esa facilidad para acaparar su atención, ya fuera con palabras como con su perfecta dedicación al trabajo. Era asombrosa, podían encontrarse muy pocas personas como ella. Ethanael no sabía cuán agradecido estar por poder tenerla. Así que simplemente se dejó llevar por aquella idea cuando le pidió que le acompañara a hacer el interrogatorio que tenía pendiente en su agenda para aquel día. Se dejó llevar por algo que en realidad no debía permitirse.

Ethanael Scrimgeour pocas veces podía permitirse cometer un error. No sólo porque se encontraba en una posición donde los demás esperaban lo mejor de él, sino porque él mismo siempre se exigía sólo lo mejor. Ya aún así, el mago seguía siendo una persona como cualquiera otra. Podía ser atento y dedicado, respetar a todo el mundo sin importar el trato que recibiera a cambio. Era un hombre que no se dejaba corromper por nada en el mundo. Pero podía ser débil y distraerse. Podía cometer errores de distracción una vez cada tanto. El ascensor lo tomó por sorpresa, estando tan concentrado en la mujer que tenía frente sí. También, quería creer, estaba pensando en tomar los papeles que ella llevaba para poder echar un vistazo a aquella pista que había mencionado. Pero en realidad no podía engañarse a él mismo. Había estado pensando en ella, un poco más de lo apropiado. Y al verse impulsado hacia delante, rompiendo con la barrera de distancia que los separaba, supo que tenía problemas. Se apartó cuanto antes pudo y procuró ignorar todos esos pensamientos que apuñalaban su cabeza. ¿Había presenciado algo extraño en los ojos de Narella? No quería ofenderla, así que se disculpó cuanto antes. Y cuando ella zanjó el tema diciendo que no había sido su culpa no supo si le molestaba aquella frialdad o debía aferrarse con fuerza a ello. Estaba cometiendo un gravisimo error al grabarse a fuego en la cabeza el recuerdo de ese peligroso perfume que acababa de olfatear. Por suerte las puertas se abrieron y el auror se alejó a la seguridad del piso aquel, seguido de los memorandums que sobrevolaron por encima de su cabeza.

La sala donde interrogarían al carroñero se encontraba por aquel camino. Aguardó a que Narella le siguiera para encaminarse. Comenzó a dudar de lo fantástica que había sido la idea de traer a la joven bruja consigo. No podía evitar mirarla de reojo, cuando ella se distraía.-Logramos atrapar a un carroñero, su nombre es Boyd Monagham, ronda la treintena y se encontraba con un grupo de carroñeros en Hogsmeade cuando ocurrió el escándalo de la estudiante-explicó. Necesitaba que la rubia estuviera informada para así, cuando estuvieran en acción, pudiera ayudarle. Aquella era la poca información que tenían hasta el momento. Comenzarían con unas preguntas sencillas, procurando dejar a un lado la agresión. Por eso él estaba destinado a aquel trabajo, porque no era de los que golpeaban antes de formular cualquier cuestión. Le gustaba obtener primero un poco de confianza y luego aprovecharse de ello. Podía conseguir lo que buscaba si es que aquel hombre lo tenía.

 


Última edición por Ethanael Scrimgeour el Lun Sep 14, 2015 2:29 am, editado 2 veces

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Mensaje hechizo realizado el Dom Sep 06, 2015 7:51 am


Había dado a entender que se ocuparían sobre los asuntos externos más tarde. De momento ya tenían un interrogatorio que se llevaría su completa atención.

Agradeció que las puertas del elevador no hubieran tardado mucho más en abrirse. Su jefe fue el primero en salir al encuentro con la libertad y ella esperó tres segundos antes de hacerlo, de modo que pudiera mantener cierta distancia con Ethanael. Sin embargo sólo necesitó unos pocos segundos para tomar aire, y olvidar todo lo que no fuera su profesionalismo. Así que en poco estuvo caminando a su par, con la vista fija al frente y con su modo profesional activado.

-Entendido. -asintió una sola vez tras obtener la información, sin siquiera girar a ver a su mentor procurando analizar en su interior los detalles de lo que se le acababa de hacer saber.
-¿Deseas que tome nota con una avuelapluma del interrogatorio? Puedo mantenerme apartada en uno de los cubículos. Lo bueno de esa sala es que la acústica es excelente, por lo que no me perderé detalle. -recién allí volvió a ver a su jefe, sonriendo de forma cautivadora, aunque siempre distancia profesional de por medio.

Conocía los métodos que su mentor utilizaba, y Narella lejos estaba de concordar con ellos. Era fiel creyente de que un encantamiento Cruciattus podía ahorrarte miles de recursos: tiempo, fuerza, eficiencia y efectividad. Suspiró al lamentarse internamente por no poder usarlo. En su anterior trabajo había sido de tanta utilidad...

Siguió caminando concentrada en el sonido de los pasos de ambos hasta que repentinamente su visión se nubló. Su paso acompasado se vio disminuido y no pudo volver a enfocar sus ojos en el punto fijo anterior. Tanto así, que atinó a sostenerse de una de las paredes con la mano libre justo en el instante en el que sintió que una fuerte punzada le atravesaba el cráneo de derecha a izquierda. Apretó los dientes y cerró los ojos para no proferir sonido alguno, rogando que el maldito dolor se fuera de una vez. No era la primera vez que le sucedía en esa semana, pero ignoró a la estúpida voz de su subconsciente al recordárselo. Necesitó alrededor de diez segundos para que el dolor agudo comenzara a menguar, hasta que terminó por desaparecer. Recién allí pudo retomar su respiración normal y abrir los ojos con lentitud para volver a enfocar su visión. Y detestó el momento en el que fue consciente de que Ethanael Scrimgeour estaba acompañándola, y que seguramente había visto absolutamente todo. ¡Maldito fuera!

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Mensaje hechizo realizado el Mar Sep 08, 2015 2:45 am


Existía una fina línea que delimitaba todo. Había una diferencia que debía respetarse. Narella era una simple aprendiz de auror, que por obra del destino estaba a su cargo. No era la única, pero más bien era especial. Ethanael no podía aprovecharse de ello. Por más que le encantara la idea de tener una secretaria tan encantadora como lo podía ser Narella. La mujer no estaba a sus completas disposiciones, y él era el encargado de enseñarle cómo moverse y actuar en aquel trabajo. Estaba seguro de que sería una estupenda auror en el futuro, cuando comenzara a trabajar por su cuenta. Incluso tendría aprendices a su cargo. No porque él la había ayudado a adpatarse sino porque ella era demasiado inteligente y capaz para tales responsabilidades. Así que el auror no debía debatirse entre si era correcto aprovecharse o no de la chica. Él era un hombre respetable. Ya suficiente luchaba por no olvidarse que su relación era simplemente laboral. No iba a abusar de ninguna situación. Sólo podía hacer que Narella tomara nota del interrogatorio, le ayudaría a prestar mejor atención y sería muy útil. No la quería lejos, la quería trabajando consigo.-Me gustaría que te quedes cerca y tomes nota, sería mejor si prestas suma atención por algo que se me pueda escapar-decidió contestar. Se mostró firme en la decisión que había tomado. Todo era por el bien de Narella. En eso estaba pensando cuando algo ocurrió.  

