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Last Christmas [Sienna Lestrange]

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Mensaje hechizo realizado el Sáb Mar 12, 2016 6:47 pm

Las navidades podían ser un paraíso o un infierno para Blaine Zabini, todo dependía de si le tocaba festejar en la casa de su abuela, quedarse con sus padres o ir al castillo que tenía la familia de su prometida en Hungría. Ese año, por suerte y gracias a las nada sutiles indirectas que el Slyhterin les lanzó a Sienna y Razdan durante la mitad del curso, los Lestrange habían extendido una formal invitación para que pasara las vacaciones de invierno con sus queridos hijos. No podía ser mejor. La perspectiva de escaparse la Mansión de los Zabini, de mantenerse lejos de los sermones sobre la vida y el honor de Blaise y  de las reuniones para tomar el té de Pansy, era lo mejor que le había pasado en mucho tiempo. No porque el castillo de los Lestrange fuera más acogedor o más << hogar >>.  Si no porque allí lo dejaban paz. Razdan salía con sus amigos durante las noches y no volvía hasta haberse bebido hasta la última gota de alcohol de los pueblos aledaños y Sienna respetaba su espacio.

Cómo en ese momento. Blaine estaba sentado sobre un cómodo sofá en la biblioteca del Castillo con un libro entre sus manos. Sienna tenía la cabeza sobre sus piernas y miraba el techo de forma pensativa. El silencio entre los dos era cómodo, no necesitaban hablar para sentirse acompañados. Leaforth, la elfina doméstica, le había dejado dos humeantes tazas de chocolate amargo encima de la mesita ratona, ninguno de los dos había tomado ni un sorbo. Su prometida porque parecía pérdida en sus diatribas mentales y él porque estaba demasiado ensimismado en la lectura del libro que le regalo su padre antes de que partiese a Hungría. Era sobre Historia Mágica, el recorrido por la Política de Inglaterra desde el primer concilio en la edad Media hasta los conflictos por la Segunda Guerra durante el Mandato de Scrimgeour. Nada que no hubiese leído antes, pensó mientras pasaba página, sólo que este autor en específico tenía una clara postura anti-muggle y era crítico con las medidas integracionistas adoptadas por los últimos mandatarios. Las intenciones de Blaise al darle aquel ejemplar eran evidentes. << Soy mejor que eso, Padre >> agotado su interés en el tema, dejó su libro sobre el sofá y miró hacia la ventana. Afuera nevaba copiosamente, todo el paisaje se veía tintado un blanco impoluto que hería los ojos.

¿Vas a desairar a tu elfina doméstica, querida? —le preguntó a su mejor amiga con un ligero tono burlón mientras hundía los dedos en su cabello. —No quiero escucharla llorar durante las noches porque rechazaste su chocolate caliente. Ni tampoco oírla decir a tu madre que estás muy delgada para la edad que tienes —pasó la vista del rostro concentrado de su prometida hasta la habitación que los rodeaba. Había una chimenea que crepitaba a pocos metros de ellos y una enorme cantidad de estantes llenos de libros antiguos con tapas de cuero y hojas amarillas a causa del tiempo. Los muebles eran todos de caoba, tallados a mano y predominaban los colores fríos con algunos escasos adornos navideños. Era la típica morada de la aristocracia mágica; desabrida, correcta y muy pulcra. Aun así, a Blaine le gustaba —Estoy de acuerdo con lo último —añadió mientras se inclinaba y le daba un suave beso en la frente.


Última edición por Blaine A. Zabini el Sáb Mar 12, 2016 7:34 pm, editado 2 veces
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Mensaje hechizo realizado el Sáb Mar 12, 2016 6:54 pm

Hungría. Cada año su familia volvía como si hubiese dejado olvidado en aquel país un hogar. Rabastan y Lyarra no lo veían así, se aferraban a aquel castillo por costumbre y por tradición, no había nada de sentimental en reencontrase con el pasado. Para Sienna, sin embargo, era diferente. Cada memoria la hacía querer retroceder los años y volver. Recordaba los bosques cubiertos de nieve, el aroma a pino que cubría el salón principal, las decoraciones que su madre colgaba sin que desentonaran con los muebles, los regalos en la mañana de navidad, la cocoa con caramelo que bebía siempre con su hermano en Noche Buena. Y, dentro de todo eso, también recordaba a Blaine. Su mejor amigo se había vuelto partícipe de numerosas navidades y esa, la primera desde que habían anunciado el compromiso entre ambos, no era la excepción. Todo era perfecto, o al menos lo había sido hasta ese entonces.

Los ojos de Sienna estaban clavados en el alto techo de la biblioteca en la que se encontraban, mientras Blaine se perdía en uno de los tantos libros que había traído en el viaje. No quiso interrumpirlo, ni a él ni al hilo de ideas que formaban torbellinos en su mente. Amaba aquel lugar, pero una parte de ella también añoraba Inglaterra. ”No es Gran Bretaña lo que extrañas, Sienna.”. Cerró los ojos para quitarse aquel rostro de ojos claros y cabellos rubios  de la cabeza, se lo debía a su mejor amigo, aun cuando no entendiese del todo la rivalidad que había entre ambos. No debía pensar en Scorpius Malfoy.