Siempre que estaba en compañía de Narella le prestaba demasiada atención de sobra. Había algo en él que le hacía ser muy consciente de su presencia femenina. Ahora, que el perfume de la bruja seguía despierto en sus recuerdos, no podía evitar mirarla constantemente de reojo. Estaba haciendo mal, muy mal. Pero tampoco podía luchar tanto contra sus instintos. Sobretodo cuando, de repente, la chica pareció tener un problema. ¿Es que iba a caer al suelo? Antes de que siquiera pudiera sostenerse contra la pared Ethanael ya estaba extendiendo sus brazos hacia ella.-¿Te encuentras bien?-fue lo único que atinó a preguntar. Aunque a simple vista se notaba que algo no andaba como era debido. La preocupación tiñó el rostro del auror mientras, con manos dudosas pero al mismo tiempo firmes, ayudaba a Narella a mantener en pie. La sostenía por la cintura mientras que ella se ayudaba de la pared. Los ojos de Ethanael taladraron el rostro femenino que nuevamente tenía demasiado cerca, intentaban comprender lo que ocurría. Aquella extraña recaída debía tener algún motivo. La joven era delgada pero no parecía ser de esas mujeres que ignoraban la comida con tal de mantener una perfecta figura. Había algo detrás de aquel pequeño percance. No se había tropezado con sus pies, eso seguro.-Podemos dejar el interrogatorio para más tarde, ¿Necesitas apoyarte en mi para caminar? Te acompañaré hasta San Mungo-indicó con firmeza.

Toda aquella preocupación que teñía su voz se debía a que Narella era un miembro importante de su departamento. Nada más se estaba comportando como lo haría con cualquier otro auror bajo su cargo. Mientras más intentaba convencerse de ello, más ridiculo le sonaba dentro de su cabeza. Scrimgeour tenía que atender a aquel interrogatorio, conseguir información útil cuanto antes, resolver los problemas que el Wizengamot tanto deseaba por solucionar. Sin embargo estaba allí, dispuesto a postergarlo todo por una mujer, que en realidad era su aprendiz y eso era lo que más lo complicaba todo. Se maldijo mentalmente mientras intentaba poner en orden sus pensamientos. La manos que rodeaban la cintura de Narella comenzaban a arderle. Procuró mantener las distancias correctas, sin acercar mucho su rostro al de ella. Pero de todos modos aquel perfume seguía embriagandolo sin piedad.-¿Puedes caminar?-insistió. Necesitaba que se pusieran en marcha ya mismo. Porque si permanecían en aquella situación tan comprometedora no sólo Ethanael podía perder lentamente la cordura sino que alguien podía aparecer por aquel pasillo y malinterpretarlo todo.  



 


Última edición por Ethanael Scrimgeour el Lun Sep 14, 2015 2:29 am, editado 2 veces

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Mensaje hechizo realizado el Mar Sep 08, 2015 6:41 pm


Había acatado la orden sin rechistar, como siempre lo hacía. Resultaba curioso, pues era de la única persona que acataba órdenes. Narella era más de hacer su antojo, por más que sólo fuera simple gusto por llevar la contraria. A pesar de lo evidente podía rehusarse en cualquier momento, sin embargo nunca lo hacía. Se trataba de un hecho curioso en verdad.


No respondió a su primer pregunta. No porque no quiso, si no porque el punzante dolor se lo impidió. Sí logró responder con un poco de esfuerzo a eso de ir a San Mungo, puesto que la sensación había comenzado a menguar.
-No es necesario, estoy... bien. -respiró profundo para estabilizarse mientras dejaba de sostenerse con la pared, aún con el ceño fruncido. Le costó unos segundos recuperar el equilibrio y su estado normal. No había sido del todo consciente de la cercanía de su mentor con su cuerpo hasta que fue recobrando completa consciencia del momento presente. Fue allí cuando sintió que su cintura se encontraba rodeada por las manos de Ethanael, momento en el que con apremio volvió a insistir el jefe sobre su estado de salud. Sus ojos verdes se cruzaron un momento con los de él, y fue sólo cuando los desvió hasta su mano cuando se dio cuenta que había estado apoyada en su brazo con musculatura trabajada, a la altura de los bíceps. Asintió una sola vez con la cabeza mientras con lentitud y con movimientos leves y delicados logró escabullirse del contacto físico con su mentor, sintiéndose ya más recuperada. -Ha sido sólo algo momentáneo. Me encuentro bien, no hace falta suspender nada. Démonos prisa o llegaremos con retraso -sus ojos establecieron contacto visual con los de Ethanael para confirmar su extrema seguridad. Tras eso, ella misma fue quien retomó el camino con paso constante hasta llegar a la sala de interrogatorios.

Mientras tanto, se había obligado a sí misma a no darle vueltas al asunto. En un principio se había visto afectada por el contacto con su jefe por primera vez tan directo, lo que le causaba una extrañeza indescriptible. No era posible que ella pudiera sentir lo que sentía en su compañía. Ella era Narella Iraia Rowle, ¿y él quién? Un estúpido mago indigno que se le había puesto como guía para cumplir una tarea estipulada, nada más. Se concentró en aquello, tuvo que recordárselo al menos diez veces antes de llegar a su próximo destino. Sólo se detuvo cuando estuvo frente a la puerta, sin dirigir mirada a Scrimgeour. Él era su estúpido jefe, y ella su eficiente aprendiz. Cuando estuviera lista no tendría que cruzárselo nunca más y todo ese revoltijo interno de emociones moriría sin más. Cómo deseaba lanzarles un Avada...

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Mensaje hechizo realizado el Miér Sep 09, 2015 5:11 am


Estaba más que claro que Narella no estaba bien. Una finas arrugas se apoderaron de la frente del auror que la miraba con suma atención. Intentaba leer a aquella mujer, pero sus ojos azules no encontraban la forma de penetrar más allá de toda su apariencia. La conocía simplemente dentro del ambito de trabajo, no mucho más allá que eso. Quería entender lo que le estaba ocurriendo y aún así no podía. Exigir una explicación escapaba de sus derechos como jefe. Era demasiado correcto como para inmiscuirse en la vida de otra persona sin que esta lo aceptara o quisiera. Por más que se preocupara por su aprendiz, no había forma de que pudiera protestar respecto a lo que estaba ocurriendo. Parecía demasiado claro que Narella no iba a decirle absolutamente nada. Scrimgeour se quedaría con la intriga, se quedaría dando vueltas a ese momento por el resto del día y quizá de la semana. Pero no obtendría ninguna explicación. Porque no la exigiría.-¿Estás segura? Te ves pálida, recomendaría que te viera un medimago o podrías tomarte un descanso por el resto del día. No es bueno exigirse de más-insistió, de todas maneras. Lo que decía le parecía lo más indicado. ¿Arrastrar a la joven a hacer un interrogatorio luego de aquella extraña recaída? No, no parecía la mejor opción.

En ningún momento le asombró que Narella dejara de sostenerse de la pared y se ayudara a mantener el equilibro agarrandose de su brazo. Las manos del auror seguían firmes en la cintura femenina y procuraban darle un sostén por si volvía a ocurrir que las piernas le fallaban. Aquella cercanía no era adecuada en situaciones normales, pero en ese momento no se podía evitar. Ethanael se mostraba firme y serio, ignorando cualquier otro pensamiento que intentara escabullirse dentro de su cabeza. Ni siquiera se mostró decepcionado cuando Narella, lentamente y con suavidad, comenzó a deshacerse de su agarre. Él aflojó las manos y liberó a la mujer. Tardó unos segundos en bajar los brazos y acomodarlos a sus lados, aún atento por si ella lo volvía a necesitar.-¿Cómo sabe que no se volverá a repetir?-inquirió con reprensión. Al jefe de aurores no le gustaba tener que preocuparse por alguien que planeaba dejar su salud a un lado con tanta facilidad. En realidad le molestaba preocuparse tanto por la salud de su aprendiz. Aquel pequeño suceso lo había descolocado un poco. Más allá de la perfecta imagen que mostraba Narella existía una mujer, una mujer con debilidades que lo intrigaban. Nuevamente se encontró mirandola con el ceño fruncido. Quería enviarla a la enfermería pero ella ya estaba caminando como si nada, dirigiendose hacia la sala de interrogatorios.