Fue la voz de Blaine lo que hizo que sus ojos se abrieran nuevamente y dejaran las maderas del techo. Sin dejar de apoyarse en las piernas que hasta ese momento había ocupado como almohada, miró a su prometido con algo de desconcierto mientras hablaba —  ¿Te pareció que fui descortés? — . Era una pregunta retórica, sabía que no había sido maleducada con la elfina doméstica. Con una sonrisa recibió el beso en la frente y se apresuró a incorporarse —  En cambio tú estás haciendo méritos para que no te entregue tu regalo de navidad. — . Lo miraba como si estuviese planeando algo que ansiaba revelar, y era así, después de todo había pasado meses intentando adquirir el regalo perfecto para Blaine. Antes de continuar, extendió los brazos hasta la mesa de madera donde estaban las dos tazas con chocolate caliente —  No hagamos llorar a Leaforth— . Le ofreció una a su mejor amigo y luego dio el primer sorbo de la suya. Tras unos cuantos más, dejó la taza sobre el suelo.

Debía aprovechar el fracaso en la lectura de Blaine y su aparente falta de interés en coger otro ejemplar de política en el mundo mágico. No quería interrumpirlo, era cierto, pero él la había dado la oportunidad perfecta para salir de aquel silencio en el que habían estado envueltos. Tras coger la manta que se encontraba colgada en el respaldo del sofá, se acomodó junto a su prometido y lo cubrió también con la lana de tonos rojos y verdes. Sus ojos ahora bailaban al ritmo de llamas de la hoguera —  No vayas a creer que me he vuelto cursi, pero me alegra que estés aquí conmigo.  —  murmuró en tono bajo, como si se avergonzara de escuchar sus propias palabras en voz alta. Cerró los ojos al cabo de unos segundos, dejando que su cabeza reposara en el hombro de Blaine — Durante un momento pensé que preferirías quedarte en Inglaterra este año. Ya sabes. —  y realmente esperaba que supiera a qué se refería, pues no quería decirlo en voz alta. Mientras más pasaba el tiempo, mientas más gente conocían, menos posibilidades habían de que volvieran a pasar las navidades juntos, aun cuando estuviera el compromiso de por medio. Era algo que tarde o temprano se rompería. Él había conocido a alguien, pero ella también lo había hecho. En el fondo temía que no volvieran a ver la nieve juntos.


Última edición por M. Sienna Lestrange el Sáb Mar 12, 2016 7:25 pm, editado 3 veces
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Mensaje hechizo realizado el Sáb Mar 12, 2016 7:00 pm

Un poco descortés, sí —se burló Blaine mientras Sienna le pasaba una taza de chocolate amargo. —Estoy seguro de que eres la causa de sus insomnios cuando le rechazas un plato. << ¿Qué tendrá mi niña que no quiere comer? ¿Estará enferma? >> —imitó la voz la elfina de manera socarrona. La preocupación de su amiga por los sentimientos de Leaforth se le antojaban graciosas —Cualquiera diría que sientes una debilidad oculta por esas criaturas —bebió un sorbo del chocolate, ahora tibio y lo saboreó de manera lenta. Las bebidas dulces no le agradaban; esas costumbres de Sienna y Razdan de verter caramelo o malvaviscos en su chocolate le revolvían el estómago. Él lo prefería amargo, muy amargo y espeso —Tanta debilidad como sientes por mí, Dolly. Estoy seguro de que me darás ese regalo aunque me comporte como la peor persona del mundo. Estoy seguro de que lo darías ahora si te lo pidiera  —terminó de beber el contenido de su taza con un sorbo rápido y se levantó para dejarla sobre la mesita ratona.  Su mejor amiga estaba buscando una manta con la que cubrirse. El frío no les daba tregua. — ¿Qué me has comprado esta vez? —se acomodó en el sillón, debajo de la cobija y poco después sintió como Sienna recargaba la pequeña cabeza en su hombro. Él la rodeo con su brazo para acercarla más. Las cosas no habían cambiado demasiado desde que sus padres anunciaron el compromiso. Al principio pensó que la decisión de sus progenitores los alejaría, que haría que se odiasen como todas las parejas que conocía. Nada de eso había pasado. Ahora la tenía allí, entre sus brazos, una proximidad que parecía muy difícil de romper. —Pansy también te compro algo; no sé qué será —su madre le había metido un paquete rosa pálido en el baúl; no sin antes hablarle de lo importante que eran los detalles para las mujeres y que su prometía debía pensar que lo había comprado Blaine en persona. Él no le mentía a Sienna. Nunca. — Yo no confiaría en su gusto. Genevieve también te envió un paquete.


Las palabras cariñosas de su mejor amiga lo perturbaron durante un momento. Pero no tardó en reponerse y sonreír de una manera un poco más cálida. Sin tinte de burla ni de ironía.