Scrimgeour no tuvo más opción que seguir a Narella. Caminó detrás suyo, controlando que sus ojos estuvieran enfocados al frente y manteniendose atento a la rubia, por si volvía a ocurrirle algo. Llegaron a la sala sin más inconvenientes. Los pensamientos del auror se habían alejado unos instantes, recordando aquellos momentos en que su madre había estado débil y detrozada por la pérdida de su marido. Ethanael había estado al pendiente de ella hasta que la luz volvió a su rostro y los días trajeron una renovada sonrisa sobre sus labios. Ahora era otra mujer, la única mujer en su vida. Aquella idea oscureció la mirada de Scrimgeour. Se situó delante de la puerta de la sala donde esperaba el carroñero y miró de reojo a Narella. Comprobó que el color hubiera regresado a su cara. Notó que algo más atravezaba su rostro femenino, pero no alcanzó a leer lo que era. Abrió la puerta y le hizo un gesto para que se adelantara hacia un cubiculo. Mientras fue en busca de un vaso de agua, el cual llevó a su aprendiz.-Si te sientes mal, me avisas-le ordenó. Acto seguido le indicó que podía seguirle. En el centro de la habitación donde transcurriría el interrogatorio había un hombre esposado de manos y piernas, sentado en una silla delante de un escritorio. Vestía con ropa sucia y desgarrada, llevaba el cabello largo, grasiento y despeinado, su rostro demacrado poseía una oscura sombra de barba y parecía tener los ojos inyectados en sangre. Scrimgeour reparó en cada detalle de su apariencia mientras que era recibido por los aurores que vigilaban al preso. El jefe les indicó que podían tomarse un descanso y luego miró de reojo a Narella para comprobar si se encontraba en buen estado y si ya estaba lista para comenzar con aquel trabajo.

-¿Tu nombre es Boyd Monagham?-cuestionó, para empezar. Una pregunta sencilla era lo indicado para comenzar con aquel interrogatorio. Hacer cuestiones obvias delataba gestos y señales en la actitud de las personas al momento de responder. Entonces, en el momento de las verdaderas preguntas, cuando intentaran mentir ellos mismos terminaban delatandose con sus propias actitudes. Los ojos azules de Scrimgeour penetraron al carroñero, lo devoraron en cuestión de segundos. Recién comenzaba y ya estaba tomandose su trabajo completamente en serio. No era como esos sujetos que se divertían interrogando a la gente. Él no tenía tiempo que perder.

-Ese es mi nombre-replicó el preso. Una sonrisa divertida asomó en sus resquebrajados labios, dejando a la vista unos dientes amarillentos. Los ojos enfermos danzaron desde el auror hacia Narella por unos largos segundos antes de que volviera a hablar.-¿Con quién tengo el placer?-preguntó, con extrema diversión. Aquella actitud no impresionó a Scrimgeour, que pasó de largo sus palabras y sólo se centró en analizar las facciones de su sucio rostro.-¿Fuiste atrapado en Hogsmeade?-siguió interrogando. Dividió su atención unos segundos, para percibir si en la sala se oía el rumor de la vuela pluma y la respiración pausada de su aprendiz. Luego volvió a centrarse en el carroñero.   



 


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Mensaje hechizo realizado el Miér Sep 09, 2015 6:03 am


En su momento de recuperación tuvo que contenerse para no fulminar con la mirada a su demasiado atento jefe. ¿No había entendido nada de lo que le había dicho? Le consideraba inteligente, pero por lo visto no lo era tanto. Detestaba esos tratos tan tiquismiquis de la gente, odiaba que los usaran en ella. Si había dicho que estaba bien, era porque lo estaba, de lo contrario, se habría largado con rapidez de allí.
Sin embargo, se limitó a observar con fijeza a los ojos del aludido, para confirmar con convicción lo que antes había expresado.

-No hace falta. Te lo haría saber de lo contrario. -terminó la frase y también el contacto visual. Ethanael Scrimgeour era sin duda un bendecido. De tratarse de cualquier otro mortal, Narella no habría tardado en enterrar la punta de su varita en el cuello del terco que hubiera desconfiado de ella. Y ese era el punto. Su mentor, era
especial.

De todas maneras, ya no pudo contenerse cuando retrucó su escepticismo con la nueva pregunta. Volvió a clavar los ojos en su mentor, y le ocurrió algo que nunca jamás experimentó. Intentó fulminarle con la mirada, de hecho en un primer momento lo hizo, pero terminó sonriendo de lado por toda respuesta antes de girarse y comenzar a caminar en dirección a la sala. Algo había en los ojos de Ethan que la había detenido de seguir con sus instintos normales. Aunque eso no le impidió que fuera del campo de visión de su jefe, se dijera mentalmente unas cuantas palabritas que lejos estuvieron de ser elogios.


Asintió una sola vez con la cabeza ante la advertencia de Scrimgeour antes de adentrarse a la sala de interrogatorios, siguiéndole tras aceptar el vaso de agua, simplemente por contentar a su jefe. Se lo habría lanzado a un costado, pero dada la situación no podía cumplir sus caprichos. Demasiados serían testigos de su accionar y algunas cosas, prefería mantenerlas en privado.

Narella ocupó su lugar en uno de los costados del carroñero, detrás de su jefe. Rápidamente se puso con el anotador y la pluma a vuelapluma que comenzó con su trabajo nada más Ethanael rasgó el silencio con la primera pregunta. Los ojos verdes de la rubia se mantuvieron primeramente fijos en la andrajosidad del carroñero, y devolvió una mirada fría como un témpano cuando éste se tomó el atrevimiento de observarla con confianza de más. Qué afortunado era de que no fuera ella quien le estuviera interrogando. Su mirada volvió a posarse en la de su mentor en plena acción. Cuando se ponía en su papel profesional resultaba intimidante. Y cómo no serlo con semejante complexión. Los ojos azules debían poner de los nervios a cualquiera que se encontrara en aquella silla. Desde su posición sólo podía apreciar su perfil, pero sabía cómo se encontraría su rostro, formando una seriedad impasible. El carroñero respondió y retrucó a su pregunta, pero sabía que Ethan era astuto. Astucia e inteligencia combinadas originaban un buen resultado.
Sin percatarse de ello, sus ojos fueron bajando lentamente por la silueta de su mentor, quienes con libre albedrío se detuvieron por más segundos de lo debido en su espalda trabajada.
Se dio un golpe mental cuando cayó en la cuenta de eso, y volvió a centrar su mirada en el asqueroso que estaba siendo interrogado. Hoy no se encontraba para nada orgullosa de sí misma, ¡en lo absoluto!

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Mensaje hechizo realizado el Miér Sep 09, 2015 11:24 pm


Estaba permitiendo que su aprendiz se saliera con la suya sólo porque no encontraba otro modo de hacer las cosas sin que todo se desencadenara en un terrible desastre. Así que Scrimgeour ignoró lo ocurrido y continuó hacia la sala de interrogatorios. Aunque de todas formas no dejó de prestar atención a Narella por si volvía a ocurrirle algo. Dedicaba un diez por ciento de su cabeza a preocuparse por la salud de su aprendiz mientras que el otro noventa por ciento lo utilizaba de lleno en el trabajo que tenía que hacer. El interrogatorio que estaba comenzando podía durar facilmente un par de minutos o más bien horas, dependiendo del enfoque que se le diera. El auror comenzó con las preguntas sencillas y obvias, para descubrir con desagrado que el carroñero tenía su personalidad y no era realmente bonita. Sólo un par de palabras salidas de su sucia boca habían convencido a Ethanael de que tendrían para rato.-¿Fuiste atrapado en Hogsmeade?-volvió a repetir, en vista que su pregunta acababa de ser ignorada por completo. El hombre esposado había dejado de prestarle atención a Ethanael y sus desquiciados ojos estaban en cada centimetro de la figura de Narella. En ese mismo momento, el auror, sintió nauseas y deseó que sujetos como aquel no pudieran existir. Pero nadie estaba escuchando su pedido, ni sus palabras. Así que estampó la palma de su mano contra la mesa donde estaba sentado el carroñero.-Lo preguntaré por última vez, si coperas todo será mucho más fácil -advirtió con severidad, pero sin terminar de mostrarse del todo agresivo. Más bien estaba concentrado en obtener las respuestas que buscaba sin lanzarle un solo hechizo en el proceso.-¿Tu fuiste atrapado en Hogsmeade?-preguntó nuevamente.

-Si, eso ya lo sabes-fue la respuesta que soltó el carroñero, rodando sus ojos y volviendo a fijarlos en Narella.-¿Por qué no me preguntas algo interesante tu, linda muñeca?-le dijo a la rubia, mirandola con una cara tan obsena que Ethanael deseó poder ser menos correcto y tener las agallas necesarias para estrellar un puño en su aqueroso rostro. Sin embargo se limitó a mantener la firmeza en su postura y chasqueó los dedos para llamar la atención de aquel imbécil.-El que hace las preguntas aquí soy yo-aclaró en cuanto supo que tenía los ojos inyectados en sangre clavados sobre su figura.-¿Te importaría contarnos qué ocurrió esa noche en que fuiste atrapado?-solicitó. Scrimgeour se cruzó de brazos a la espera de una extensa respuesta.-Podría, pero mejor si te cuento lo que ocurrirá cuando me liberen de aquí, encontraré a esa puta de ahí y la haré gritar mi nombre-replicó Boyd Monagham, jugando con la eterna paciencia del jefe de aurores. Ethanael llevó una mano a su rostro y acarició el centro de sus cejas, procurando que no comenzara a dolerle la cabeza por culpa de aquel enfermo. Entonces volteó hacia Narella y la miró con una ligera mueca.-Lamento que tengas que oír tal falta de respeto-le pidió disculpas antes de volver con el carroñero.-Escuche, señor Monagham. Estoy siendo muy amable con usted y espero recibir un minimo de igual trato, el respeto es bien valorado. No me obligue a tomar otras medidas de fuerza, sólo le estoy pidiendo que nos narre los hechos ocurridos la noche que fue encontrado en el pueblo de Hogsmeade. ¿Sería tan amable? Y si pudiera usted disculparse con la señorita, mucho mejor.-pronunció con calma y seriedad, intentando hacer entrar en razón a aquel hombre que no parecía tener más futuro que una celda en azkaban.

El silencio que siguió a las palabras del auror fue intrigante. Boyd pareció considerar por unos instantes las palabras que acababa de recibir. Pero esa ligera calma en su semblante pensativo no duró demasiado. De repente soltó una sonora carcajada, la burla teñía su garganta pero la rabia se apoderó al segundo siguiente.-¡¿Qué tal si me lames el trasero, idiota?! ¡¿Te crees que no sé quién eres?! ¡El famoso jefe de seguridad ha venido a hacerme un par de preguntas! ¡No pienso responder a tus estupideces, Scrimgeour! ¿Quieres saber qué mierda ocurrió esa noche en Hogsmeade? ¡Tendrás que sacarmelo a golpes! O tal vez...-se detuvo para recuperar el aire y relamerse los labios resecos, mientras desviaba la mirada hacia Narella.-¡Tal vez si ella hace las preguntas pueda sentirme un poco cachondo y responder algo!-finalizó con otra grotesca carcajada. Scrimgeour consideró seriamente tomar su varita y luego ir en busca de un poco de veritaserum para acabar con aquella ridiculez. Había interrogatorios como aquel en los que la paciencia y la calma, el buen trato y el dialogo, no eran más que inútiles estrategias arrojadas a la basura. Ethanael miró de reojo a Narella y se arrepintió de inmediato el haberla traído hasta allí. No pensaba ceder a los deseos del señor Monagham ni aunque estuviera bajo un imperio.

 


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Mensaje hechizo realizado el Vie Sep 11, 2015 5:54 am


Al parecer el carroñero se dio tan por aludido, que se tomó las atribuciones de devolverle la mirada de una forma que revolvería las tripas de cualquiera con un mínimo de amor propio. La intención en la mirada de Narella lejos estaba de ser amable, o siquiera rozar algo agradable. Sus fríos ojos parecían ser puñales dispuestos a desgarrar cualquier cosa que se interpusiera en su camino. ¿Creía el inmundo aquél que se vería afectada por sus modos repugnantes? Ni siquiera se inmutó cuando Ethanael buscó llamar la atención con un golpe seco de su mano. Tan bien conocía a su jefe que sabía que dispuesto estaría a que aquél fuera su único exabrupto permitido en la interrogación. A veces era demasiado inocente, demasiado para ser verdad.

Su rostro se mantuvo impertérrito aún cuando el carroñero decidió dirigirse a ella. En su fuero interno imaginaba lanzarle algún hechizo explosivo que ocasionara que sus partes se desmembraran de tal forma que nunca jamás pudieran volver a juntarse. Sin embargo tuvo que dejar atrás su fantasía para volver a la realidad. Tampoco se movió un pelo de su fachada cuando con tanta finura el indeseable volvió a tomarla como objeto de referencia. Algo en sus ojos relampagueó ante tal fantasía, puesto que en ese momento más que nunca nada le hubiera gustado más que ser quien le hiciera gritar su nombre, pero a base de Crucios. Movió su mirada para observar a Ethan en el momento en el que se volteó a pedirle disculpas en nombre del carroñero. Qué ingenuo si pensaba que algo como aquello podría afectarle realmente. No, a ella como persona, no. Pero su paciencia sí que lo estaba. Tuvo ganas de rodar los ojos  y realizar una mueca de hastió cuando Ethan le solicitó al mugriento pedirle disculpas. Por Merlín, por momentos pensaba que tendría que ser ella quien le enseñara un par de cosas a sus propio mentor. La contestación de aquél idiota puso en jaque a Narella, quien cual resorte se levantó del asiento en donde estaba y cegada por la furia,  se dirigió hasta donde el carroñero sin molestarse en interponerse entre su jefe y éste último. Sólo la mesa le servía de elemento de separación de aquél idiota. Incluso inclinó su torso para acortar más las distancias, puesto que no era nada que no hubiera visto antes. En el camino había sacado la varita de dentro de su falda, y nada más llegar, la enterró en el cuello del carroñero, en un punto estratégico cerca de la nuez.

-El señor Scrimgeuor ha sido dotado con el don de la paciencia. Don que en mi caso, han olvidado concederme -sus ojos fríos se clavaron en los del idiota aquél. Su voz siseante y con un toque amenazante dejaba bastante en claro que no le tenía ni una pizca de miedo, y que muy por el contrario, más le valía al idiota saber leer entre líneas para comprender que no le temblaría la mano para cortarle la cabeza de ser necesario. La punta de su varita se movió un centímetro de lugar para conectar con un punto clave, ese punto indispensable para emitir sonido alguno y para respirar también.
-Ese punto que sientes que comienza a molestar, en sesenta segundos comenzará a sofocarte. En un minuto y medio comenzarás a tener problemas para respirar y si ejerzo más presión, el aire no pasará por tu traquea, por lo que no tardarás mucho más en ponerte morado y, sí, ya lo has adivinado, ¿verdad? Morirás por asfixia. -sus palabras cortaban el silencio cual metal afilado, e iban cargadas con una furia que el carroñero, bien por instinto o por sexto sentido, parecía decidir no ignorar.
-Así que responde antes de que mi varita se hunda por completo en tu traquea. ¿Qué.hacías.tú.en Hogsmeade.y.qué.demonios.ocurrió? -marcó cada una de sus palabras con una ayuda de presión de su varita. El carroñero boqueó en busca de aire, y cuando cayó en la cuenta de que lo que Narella le había dicho era completamente cierto, forzó las cuerdas vocales para hablar. Disminuyó la presión sobre la varita y a regañadientes, el asqueroso hombre frente a ella pareció esupir las palabras.
-Me enviaron. Mi líder. Jones. -Narella presionó la punta una vez más, notando que volvía a rehusarse a hablar. Funcionó para que dijera algo más. -Debía espiar a... Malfoy. Esa noche estaba allí. -hablaba con evidente dificultad. Intentó remover el cuello, como queriendo zafarse de su agarre, o intentando pegar su rostro al de ella. Narella presionó su varita tres segundos más y la quitó repentinamente realizando ella el mismo gesto, alejándose completamente del espacio circundante del tal Monagham. Éste la observaba con mala cara mientras intentaba recuperar todo el aire que había perdido en el último minuto. Narella se giró para cruzar su vista con Ethanael. Podía vérsela realmente molesta y fastidiosa. Tras ello no tardó en dirigirse con paso seguro hacia la puerta de entrada, dejando atrás a ambos hombres.