Yo también me alegro de estar aquí, querida, no sabes cuánto  —le resultaba cansino tener que soportar a su familia, en especial a Pansy, que revoloteaba durante todo el día alrededor de él para que la acompañase a sus aburridas reuniones —No tenía intención de pasar las navidades en otro lado —le aseguró mientras apretaba el abrazo y apoyaba su nariz en el cabello de su prometida y aspiraba. Le gustaba su aroma; era fresco como el bosque. Ignoró por unos instantes la conversación y se concentró en disfrutar el momento. El frío, la calidez del cuerpo de Sienna contra el suyo debajo de la manta, el rastro de sabor que había dejado el chocolate en su garganta, la visión de la nieve cayendo por detrás del ventanal. Sabía dónde quería llegar su prometida con su última frase pero no estaba seguro de querer seguir ese camino —No me imagino en la mansión de Cordelia. Ni la cara que pondrían sus padres al ver que el futuro esposo de la hija de los Lestrange apareciera allí. ¿Tú sí? —una sonrisa le bailó en los labios al imaginar una situación tan hilarante. En verdad, siquiera se había planteado la posibilidad de ver a su rubia durante las vacaciones de invierno. ¿Qué estaría haciendo en ese momento? —Ni siquiera sé dónde vive. Ni he visto a sus padres, ni sé si tiene hermanos…oh sí, creo que su padres los abandonó por otro hombre cuando era pequeña. —algo así era.


Última edición por Blaine A. Zabini el Mar Mar 15, 2016 4:47 am, editado 1 vez
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Mensaje hechizo realizado el Sáb Mar 12, 2016 7:02 pm

Una sonrisa cruzó su rostro al escucharlo. Quizás le estaba tomando más peso del necesario a las palabras de su mejor amigo, pero en ese momento sentía que era imposible que se alejaran. Estaba fabulando, lo sabía, pues tarde o temprano Blaine se enteraría de lo inevitable y no habría excusa que valiera. ”Quizás lo entienda”.  Cerró los ojos, intentando aferrarse a ese consuelo y dejándose llevar por la conversación. Sienna recordó las facciones de Cordelia mientras su prometido hablaba, su amiga siempre le había parecido una muñeca de porcelana, entendía perfectamente por qué él y todos los demás gustaban de ella —  Supongo que no pondrían buena cara. Lo que me parece extraño, Blaine Amadeus Zabini, es que hayas sido capaz de tener la atención en ella por más de tres días. — bromeó mientras trataba de imaginar a Blaine con un ramo de rosas frente a la mansión de los Holt. ”Quizás aún no se la ha tirado”. Por raro que le pareciera a Sienna, esa era la única excusa que podía encontrar para que él no hubiera botado a Cordelia tal y como lo había hecho con el resto de sus amigas.

Abrió un ojo y observó a su amigo con detenimiento mientras sopesaba lo siguiente que diría —  ¿Acaso estás enamorado, Blaini?. Jamás te había conocido una novia — . Y por más que lo intentó, no pudo hacerse la idea. Él era de idas y venidas, de un recambio constante de rostros, no de los que se aferraban a un amor. Se despegó del hombro de su amigo y lo contempló por unos segundos, expectante.  Alzó una ceja al no recibir respuesta inmediata —  Y por cierto, no tiene hermanos. Quizás ese sea un detalle que debas recordar la próxima vez. A las chicas les gustan ese tipo de atenciones. —  comentó a la vez que le daba un ligero empujón en el brazo —  También les gustan los obsequios. Tú podrás ser mi debilidad, pero yo soy la tuya. ¿Dónde está mi regalo?, confiesa. — . No necesitaba un regalo y  sabía lo mucho que Blaine detestaba salir de compras. Pero cada navidad durante los últimos diez años le había hecho la misma pregunta, con una sonrisa de oreja a oreja, esperando despertar algún tipo de culpa en su amigo.  

El viento que comenzaba a soplar cada vez más fuerte afuera la distrajo. Un par de ramas golpeaban el vidrio de la ventana y la nieve tapaba en parte la visibilidad hacia afuera. Agarró la manta y se arrimó un poco más a Blaine, el frío comenzaba a calarle los huesos a pesar del fuego de la hoguera. Pensó en llamar a Leaforth para que avivara las llamas, pero se frenó al darse cuenta de lo cómoda que estaba ahí y de lo poco que le apetecía moverse. No tenía claro si quería seguir hablando de Cordelia, de los regalos o de cualquier otra cosa. Algo le molestaba, algo que no podía identificar y que sólo podía atribuirlo a su secreto. Afirmó la lana de la manta con los puños y miró a su mejor amigo —  Blaine. ¿Crees que Razdan se molestaría si saliera con alguien? —   “¿Tú te molestarías?”. No sabía siquiera por qué lo pregunta de esa manera, pero se había acobardado para ir de frente. No podía, no en ese momento. A los pocos segundos se arrepintió de haber abierto la boca.

Tomó la frazada y se la quitó de encima, poniéndose de pie para llegar hasta los leños que se apiñaban al  lado de la chimenea. Lanzó uno al fuego y observó cómo se consumía —  De verdad espero que a Cordelia sí le hayas comprado algo. No es precisamente comprensiva cuando no le presentas ese tipo de atenciones. — volvió al único tema que podía darle más vueltas. Al único que no estaba tan segura de querer escuchar. No veía qué tan especial podía llegar a ser la rubia para su mejor amigo, además de ser evidentemente atractiva. ”No es tu tipo, Blaine. No va a funcionar”. Pero el pensamiento se quedó ahí, ahogado. Prefería ver feliz a su mejor amigo.


Última edición por M. Sienna Lestrange el Sáb Mar 12, 2016 7:27 pm, editado 1 vez
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Mensaje hechizo realizado el Sáb Mar 12, 2016 7:10 pm

Cordelia le gustaba. Le gustaba con una intensidad tal que era imposible explicarlo sólo con palabras.  Era jodidamente hermosa; se le antojaba más bella que ninguna otra mujer que con la que se hubiese acostado antes. No sólo eso, también había sido muy difícil que le diera un sí. La rubia tardó un año y medio en quedar presa en su telaraña. Había sido un juego divertido, en el que terminó ganando Blaine. Cómo siempre. Se le dibujó una sonrisilla triunfadora en el rostro que Sienna no alcanzó a ver porque estaba acurrucada entre sus brazos. Sí, Holt le gustaba, su relación con ella le suponía un desafío. Era una lucha constante: un día antes de que comenzarán las vacaciones de invierno habían discutido ferozmente para terminar tirando con la misma fuerza en uno de los salones vacíos. Al terminar, ni siquiera se dirigieron una sola mirada. Cordelia tomó su ropa, se quejó de lo poco satisfecha que estaba, lo maldijo y se fue sin decirle adiós. Cuando ya estaba en el Castillo de los Lestrange le llegó una lechuza de su parte con un pequeño mensaje en la pata: << Imbécil >>. De eso se trataba su relación. ¿Pero enamorado? ¿Él? Era incapaz de darle una respuesta a su mejor amiga.

A mí también me sorprende, Dolly… —  << Pero nunca me he sentido tan atraído por nadie como siento atraído por esa rubia necia >> —Sospecho que esta vez es un poco diferente; ¿Entiendes, no? —No se le hacía fácil hablar de sus sentimientos ni tampoco decirle que lo mejor de su relación con Holt era la manera en que follaban. La respetaba demasiado como para expresarse en esos términos —No sé si utilizaría esa palabra pero Holt me…atrae. Muchísimo. Es imposible aburrirme de ella. ¿Por qué estamos hablando de esto? —A pesar de que compartían una amistad de años, no solían tocar esos temas en sus conversaciones. Era con Razdan con el que compartía infidencias de ese tipo y tampoco demasiado. Blaine era mujeriego, sí, pero no del tipo que presumía de sus conquistas como si fueran un trofeo. Eso le parecía patético —Es algo incómodo —sonrió y bajo su rostro para mirar el de Sienna cuando ella se apartó. Los grandes ojos celestes de su amiga lo se clavaron en él —Pero no tan incómodo como que me des consejos… —bromeó él al escuchar las indicaciones sobre cómo llevar su relación con Cordelia —La rubia no es como las otras chicas, Dolly. Dudo que le importe lo que yo sepa o no sepa sobre su familia. No es que hablemos demasiado sobre ese respecto. — << No es que hablemos demasiado sobre nada en realidad >> —No tanto cómo hablo contigo de los regalos de navidad. Ya te lo dije, los regalos de Genevieve y Pansy están en mi baúl. Por mucho que seas mi debilidad, no saldré al callejón Diagon a buscarte un vestido —se recostó un poco más sobre el sillón mientras Sienna se acurrucaba entre sus brazos. Era agradable la calidez que emanaba del cuerpo de su prometida contrastada con el frío del ambiente. El fuego de la chimenea comenzaba a apagarse y la baja temperatura a ganar terreno. — ¿Cómo? —respondió la pregunta de su mejor amiga con otra pregunta. No estaba preparado para escucharla decir algo así. Para él seguía siendo Mya, la niña pequeña, su casi hermana. —No sé…

La respuesta fue parca. Así que aquel era el motivo por el cual Sienna estaba tan pensativa y la razón por la que se interesó de repente por su vida amorosa. Le interesaba alguien, algún bobo de Hogwarts y saberlo le causaba una extraña sensación en la boca del estómago. << ¿Quién es? >> Blaine sintió como si la hubiesen arrancado de su lado cuando se paró para avivar el fuego de la chimenea. Se quedaron un rato en silencio, con el Slytherin mirando su espalda, sin que ninguno de los dos abriera la boca.

No sé cómo reaccionaría Razdan —se levantó del sillón y acortó la distancia que lo separaba de su mejor amiga. La abrazó por detrás y apoyó el mentón sobre su hombro. Los ojos oscuros de Zabini quedaron fijos en las llamas de la chimenea —Pero yo me moriría de celos —bromeó, un poco a sabiendas de que no estaba diciendo una mentira — ¿Estás enamorada, Dolly? —ciñó más su abrazo mientras la hoguera empezaba a chisporrotear consumiendo el nuevo madero.
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Mensaje hechizo realizado el Sáb Mar 12, 2016 8:21 pm

Intentó imaginar lo que estaría pasando por la cabeza de Blaine, pero estaba segura de que nada se acercaría a la realidad. No le iba a revelar la verdad, no esa noche, por lo que el silencio repentino que se instauró en la biblioteca le sentó bien. ”Quizás no le dé más vuelta al tema”, se apresuró a pensar mientras daba un paso atrás para que las chispas que emanaban de las llaman no la alcanzaran. El fuego había cobrado vida y desprendía un calor cómodo que le calentaba las mejillas. Al escuchar a su mejor amigo continuar el hilo de la conversación volvió a lamentarse. Esa idea jamás había rondado por su cabeza, ni siquiera se la había planteado hasta ese entonces —  ¿Enamorada? — repitió sin ocultar la sorpresa en sus palabras. ¿Cómo podía saber si lo estaba?. Dejó que el silencio consumiera su respuesta y la alejara, ignorar la pregunta no la haría desaparecer, pero no tenía la capacidad de enfrentarla. Le dedicó una sonrisa mientras inclinaba su cabeza para observarlo —  Cuando esté enamorada te darás cuenta. No necesitarás preguntármelo. — respondió en un intento por ponerle fin al tema.