Una vez fuera, se detuvo un momento y supo que había cometido un gran error. Sería sencillo meterse en problemas por eso y cuánto detestaba Rowle hacerlo. Respiró profundo y sin dudarlo se dirigió al despacho de su jefe. Claramente su intervención había finalizado por completo.

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Mensaje hechizo realizado el Vie Sep 11, 2015 8:43 pm


A veces Scrimgeour se olvidaba que había sido favorecido con el don de la infinita paciencia. Él no tenía apuros en terminar con aquel interrogatorio, en realidad tenía el resto del día si era necesario. Podía soportar los gritos del carroñero con notable indiferencia. Sin embargo por dentro le carcomía la ira. No porque se rehusara a hablar, o porque le estuvieran faltando el respeto a él. El mayor de los problemas estaba siendo Narella. Después de todo no había sido la mejor de las ideas traerla consigo. Ethanael detestaba que ella tuviera que soportar todo aquel teatro que estaba armando el carroñero. Fue la primera vez que el auror deseó poder utilizar la violencia injustificada para hacer callar alguien. Pero se mantuvo firme en su postura. Cruzado de brazos, ajeno a las reacciones que Monagham quería provocar en él. Sólo necesitaba tomarse unos minutos antes de seguir insistiendo en las preguntas, como si nada hubiera ocurrido. Como si aquel imbécil no le hubiera gritado que se negaría a contestar cualquier cosa. Era sencillo ignorar todo eso y continuar. Por lo menos era la simpleza que se disponía a hacer el auror antes de que Narella decidiera reaccionar por las provocaciones. Scrimgeour contempló con ligero asombro cómo su aprendiz se abalanzaba sobre la mesa y extraía su varita para apuntar al carroñero. La posición amenazante que estaba tomando no era nada conveniente.

-Narella-intentó advertir. Sin embargo utilizó una voz demasiado suave y calmada como para contener a la fiera que acababa de apoderarse del cuerpo de la joven rubia. El jefe podría haber intervenido de haberlo querido, pero algo en su interior lo detuvo. Por alguna extraña razón se limitó a contemplar cómo se comportaba Narella, analizando sus actitudes. Además, quería darle la oportunidad de participar en el interrogatorio y si deseaba, también, desquitarse. Porque si bien él había sido dotado de paciencia, comprendía que muchos no y pensaba permitir que la joven actuara por su cuenta, aprovechando que él jamás se permitiría actuar de tal manera. Lo que más inmovilizaba a Ethanael era descubrir esa particular faceta de su encantadora aprendiz. Escuchó con atención cómo hablaba, usando su voz con un tono frío y afilado. Tomó con cuidado los detalles de su minuciosa explicación y alzó las cejas con sorpresa. Una perfecta amenaza de muerte había sido pronunciada en cuestión de minutos. Scrimgeour debía intervenir si no deseaba que el preso acabara sin vida antes de llegar a Azkaban. Extendió una mano para rozar el hombro de Narella, pero no fue necesario. Boyd Monagham cedió ante la presión y una vez obtenida la respuesta que buscábamos, la rubia se escapó de la sala.-Narella-volvió a repetir el auror, esta vez alzando la voz. Su intento por detenerla fue completamente fallido.

-¡¿Qué diablos fue eso?! ¡Esa mujer está loca!-protestó Boyd Monagham, una vez la rubia se retiró de la sala. Con mucho esfuerzo intentó acariciarse la garganta aún con las manos esposadas. Los ojos desquiciados se habían teñido de terror y estaban más dilatados mientras observaban a Scrimgeour con exigencia. El auror, que tampoco comprendía realmente lo ocurrido y no pensaba dar explicaciones al respecto, se encogió de hombros ligeramente. Sus pensamientos ya habían abandonado la reciente escena y estaban enfocados en la información obtenida. A continuación se dispuso a continuar con el interrogatorio. El cual se desarrolló mucho más fácil luego de la intimidación de Narella. Scrimgeour consiguió averiguar que Malfoy estaba siendo vigilado muy de cerca. No le gustó encontrar relación entre el candidato a ministro y un grupo de carroñeros. Poca información obtuvo acerca del líder detrás de aquello: Jones. Sin embargo aquello no le solucionaba ninguno de los trabajos que tenía que resolver. Por lo que regresó a su oficina con un semblante serio, pensativo, que daba una clara señal a todo el que lo viera pasar: no quería más problemas, no quería que se le acercaran. Se encerró en su oficina donde, como era de esperar, se encontraba su aprendiz.-¿Qué ha ocurrido, Narella?-exigió saber.-¿Estás bien?-preguntó con un deje de preocupación. Tampoco podía olvidar que la joven había pasado por una extraña recaída.

 


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Mensaje hechizo realizado el Vie Sep 11, 2015 10:38 pm


Una vez cerró tras de sí la puerta del despacho de su mentor, comenzó a caminar de un lado al otro con una mano a la frente. Por Salazar, ¿qué había hecho? ¿Qué estaba ocurriendo con ella? No era propio de sí perder los estribos en su faceta de perfecta asistente de Auror. Llevaba seis meses con aquél papel y nunca había tenido problemas para representarlo. Sin embargo, desde hacía un tiempo para acá todo en su mente parecía estar dado vuelta, desordenado de un modo que parecía no poderse volver a arreglar. En una de sus idas y vueltas cambió el recorrido para dirigirse hacia la mesilla donde se encontraban una botella y dos vasos de whisky. No lo pensó mucho al servirse una medida doble de la bebida blanca y se la bebió de una sola vez. Sintió su garganta arder y pensó en lo mucho que odiaba el whisky, pero necesitaba algo que la ayudara a volver a la realidad. Como siguiera cometiendo los estúpidos errores que estaba cometiendo todo se echaría perder y la descubrirían... No podía arriesgarse a eso, ¡no aún! Necesitaba conseguir su asenso a Auror para dejar de depender de su estúpido jefe y comenzar a fijar sus propios movimientos.
Dejó el vaso vacío en su lugar y se llevó ambas manos a la frente para tomarla y presionar con fuerza sus ojos, mientras tomaba asiento en el único sofá de cuero negro que formaba parte del amoblamiento. No midió el tiempo transcurrido entre su última acción y el sonido de su mentor al entrar, pero supo que no había sido el suficiente para compartir con su soledad.

Descubrió sus ojos ante la exigencia de su jefe, buscando su mirada con la suya para establecer contacto visual. Se mantuvo seria y con rostro impasible, sin responder a la pregunta. Había notado el tono de voz que había empleado para hacerla, era una orden disfrazada de pregunta. Sin embargo, aquél tono cambió drásticamente cuando formuló una segunda, evidenciando preocupación. ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué tenía que preocuparse por ella? ¡Lo detestaba! Era tan correcto, tan calmado, tan transparente... que tenía ganas de golpearlo para tratar de sacarle de su estado persistente de perfección.