 Posó sus brazos sobre los de Blaine mientras éste la afirmaba desde atrás, sin siquiera hacer el amague de separarse. A pesar de la respuesta de su mejor amigo, aún tenía esa inquietud por dentro. ”¿Y te molestaría si fuera Malfoy?”. En su lugar, decidió darle un rodeo al tema —  Y a todo esto. ¿Eso es lo que valgo para ti?, ¿Un vestido del Callejón Diagón?—  preguntó con una amplia sonrisa, le encantaba picarlo con el asunto. Giró su rostro con precaución para depositarle un beso en la mejilla —  Te debería dar vergüenza, me rompes el corazón. —  agregó con evidente complicidad. Era el único tema al que podía recurrir además de Cordelia y, en ese minuto, no tenía claro qué tanto quería saber de la relación de su mejor amigo con la rubia. ”Si no hablan me imagino lo  que hacen”. Un escalofrío le recorrió el cuerpo e hizo que soltara una risita tonta —  Cuando veas tu regalo voy a transformarme en tu persona favorita en todo el mundo, ya verás.  — . Por un momento  se preguntó si se notaría, si él entendería que estaba intentando evadir el tema. Después de todo él tenía razón, sí era incómodo, aunque quizás no por el motivo evidente.

Pero por más que quisiera, por más que supiera que lo indicado era no indagar más de lo necesario, habían cosas que no podía dejar de preguntarle. Apoyó su cabeza contra la de Blaine y suspiró, dejando volar así la frustración que sentía por dentro —  ¿Y te imaginas un futuro con ella?, ¿Cómo sabes si es tan importante como para arriesgarte? — preguntó confundida. Sabía que no estaba preguntando por Cordelia y por Blaine, no en el fondo —  Es decir, siempre podría ser algo pasajero. Una atracción que no es necesario llevarla a más. ¿Cómo sabes cuándo arriesgarte y cuándo no?. ¿Por qué ella es distinta? —  ”¿Por qué él lo es?”. Era como si no pudiese controlar sus propias palabras y todo lo que había estado atorado en su cabeza saliera de golpe, a tropezones. Otro suspiro, uno más de frustración que de remordimiento.

Con precaución dio una media vuelta para quedar frente a Blaine, mirándolo directo. La noción de la hora la había perdido desde que su mejor amigo había optado por leer, pero ya debían ser cerca de la seis. En cualquier momento Leaforth aparecería para entregar las órdenes de Lyarra sobre la vestimenta que debían llevar para la cena, como cada año. Cuando por fin se decidió a hablar, lo hizo con cierto entusiasmo en sus palabras — Por Merlín, Blaine. Todo hubiese sido más sencillo de habernos enamorado nosotros. Pero creo que eso está más cerca del incesto que de otra cosa. — bromeó subiendo los hombros y ladeando un poco la cabeza. En el fondo no le molestaba que su mejor amigo tuviera novia, incluso si era alguien tan poco afín a él como Cordelia Holt, le gustaba verlo feliz después de todo. Lo que le preocupaba era perderlo, alejarse del chico que apenas hablaba a los tres años — ¿Me prometes que, pase lo que pase, nada cambiará?— .
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Mensaje hechizo realizado el Dom Mar 13, 2016 7:24 am

¿Un vestido del Callejón Diagon no es suficiente para Su Alteza? ¿Qué puedo regalarle que no tenga ya? —le preguntó Blaine con los ojos clavados en las danzarinas llamas de la chimenea. El calor del fuego les acariciaba el rostro y era casi tan agradable como estar abrazado con Sienna por debajo de la manta — ¿Qué le han negado sus padres a mi prometida? ¿Joyas? ¿Chocolates? ¿Flores? —pensó en los regalos que le daba Blaise a su madre en cada aniversario. O en señal de arrepentimiento luego de que le hubiera dado vuelta el rostro de una bofetada porque lo comparaba con Draco Malfoy —No, eso no es para ti, si no me equivoco, tu preferirías que te compre un collar maldito de Borgins&Burke sólo para estudiarlo o que negociara con un traficante de huevos de Dragón —sabía del gusto de su amiga por las Artes Tenebrosas. Un libro sobre Magia Oscura sería la delicia de Sienna —Mejor olvídalo, tienes gustos muy particulares y peligrosos, querida y no quiero manchar la impoluta reputación de mi familia para complacerte —prensó los dedos sobre la cintura de su prometida y la pegó más a él. La proximidad entre ambos era cómoda; se sentía más natural que dormir junto a Cordelia. << Razdan dice que tenemos demasiada confianza el uno con el otro>> — ¿No te basta con mi presencia? —Sonrió mientras apoyaba el rostro en el hueco que se formaba entre el hombro y el cuello de Sienna — ¿No se te sana el corazón gracias a mi compañía? —estuvo a punto de soltar una risa sardónica, pero se mantuvo serio —Espera, y mucho más importante, ¿tú tienes corazón, amada mía?

No le preguntó más por aquel extraño supuesto de que estuviera enamorada. Era una posibilidad en la que no quería pensar hasta que se viera obligado a ello. Hasta el día que su mejor amiga apareciera de la mano de un tipo aborrecible y se lo presentará como su pareja. Hasta ese día se negaba a verla como una mujer capaz de enamorase. Por lo tanto, y Gracias a Salazar, la muchacha le dio un rodeó al tema y focalizó la conversación en otras banalidades. No se lo impediría. Se fue por otros caminos, también incómodos, pero no tan peligrosos.