-¿Por qué no habría de estarlo? -cuando respondió, lo hizo con su natural tono de voz aterciopelado, bajo y calmado, a pesar de mantener la seriedad. En ningún momento pudo dejar de verle a los ojos; aún no entendía por qué le costaba tanto a su sistema acatar órdenes tan simples como "deja de mirarle" cuando se encontraba en presencia de Scrimgeour. Con el resto de mortales, eso no pasaba.
-No voy a disculparme por mi intromisión. No estaría siendo honesta conmigo misma... -de repente se puso de pie, sin cortar la conexión visual. A pesar de notarse cierta molestia que la atormentaba, no dejaba de ser menos atractiva. -Pero sí sé que he pasado por sobre ti y que eso no debería haber sucedido. No volverá a ocurrir. -aseguró aquello último con confianza, como si de una promesa se tratase. Era su modo de solucionar las cosas. Reconocer los errores era digno. Lo que no haría sería pedir disculpas, puesto que no se consideraba una persona que tuviese que andar rogando a nadie por perdón. Por más erróneas que pudieran resultar sus acciones siempre había un buen motivo detrás para realizarlas, por lo que no tenía de qué arrepentirse. Respiró profundo mientras levemente frunció el entrecejo. ¿Por qué aquél hombre ordinario lograba desestabilizarla de aquella forma? Se sentía afectada por su mirada intensa. Por fin pudo desviar la mirada para aclarar sus pensamientos y concentrarse en su papel de asistente.

-¿Has podido concluir con el interrogatorio de manera exitosa? -sí, desviar el tema parecía ser una buena opción. Evitaría así centrar sus pensamientos en el motivo por el cual no podía dejar de mirarle.

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Mensaje hechizo realizado el Dom Sep 13, 2015 6:44 am


Por un instante se sintió perder la paciencia. Él que había sido dotado con este asombroso don. Escuchó la respuesta que acababa de darle Narella y bufó. El aire escapó de entre sus finos labios y de inmediato tensó la mandíbula. No quería replicar, pero tampoco podía contener las palabras que luchaban por salir de su boca.-No lo sé, Narella. Dime tu-replicó. El fastidio se había impregnado en sus palabras. ¿Por qué no habría de estar bien su aprendiz? Había diversos motivos. El primero era que había sufrido una recaída en el pasillo de camino a la sala de interrogatorios, el segundo era que había perdido la paciencia durante el interrogatorio y había dejado salir un lado de ella bastante nuevo para el auror. A simple vista parecía que algo no andaba demasiado bien y Scrimgeour ansiaba que su aprendiz pudiera confiar en él. Pero no, por supuesto que Narella era demasiado perfecta como para hablar de sus problemas. Aún cuando Ethanael se había abierto a ella, le había mostrado su dolor y su lado más débil. Ella no podía explicarle nada. Eso, al auror, le fastidió demasiado y su reacción pudo haber sido muy infantil pero no tenía otra mejor. Se detestó por ello.

-No tienes que disculparte-aclaró, cuando Narella continuó hablando.-Pero deberías manejar esa actitud explosiva, no creo que sea la correcta durante el trabajo-añadió con calma, sin verdaderos ánimos de criticar. Con velocidad se recuperó del ataque fuera de lugar por el que había pasado y volvió a enfriar su cabeza. No era culpa de su aprendiz, nada de lo que había ocurrido era su culpa. El problema había sido porque Ethanael quería exigir más cosas de las debidas. No podía esperar más de la cuenta. Él era responsable de llevar a la rubia al interrogatorio, él era responsable por desear inmiscuirse en la vida privada de su aprendiz. Suspiró y relajó los hombros, dejándolos casi caer pero manteniendo una postura firme. Sus ojos se deslizaron sobre la figura de Narella, cuando se puso en pie y se acercó a él. Maldijo mentalmente y desvió su atención hacia su escritorio, buscando los papeles que habían enviado del ministerio francés. De inmediato regresó sus ojos hacia la rubia cuando preguntó por los resultados del interrogatorio.-Ha ido bien, aunque la información obtenida sea de poca ayuda-explicó. Dio un par de pasos hasta su escritorio y cogió los papeles que había allí.-Gracias a ti ha sido mucho más fácil obtener las respuestas-añadió con un brillo divertido en su mirada. Si bien no lo aprobaba sabía apreciar unos buenos resultados.  

Una vez con los papeles en mano sus pasos se dirigieron hacia Narella, mientras los leía. Se detuvo delante de ella, atrapando con sus ojos la información que tenía en sus manos. Una vez terminó de leer por encima, alzó la vista y la clavó en su aprendiz.-Francia tiene buenas noticias, por suerte-comentó conforme. Una ligera sonrisa se dibujó en sus labios, como muestra de alivio. Sin embargo no era ese el tema del cual quería hablar con Narella. Sus ojos claros cayeron sobre la garganta de la mujer y notaron su perfecta piel. Ethanael frunció el ceño por un instante antes de desviar la mirada nuevamente sobre los ojos verdes de ella. Se sumergió en aquella mágica y misteriosa pradera antes de soltar la pregunta que tanto le intrigaba. No tenía mucho que ver con el trabajo, en realidad.-¿Dónde has aprendido a asfixiar a un hombre con tanta facilidad y confianza?-consultó. Intentó leer algo en la mirada femenina, algo que Narella no delataba con palabras.
 


Última edición por Ethanael Scrimgeour el Lun Sep 14, 2015 2:27 am, editado 1 vez

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Mensaje hechizo realizado el Dom Sep 13, 2015 7:52 am


Vaya. Al parecer sí habían cosas que pudieran poner de los nervios al correcto y paciente Ethanael. La interpelada alzó levemente las cejas en señal de sorpresa, aunque su mirada se agudizó. Cualquier persona que no fuera de su estima y que comenzara a tener reacciones que a ella no le agradaran, terminaba siendo lo mínimo, burlada y puesta en su lugar. Nunca había tenido un superior del cual tuviera que acatar absolutamente todas las órdenes que le diera y mucho menos que la cuestionara. Nadie podía hacerlo a no ser que tuviera las confianzas para tal cosa, o a menos que ella lo permitiese. Sin embargo, aquél sujeto entraba en un terreno nuevo y particular: era su jefe con todas las de la ley. Por lo tanto y en cierto modo, podía permitirse cuestionarla y hasta ponerla en vereda de ser necesario, lo cual no significaba que la indomable fierecilla interna que yacía en la chica se doblegara tan fácilmente.

-Me parece que he dejado bastante claro que me encuentro bien. Dije que te haría saber si sucediera lo contrario, y soy una persona que cumple con lo que dice... -su tono de voz había sido bastante calmado para ser que en cualquier otra ocasión hubiera empleado otro distinto para hacer notar que ella es la que manda. En este caso había respondido con la sumisión que aquellos puestos, él su jefe, ella su aprendiz, requerían. Mas no había podido evitar hacer notar la pequeña molestia que le había ocasionado ver a su jefe perder los estribos en un tema que para Narella era redundante.

Prefirió no decidir nada y utilizar el mundano dicho de "quien a veces calla, otorga" cuando fue reprendida por sus actos, limitándose a cruzarse de brazos. Odiaba, detestaba ser reprendida. Se sentía una niña de cinco años, tanto así que tomaba esos mismos modos caprichosos sin que se diera cuenta. Pero es que toda la vida lo había sido, la niña mimada de mamá y papá a la que siempre se le habían cumplido los caprichos. Eso nunca había cambiado, hasta que había conocido a Ethanael. Se mordió la lengua para no soltar un "no tienes ni idea de lo explosiva que puedo llegar a ser" porque eso no encajaba con su papel de perfecta y sumisa asistente. Cada vez le costaba más hacerlo.