Joder, Dolly… ¿Con Cordelia? —frunció un poco el ceño frente a esos cuestionamientos. Jamás se había planteado su futuro junto a una persona. Sabía que, inevitablemente, tarde o temprano se tendría que casar con una muchacha sangre pura a la que elegirían sus padres. Otra que no fuera Sienna, pero planeaba evitar su destino tanto como pudiera. —No puedo predecir lo que sucederá con la rubia; si llegamos al fin de la semana sin matarnos el uno al otro podemos considerarnos con suerte. Es imposible mirar hacia adelante cuando se trata de ella —le dio un pequeño beso en la frente y aflojó el abrazo.—No sé si vale la pena, no pienso en esto como una apuesta en la que tengo algo que perder, querida, simplemente me gusta. Me atrae — << Quiero tirármela hasta aburrirme de ella >> —Y actúo en consecuencia. Además, estoy prometido contigo y hasta que no nos liberemos de ese acuerdo, sería inútil atarme a otra persona —la muchacha se dio media vuelta hasta quedar frente a él y lo miró a los ojos. El calor de la hoguera le había encendida las mejillas —No digas tonterías, Dolly. ¿Qué es exactamente lo que te preocupa? —subió una de sus manos para afirmarle  levemente el mentón. Estaba hablando más de lo común, haciendo preguntas extrañas. Le sorprendía un poco escucharla hablar así, a ella, la serpiente venenosa de Slytherin —Todo cambia, Sienna. Nada, nunca, permanece igual —desconocía que pensamientos cruzaban por la mente de su mejor amiga o a que porque debería prometerlo que no habría cambios. Quizás en ese momento, cerca de la chimenea y con la nieve cayendo por fuera del castillo, se sintieran acogidos por la atemporalidad. Pero lo cierto es que nada era inamovible; ni siquiera el hecho de que Sienna estuviese en sus brazos. —No puedo prometerte nada —se inclinó hacia ella y le dio un beso en el puente de la nariz. En la frente. En los pómulos y en el mentón. —Quisiera que nos quedemos aquí para siempre —lo dijo en un pequeño susurro mientras acunaba el rostro de su prometida entre sus manos. —Pero no podemos.


Última edición por Blaine A. Zabini el Mar Mar 15, 2016 4:42 am, editado 1 vez
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Mensaje hechizo realizado el Dom Mar 13, 2016 8:44 am

Arrugó  la nariz como si fuese una cría de cinco años a quien le habían quitado una paleta de caramelo. En parte se sentía así, como si la única certeza que deseaba tener se la hubiesen arrebatado de las manos. ”Ojalá fuese sólo un caramelo”. Tenía aun el ceño fruncido cuando comenzó a hablar —  Podrías haberme mentido. ¿Nadie te ha hablado las mentiras blancas? —  murmuró sin apartar el rostro de las manos de su mejor amigo. Blaine era brutalmente sincero y eso le agradaba, sin embargo, en esa ocasión lo último que Sienna necesitaba era escuchar verdades. Bajó la mirada unos segundos, intentando que su ojos no reflejaran más de la cuenta —  Necesito que me mientas en esto — y esta vez su tono era serio, ido. Lo había repasado muchas veces en sus cabezas. Cada decisión que tomara en adelante la alejaría de Blaine, pues cada alternativa sólo era paso más en otra dirección, una diferente. ¿Y él?, él también seguiría su propio camino tarde o temprano.

No supo cuánto tiempo transcurrió en silencio, con la mirada gacha y la expresión perdida. Un suspiro prologando fue lo que quebró el hielo, o quizás lo que apagó el fuego. Volvió a juntarse con los ojos marrones de Blaine y elevó ligeramente los hombros — Debe ser la nostalgia de las últimas navidades, no me hagas caso.  —  ”¿Las últimas?”. La sola idea la hacía sentirse intranquila, como si el estómago se le revolviera ante la imagen de un día en que su mejor amigo ya no estuviera más. Sacudió la cabeza con delicadeza y apartó las manos de Blaine de su rostro —  Pero de todas formas, si es que no puedes asegurar que te quedarás siempre a mí lado. Creo que entonces sí que prefiero el huevo de dragón del traficante  —  bromeó para relajar el ambiente, para quitarle gravedad al peso del aire.

La distancia le sentaba incómoda, innecesaria, por lo que no tardó el volver a acortarla. Sus brazos se aferraron al contorno de Blaine, aprisionándolo —  ¿Y cómo es eso  de que no tengo corazón?. Claro que lo tengo, aunque no parezca. Si no, ¿Cómo crees que podría soportarte tanto?.—  la pregunta era retórica y cargada de sarcasmo. La respuesta era obvia; Adoraba a su prometido de una forma difícil de explicar. Alzó una ceja en forma desafiante antes estirar el comentario —  Tus encantos no funcionan conmigo, Zabini, así que tu asombrosa personalidad no basta para querer tenerte cerca.  — . Y a pesar de todo, sabía que la verdad distaba mucho de aquellas palabras. Blaine la había tenido prácticamente hechizada desde los tres años, cuando ambos formaron aquella conexión que Sienna creía indestructible. Se inclinó en la punta de sus pies para alcanzar el mentón de su mejor amigo, donde depositó un fugitivo beso antes de volver a bajar.

La puerta de la biblioteca se abrió antes siquiera de poder entablar otro tema de conversación. Lo agradeció, pues al único tema que quedaba por volver era al de Cordelia y le alcanzaba con saber que la rubia no era tan importante como para hacerlo pensar en una vida juntos. ”Deja de preguntar o te vas a escuchar más de lo que quieres oír”. Prefería dejar a su imaginación en paz por lo que quedaba de día.  Pero a pesar de lo agradecida que estaba por la interrupción, hubiese preferido ver el rostro de Leaforth por el portal antes que aquel chico de cabello castaño y ojos claros.  Se apartó apenas un par de centímetros de Blaine.

—  No se avergüencen por mí, continúen. Nada más vengo a buscar el corbatín que dejé en el escritorio. — se anunció Razdan al entrar, cargando sus palabras con una fingida inocencia. Cubrió sus ojos con un brazo mientras rebozaba una sonrisa llena de malicia. La búsqueda del corbatín la llevó a cabo con la mayor lentitud que pudo, pero no tardó en volver a cruzar el marco de la puerta. Antes de irse, miró una vez más a Sienna y a Blaine con un semblante burlón  —  Aunque creo que Lyarra estaría encantada de verlos tomarse tan enserio el compromiso. Lo llevan casi con naturalidad —   murmuró antes de desaparecer, cerrando la puerta detrás de él. Lo último que se escuchó del hijo mayor de Rabastan fue un  “Cuidado con mi hermana, Zabini”, cuando ya iba por el corredor.

La intervención fue corta, pero logró sacarle una sonrisa. Negó con la cabeza, como si estuviera acostumbrada a ese tipo de actitudes por parte de su hermano — Tu amigo es un tonto — .  En ese minuto se preguntó si Razdan sabría lo de Blaine con Cordelía. Sin embargo, la idea de que él supiera demasiados detalles desagradables le hacían desistir de la idea de preguntarle. ¿Por qué le daba tantas vueltas tema en su cabeza?, ¿No debía estar más preocupada de sus propios asuntos?. La frustración se le dibujó en el rostro. ”Recuerda que no va a resultar”. Volvió a arrugar la nariz, tenía cinco años otra vez.
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Mensaje hechizo realizado el Lun Mar 14, 2016 4:19 am

Mi padre habla mucho de las mentiras blancas, querida —dijo él, mientras su semblante se volvía sombrío —Dice que mi madres es una. — << Y no deja de enfatizar lo peligrosas que son >> —Yo, personalmente, no le miento a mi mejor mejor amiga y tampoco la veo como una persona débil y cobarde que necesita mentiras para auto-engañarse — Incluso cuando la última frase estuviera cargada de hipocresía –porque Blaine acudía muchas veces a ese mecanismo para defenderse de sus terrores – no le pintaría un mundo de fantasía a su prometida. Ignoraba el motivo de su preocupación, el porqué de su mirada esquiva, de sus suspiros y de las extrañas preguntas. Sienna no solía actuar así, excepto cuando tenía una razón de peso — ¿Hay algo que quieras decirme, Dolly? —le preguntó mientras la cogía del mentón suavidad y la obligaba a mirarlo a los ojos. Sus miradas entraron en contacto por un par de segundos. — ¿Las nostalgias de las últimas navidades? —Sonrió una vez más —Vamos, te conozco más que eso.


Blaine desvió la vista hacia la ventana por un momento. La nevisca seguía azotando el jardín de los Lestrange; parecía nunca tener fin. Le resultaba un poco incómodo tal nivel de intimidad. Su prometida y él eran mejores amigos desde que tenía tres años, y sin embargo, no solían hablar de sentimientos. Ni entre ellos ni con nadie más. Los habían educado con la idea de que exponer sus pensamientos más profundos era una descortesía y una falta respeto. En el caso de Blaine, además, un pecado que te condenaba. Pero si tuviera que elegir a una persona con la que exponerse en carne viva, esa sería Sienna. Volvió a clavar sus ojos en el rostro apesadumbrado de la Slytherin. Sus manos se desprendieron del cuerpo de Sienna, y cuando iba a alejarse, ella lo rodeó con sus brazos.

Tendrás que conformarte conmigo, con mi asombrosa personalidad y con mis encantos o buscarte otro mejor amigo… —bromeó él, algo aliviado, cuando la conversación perdió profundidad y volvió hacia la superficie —Pero sé que no podrás. Me quieres locamente, querida, a pesar de que finjas ser dura — << Cómo yo a ti >> Ella había sido la constante de su vida, la única persona que lo conoció cuando tenía apagada la voz, cuando no podía dormir una noche sin que le asolarán las pesadillas. —Te mueres por mí igual que todas —cerró los ojos cuando sintió los labios de su prometida sobre el mentón. —Joder.