Se limitó a asentir, aún con los brazos cruzados, cuando su jefe le agradeció después de todo por su atrevimiento. Estaba segura de que de no haberlo hecho, aún seguirían allí lidiando con el desgraciado. Sí, hacía muy bien en agradecerle.
Narella siguió con la vista los movimientos de papeles que Scrimgeour realizaba, tratando de ponerse en sintonía con él. Había notado que nuevamente había acortado las distancias y que se encontraba frente a ella. No era nada que irrumpiera su espacio personal pero por alguna razón se habría sentido más calmada si al menos el escritorio se interpusiera entre ambos.
-Me alegra que así sea. Llevas... llevamos, mucho tiempo esperándolas. -se corrigió sobre la marcha puesto que le parecía más apropiado así, siempre haciendo notar que ella estaba  con él. Que le acompañaba, que le apoyaba... Por un momento se preguntó por qué le agradaba tanto escuchar un "nosotros" cuando de ambos se trataba. Sus cavilaciones se vieron interrumpidas al poco tiempo, logrando que Narella volviera a clavar sus ojos verdes en los azules de él ante la pregunta, y allí los mantuvo por algunos segundos meditando la interrogación. Dudaba que eso entrara de lleno en el ambiente profesional. Había cierta curiosidad añadida que tenía que ver con lo personal, a eso claro que lo captó. Una sonrisita se escapó de entre sus labios, mientras apoyaba su cadera sobre el filo del escritorio, apenas sentándose. Descruzó los brazos solo para ponerlos al costado de su cuerpo, con las manos agarrando el filo.
-¿No lo enseñan acaso en la Academia de Aurores? -se salió por la tangente a la primera, sonriendo de lado a sabiendas de que era una clara e irónica broma que serviría para romper un poco la tensión que antes los embargaba. Sin embargo no podía eludir por más tiempo una pregunta tan directa, no a él. -Un amigo de la familia me ha enseñado algunas técnicas. He aprendido a cuidar de mí misma desde muy temprana edad. Sería idiota por mi parte meterme en la boca del lobo sin saber defenderme. Siendo realistas no hay muchas mujeres en esta profesión y es mi deseo salir lo más ilesa posible. Los magos nunca te toman en serio. Otra en mi lugar, sin preparación física y mental, en la situación de hoy habría terminado llorando. Después de todo, nadie merece escuchar cosas como ésas. -se encogió de hombros, haciendo constar una perfecta respuesta, totalmente cierta. No necesitaba los detalles turbios, los detalles que delatarían su real procedencia y la mayoría de sus aprendizajes. Después de todo, la gran brecha que los separaba era a la vez, la que los unía en sus profesiones.

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Mensaje hechizo realizado el Lun Sep 14, 2015 3:56 am



Ethanael Scrimgeour se tuvo que morder la lengua para no discutir. No porque realmente no quisiera, sino porque no era lo indicado. Él estaba siendo consciente de lo entrometido que se estaba mostrando respecto a Narella. Sin embargo una parte de sí mismo se justificaba con la excusa de que él era responsable de su aprendiz. No podía dejarla trabajar con la duda carcomiendole el cerebro de si ella volvería a sufrir un ataque como el de antes. No importaba que ella se mostrara terca y segura en el hecho de que no volvería a ocurrir. Ethanael no confiaba en que la rubia estuviera realmente bien. Como tampoco confiaba en que ella le dijera si volvía a ocurrirle algo por el estilo. Eso sinceramente lo fastidiaba. La emoción de enojo no podía ser permitida, no en aquellas circunstancias. Así que con la mayor seriedad del mundo, intentando no rodar los ojos, afirmó con la cabeza.-De acuerdo-dijo sin más. Estaba mintiendo, pero no había de otra. Tenía que engañarse a sí mismo y a Narella diciendo que estaba de acuerdo con todo aquello.

Más no iba a estar jamás de acuerdo con comportamientos violentos y agresivos, o explosivos como el que había demostrado tener la rubia en el interrogatorio.Así que dejó muy en claro su opinión al respecto. Por el rabillo del ojo contempló la respuesta obtenida, la cual fue silenciosa y casi que divertida. Ver cómo Narella se cruzaba de brazos con aire ofendido consiguió que Ethanael se riera por dentro. Después de todo ella no podía ser perfecta, aunque el auror se hiciera una imagen así de ella. Ambos tenían que aceptar que las imperfecciones existían y aprender a corregirlas. Scrimgeour debía dejar de fantasear con ciertas cosas, por ejemplo. No entendía muy bien lo que Narella intentaba decirle con aquella actitud casi infantil que acababa de adoptar, pero no pudo simplemente quedarse callado. La miró con un brillo divertido mientras se dirigía nuevamente a ella.-No me mires así, Narella-le pidió, casi como un padre que reprende a una hija. Quería acercarse a ella y acariciarle el cabello, despeinarlo ligeramente para que cambiara aquella repentina actitud. En su lugar intentó ignorar estos deseos y se centró en el trabajo.

Sin embargo, por más que procuró, no pudo evita desviar la atención de su aprendiz hacia cualquier otro tema. Es decir, tomó los papeles que habían enviado desde Francia, los leyó por encima, capturó un poco de información importante y apreció las buenas noticias, las cuales eran como unas gotas de agua en medio de un desierto. Mas luego de procesar la información no pudo contener su instinto más interno, aquel grita salvaje dentro de sí que luchaba por dejar a un lado todo y centrarse en la señorita que tenía en su oficina. Su aprendiz, su asistente, su empleada, la futura auror a su cargo, la joven bruja rubia que atrapaba por completo sus pensamientos a pesar de que tenía mucho trabajo por hacer. La miró y le comunicó que desde Francia todo marchaba bien, aunque quizá ella ya lo sabía. Escucharla responder de la manera en que lo hizo provocó que Ethanael tuviera ganas de enterrar los dedos en su propio cabello, despeinarse un poco y resoplar con ironía. Ese pequeño detalle que había demostrado Narella, al corregir el verbo de singular a plural, le hacía sentir tonto y alegre. Por alguna extraña razón que escapaba de toda su comprensión. No se entendía a sí mismo.-Tienes razón-le concedió. Ambos llevaban mucho tiempo aguardando por buenas noticias.

De todos modos no todo era relativamente bueno. Scrimgeour hacía un rato que acababa de descubrir que con Narella podía haber muchos misterios y eso no le parecía de lo más ejemplar. Quería que su relación estrictamente laboral pudiera basarse en los pilares de la confianza. Pero Ethanael sabía tan poco de su aprendiz. Era como si sólo pudiera ver la punta del iceberg y debajo del agua todo fuera un secreto sin resolver. Decidió que quería sumergirse un poco en esas aguas, arriesgarse a coger una hipotermia quizá. Preguntó y esperó. La primera respuesta pareció muy esquiva pero hizo sonreír al auror.-Estoy seguro que no. Debería de haberme saltado esa clase sino y mi asistencia en la academia fue perfecta...-explicó con seriedad, pero en sus ojos brillaba una chispa de broma. En realidad estaba dejando muy en claro que quería una verdadera respuesta, la cual no pareció hacerse esperar.

Scrimgeour analizó cada palabra obtenida y meditó al respecto. ¿Un amigo de la familia? El auror rapidamente asoció el apellido Rowle con la historia que lo precedía y arrugó ligeramente el ceño por unos segundos. No estaba del todo seguro, pero podría jurar que aquella mujer delante suyo había sido críada por personas poco decentes. No hizo comentario al respecto. Como tampoco protestó sobre las mujeres que se desempeñaban el cargo de auror. No eran muchas, pero todas ejemplares. Y existían todo tipo de mujeres, su madre jamás habría derramado una lagrima ante una situación así y jamás habría amenazado a alguien de muerte de no ser estrictamente necesario. Difería un poco de la opinión de Narella. Más no podía seguir exigiendo en aquel asunto. Scrimgeour tuvo que conformarse con aquello. -Si alguien no te toma en serio en el trabajo, hazmelo saber-pidió. No iba a permitir que tal cosa ocurriera mientras él estuviera a cargo.
 

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Mensaje hechizo realizado el Lun Sep 14, 2015 6:04 am


-No te miro de ningún modo, Ethan... -bien, había sido atrapada en su posición enfurruñada y ella no había sido capaz de darse cuenta. Sólo lo hizo cuando el demasiado observador Ethanael le dijo aquello, a lo que no tuvo otra opción que girar el rostro para esconder su mirada haciendo fuerza con los músculos faciales para contener una sonrisa, con lo cual no tuvo éxito. Terminó sí, mirando hacia el costado, pero sonriéndose a causa de su numerito. Por dentro vivía la bipolaridad: una parte de ella estallaba en carcajadas y la otra, se daba de bofetadas por ser tan poco digna.