Lo sobresaltó la entrada de Razdan a la biblioteca. Suspiró con molestia sin saber porque mientras soltaba un poco el abrazo. ¿Por qué habría dejado su corbatín en aquel salón del Castillo? Razdan, a diferencia del resto de su familia, era más desorganizado y no tenía demasiados modales. Le daban absolutamente igual y le gustaba molestar. Sobretodo cuando se molestaba. Caminó con total parsimonia, como si no tuviera ningún apuro, hasta encontrar su prenda. Antes de irse, soltó un par de frases punzantes se largó. << No me hablará en un par de días >>

Es tonto y muy sobreprotector de su hermanita —le aclaró luego de que Razdan cerrara la puerta. Soltó el abrazo y dio un paso atrás —No me olvido del cabreo épico que tenía cuando nuestros padres anunciaron nuestro compromiso. Me culpaba a mí, casi como si yo le hubiese puesto la varita en la cabeza a Blaise para que pidiera tu mano a Rabastan. Joder, y él me conoce. Sabe lo que pienso al respecto—fue hasta el sillón donde estaban y se sentó —De cualquier manera, estoy seguro de que está enfadado. Dice que no te tomó en serio.


No es que le agradara discutir con Razdan, mejor dicho, las peleas lo malhumoraban. Pero en lo que respectaba a su relación con Sienna, siempre tenían diferencias.

Sería capaz de presentarse a impedir el matrimonio si decidiéramos casarnos — << No entiende que es como mi hermana y que nunca la vería de otra forma >> —No me considera digno para ti —<< ¿Sería verdad? >>
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Mensaje hechizo realizado el Mar Mar 15, 2016 4:35 am

El afloje del abrazo le sentó incómodo y maldijo un par de veces a su hermano en silencio. Todos interpretaban mal la forma en que Blaine y Sienna se relacionaban y quizás eso era lo que había llevado, en parte, a que Rabastan pensara que era la mejor opción comprometerlos. Lo que nadie veía era que, en el fondo, eran como hermanos inseparables. ¿Cómo esperaban que fuera el asunto de otra forma?, habían sido mejores amigos desde los tres años después de todo. Frunció  el ceño con ofuscación por escasos segundos, haciendo que prácticamente el gesto pasara de forma imperceptible. Luego, como si nada, sonrió — Razdan debería saber que todo esto es maquinación de la cabeza de su padre. No entiendo cómo puede pensar que tú tienes algo que ver. Es decir, nunca me has visto como más que una hermana. Soy como Genevieve para ti. —  algo en el asunto le causaba gracia. Su hermano siempre había sido celoso, pero después del compromiso había llegado a rangos sorprendentes. Caminó hasta el sofá y se apoyó en uno de sus costados —Y ciertamente yo ni siquiera puedo imaginarte como más que un her … — ¿De verdad jamás lo había imaginado así?. ”No te mientas tampoco” —  Lo que quiero decir es que no nos vemos de esa forma. Sólo está celoso, hay que dejarlo. —  terminó por decir con un poco de vacilación en sus palabras. Su mirada, de pronto, se estampó en el parqué de madera del suelo.

Había tardado unos minutos en darse cuenta de que volvían a llegar a ese tema. No lo habían tocado desde aquella vez en el puente techado en Hogwarts y ahora volvía a tornar el aire pesado, esta vez en Hungría. Otra razón por la que preocuparse, una que se había obligado a olvidar para no torturarse. Se cruzó los brazos sobre sí misma, cobijándose del frío con un abrazo —  ¿Cómo crees que reaccionarán? — preguntó con un hilo de voz y con tono grave, casi como si no deseara ser escuchada.  Subió la mirada, pero no buscó los ojos marrones de su prometido, sino la ventana que vestía de blanco producto de la nieve —  Ya sabes. Cuando sepan que no nos vamos a casar, que no queremos respetar el compromiso. — . Recuperaba ese semblante serio, no estaba realmente ahí, estaba lejos en otro lugar. No quería tener esa conversación, ¿Por qué diablos no había seguido charlando sobre Cordelia?, ahora se le antojaba un tema mucho más alegre —  No podemos hacernos los tontos, ya no. Cada vez se acerca más el momento de decirles y todo cambiará entonces. ¿No es así?. — . No sabía si su voz se había quebrado, pero le costaba pronunciar las palabras, incluso pensarlas. Por fin se animó a mirarlo, a perderse en su mejor amigo —  En el mejor de los casos respetarán nuestra decisión. ¿Y luego qué?. Tú decides pasar tus navidades en Inglaterra, en la casa de tu siguiente prometida. Y yo aquí en Hungría, tragándome la próxima  mala decisión de mi padre —  ¿Era la única que había pensado en eso?, lo único que sabía a ciencia cierta era que había evitado hacerlo.

No tenía idea de por qué hablaba así, o por qué se había atrevido a mencionar todo el asunto siquiera, pero simplemente lo dejó fluir. Siempre había sido una chica reservada, callada incluso hasta el punto de lo absurdo, pero ahora tenía ganas de gritar hasta que sus pulmones reventaran. Todo salía como si hubiese estado atorado por demasiado tiempo en su garganta. No podía verlo a los ojos, no después de eso. Respiro profundo y cerró los ojos, para luego apartar la vista otra vez —  De cualquier forma, está será la última navidad juntos —  . Extendió la mano para coger nuevamente la manta que habían dejado sobre el sofá, cubriéndose con ella como lo hacía cuando era pequeña. ”Para espantar los demonios”.

Quería llorar, al menos una parte de ella, pero se contuvo. Era mejor pensar en los obsequios, en el rostro que tendría Blaine al ver el último libro de su autora favorita autografiado. ”Más le vale estar emocionado cuando lo vea, o lo mato”. Por un momento, la silueta de una sonrisa se dibujó en su rostro pálido.
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