Se sonrió levemente de lado cuando a respuesta de su pregunta evasiva, había recibido aquella contestación. Pero claro, era el correctísimo Ethanael de quien estaba hablando, no hubiera esperado menos. Para sus adentros, su yo interior se mordió el labio inferior y negó con la cabeza en un gesto de burla infantil, pero que a pesar de todo termina escondiendo cierta admiración. ¿Era eso acaso? ¿Admiración lo que ella sentía hacia él? Sí, tal vez lo fuera... Y no podía creerlo. ¿Ella? ¿Una Rowle Carrow de pura cepa, Reliberante hasta la médula, admirando a un hombre de sangre mestiza y de ideales tan opuestos a los suyos? Era sencillamente una locura. Algo debía estar mal en ella, porque a pesar de no querer darle el crédito que merecía, lo hacía. Admiraba a Ethanael Scrimgeour. Y se detestaba por ello.

Fue consciente de que ella había revelado mucho, y él muy poco. A su comentario, Narella no pudo evitar soltar una leve risita primero, que luego terminó por ser una buena risa con ganas. Medida y recatada, pero una bonita risa descontracturada al fin. Se acomodó mejor en el borde del escritorio, olvidando por un momento su papel de perfecta aprendiz profesional.
-No lo dejarás correr, ¿verdad? Aunque insista con que sé cuidarme perfectamente sola mil veces, será como si hablase con una pared -sonriendo soltó su pensamiento, sin reflexionar sobre él como tenía que hacerlo la mayoría de veces para controlar su papel meticuloso. Volvió a cruzarse de brazos, pero esta vez no de forma refunfuñona ni mucho menos. Sonreía de forma natural, y eso era la primera vez en el día que ocurría. -Aún así, descuida... -exhaló un suspiro, en un gesto parecido al darse por vencido. -Te lo haré saber. Lo prometo. Sabes que cumplo mi palabra. -alzó su mano derecha y mostró su palma para reforzar la idea de promesa, y en cierto modo, alzando la bandera blanca.Tampoco había pasado por alto que el "de acuerdo" de hacía un rato, no había sido en verdad un real acuerdo literal.

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Mensaje hechizo realizado el Lun Sep 14, 2015 6:47 am



La respuesta fue igual que la de una niña. Ethanael hizo un enorme esfuerzo por mantenerse serio pero acabó por sonreír. Sí, no podía evitar llevarse de aquella manera con Narella. Aunque tuvieran su estricta relación de trabajo de por medio, no tenía por qué llevarse de manera fría y superficial.-Lo que tu digas, Narella-le respondió con burla. Le estaba dando nuevamente la razón, pero esta vez era como quien se la da a un loco. El auror sabía lo que había visto. La misma Narella sabía cómo se estaba comportando. Y aún así todo el asunto resultaba simplemente divertido.

Aquella agradable relación que podían llevar entre ellos a veces provocaba que Ethanael se tomara más libertades de las apropiadas o deseara más de lo correcto. Como en ese momento, que ignoraba todo el trabajo pendiente sólo para poder conversar sobre la vida privada de su aprendiz. ¿Dónde había aprendido a amenazar tan bien a un hombre? Aquello estaba claro que no se enseñaba en la academia de aurores, sino no lo hubiese preguntado. También estaba claro que Narella le ocultaba un millón de cosas y que Ethan no podía simplemente adivinarlas. Como tampoco podía exigir que se le fueran reveladas. Así que, dandóse por vencido en el asunto, se limitó a indicar que no permitiría que se metieran con su aprendiz por el mero hecho de que fuera mujer. El auror asintió con firmeza cuando la rubia dijo que él no dejaría el asunto. Claro que Ethan no lo haría, no podía. Creía que eso que estaba dispuesto a hacer por Narella lo podía hacer por cualquier otra. Quizá si lo pensara con más detenimiento no estaría del todo seguro. Más no lo pensó.

-No es que dude de tus capacidades, eso lo sabes. Me has demostrado cuán buena eres en todo lo que te propones y lo admiro. Pero a veces lo más indicado es confiar en el otro y aceptar una mano cuando sea necesario. Uno nunca puede hacerlo todo por si solo, porque uno no vive solo sino que está rodeado de personas. Y si está en mi poder arreglar asuntos de discriminación que ocurran en mi departamento, entonces lo haré. Es mejor si yo me encargo y tu luego no tienes problemas por andar defendiendote de gente idiota. ¿No te parece?-explicó con calma y seguridad. Estaba expresando su punto de vista, intentando que Narella lo comprendiera y se abriera a él. Quería demostrarle que la confianza a veces era buena. Ella podía confiar plenamente en él. Aunque él no estaba del todo seguro si ella le terminaría diciendo todo lo que él quería saber. Quería creer en sus promesas. Quería confiar en Narella y una parte de si lo hacía a pesar de no conocerla por completo.-Confío en tu palabra-sentenció con absoluta sinceridad.

Apreció cómo se reía y él también sonrió. No estaba demasiado cerca de ella, pero sí lo suficiente como para mirarla en detalle mientras se carcajeaba de aquella manera tan bonita. Se hizo un millón de preguntas al respecto y no respondió ninguna. A punto estuvo de invitar a su aprendiz a beber algo después del horario de trabajo. Sin embargo un golpe en la puerta lo previno justo a tiempo.-Si me disculpas-murmuró antes de alejarse. Fue a abrir la puerta de su oficina para encontrarse con un par de aurores que tenían noticias. Lo necesitaban, él no dudó en seguirlos. Aunque una parte de sí aún quería seguir conversando con Narella. Dejó a su aprendiz en la privacidad de su despacho, para que continuara trabajando sin que él la distrajese.  
 

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Mensaje hechizo realizado el Lun Sep 14, 2015 7:28 am


Tuvo ganas de arrojarle algo cuando le dio la razón como a los locos. Si no hubiera sido su jefe y hubiera tenido un cojín cerca, seguramente habría terminado estampado en la cara del hombre. Sí, tenía actitudes infantiles en muchos casos, pero ella no se daba cuenta. O igual sí, pero formaban parte de su carácter, de su bipolar forma de ser.

Las risas cesaron y dieron paso a la seriedad. Ethanael estaba hablándole de esa forma que ella admiraba, tan bondadosa, tan esperanzadora, tan... empalagante. Y aunque todo su ser le gritaba a voz viva que abofeteara al demente que decía esas cosas, algo en su interior se mantuvo completamente lúcido, alerta a cada una de esas palabras que se internalizaron en ella como si quisieran echar raíces. Confianza. Ella no confiaba en nadie. Ni siquiera en su líder... confiaba, pero no plenamente. Y él le decía de aquella forma tan honesta, tan sincera, que confiara en él. Su sistema entró en colapso. Lo que ella era, una desconfiada nata, y lo que quería ser: confiar en él, sólo en él. No respondió nada, pero tampoco quitó su mirada de la de Ethan.

Al contrario de lo que otra persona pudiera sentir, sintió un gran peso cuando él admitió confiar en ella. ¿Por qué? Ella lograba que las personas confiaran en ella a pesar de que muchas veces, lo hacía a sabiendas de que traicionaría esa confianza. Era moneda corriente para ella. Sin embargo, algo en su interior quería hacerse notar, era como si no quisiera hacer lo mismo con su mentor. El golpe en la puerta sirvió para traerla de nuevo a la tierra, logrando romper esa conexión visual que la obnubilaba de una manera tan idiota.
-Claro... -concedió el permiso, más por mera respuesta que por ser un real conceder. No sabía de quién se trataba pero agradeció a quien fuera por la interrupción. Respiró profundo y el aire aclaró sus pensamientos. Por Salazar, se estaba convirtiendo en una idiota. Se alejó del escritorio en dirección al suyo, donde tomó unos papeles y trató concentrarse. Logró hacerlo luego de un rato, y a la hora de salida, logró escabullirse también de Ethanael. Necesitaba su espacio.

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